Isabel González se bajó del proyecto Adrados por razones políticas, se arrope su huída con lo que se quiera arropar

(14-04-15) Isabel González no va a seguir en el Gobierno de Pozuelo. Ya está confirmado aunque ni la alcaldesa Adrados ni su entorno diga esta boca es mía. Isabel se bajó del proyecto cuando ya estaba en marcha y produjo una importante crisis interna en el PP de Pozuelo. Aún no sé quien la sustituirá. Hoy es el día clave para saberlo porque se agota el tiempo. No va más. No sé si Adrados correrá turno o alguien de Madrid aprovechará el hueco para colocar a un ‘paraca’. Todo puede suceder.
Lo que sí sé es que, en principio y salvo razones políticas, no encuentro argumentos objetivos para su huída. Isabel es amiga personal de Paloma Adrados. Vino a Pozuelo con ella. Tuvo a su cargo la otra concejalía chollo de Pozuelo. Y manejó a su antojo un presupuesto aceptable para los tiempos que corrían a través del Patronato Municipal de Cultura. En el fondo era una privilegiada.
¿Qué le llevó, entonces, a bajarse del tren en marcha y dejar a su amiga Adrados mirando a Cuenca?
No lo sé. Todavía. Pero solo se adivinan razones políticas.
En los pasillos del Ayuntamiento hay versiones para todos los gustos. Versiones que van desde razones personales de todo tipo hasta razones políticas de toda índole. Hay quien piensa que no ha superado la caída política de su hermano, que considera injusta, y se va asqueada de la política y hay quien piensa que no estuvo de acuerdo con el planteamiento político que le propuso Paloma Adrados para la próxima legislatura. Y ambas son posibles. Yo creo en la segunda. Las demás teorías sobre la retirada de apoyos en Madrid, con ceses incluidos, no me las creo. Para nada. Demasiado morbo. Demasiada complicación para que, en la vorágine en la que está sumido el PP de Madrid, alguien se fije en el número cuatro de la lista electoral de una ciudad que no plantea problemas.
Lo que está claro es que Isabel era, sin duda alguna, la concejal más política de todo el equipo de Gobierno y que aspiraba a trabajar en un proyecto político distinto al que ha dejado entrever Paloma Adrados al confeccionar su lista de concejales. Eso es seguro.
Es cierto que González vivió encerrada en su castillo del Complejo MIRA toda la legislatura. Pero, lejos de haberlo hecho para que se olvidasen de ella y la dejasen vivir en paz, lo hizo para observar el panorama político pozuelero y, especialmente, para conocer bien a esta ciudad. Y debo confesar que la terminó conociendo bien. Tanto, que tenía un proyecto político nuevo de ciudad en mente.
¿Se bajó del tren porque vio que era imposible ponerlo en marcha al ver el proyecto de Adrados?
Posiblemente, aunque se arrope su huída con lo que se quiera arropar. Dicen las lenguas de doble filo que hubo un momento en que, incluso, soñó con otras posibilidades políticas personales en Pozuelo. No sé sí sería cierto. Pero los sueños políticos no pasan de ser aspiraciones justas y era normal que Isabel los tuviera sobre un Pozuelo plagado de oportunidades políticas para ella.
González vivía en una contradicción. Por una parte, se sentía orgullosa de su hermano Ignacio y de todo lo que había logrado políticamente y, por otro, se sentía perjudicada por esa misma situación de predominio de su hermano. Isabel es una buena política pero se quejaba de que se la minusvaloraba por ser la hermanísima. Había trabajado muy duro para llegar pero también había y hay mucha gente que pensaba y piensa que toda su carrera se debía a la influencia de su hermano. Son esas cosas raras de la política en España. Se ha abusado tanto del nepotismo que es difícil que alguien de la familia de un político importante pueda destacar por sí mismo. En este caso sucedía. O ella, al menos, se sentía atrapada en esa perniciosa espiral política.
Hablé unas cuantas veces con Isabel. De política y de la vida. La critiqué en bastantes ocasiones y ella aceptó la crítica con fair play. Yo le daba mis razones y ella me contaba sus circunstancias. Nada era tan fácil en la concejalía de Cultura, me decía, como yo creía. Nada era tan fácil en la política de pozuelera, me decía, como yo pensaba.
Ella tenía y tiene, supongo, una idea muy clara de Pozuelo. En ese casón de retiro espiritual del Camino de las Huertas, desde donde lo observaba todo, había construido una idea política de esta ciudad muy atractiva. Una idea política que no tenía nada que ver con la que proyecta Paloma Adrados. Por eso estoy seguro de que, al ver como la relegaba al número 4 de la lista, tras concejales menos políticos que ella y vislumbrando que su etapa en Pozuelo había terminado, decidió dejar el proyecto. Todo ha sido así de fácil.
Hay quien asegura que lo suyo ha sido un acto de soberbia. Hay, en cambio, quien asegura que ha sido un acto de dignidad. No lo sé. Tampoco me importa demasiado. Lo que sí sé es que, sin ella, Paloma ha perdido un puntal político importante. Hubiera sido un buen dos. Incluso, quién sabe, si un buen 1.
El Capitán Possuelo






