El Gobierno de Pozuelo tira por la calle de en medio y plantea unas navidades llenas de tópicos

(17-12-14) Hace unos días, tan solo unos días, hablé de los espectáculos que ha montado el Gobierno de Pozuelo de Alarcón para estas navidades. Acababa de leer la revista ‘Vive Pozuelo’ de diciembre y escribí aquello de que ‘El Gobierno piensa que Pozuelo en Navidad no es una ciudad para viejos’.
Ayer, esa programación navideña anunciada en la revista pública se presentó en público. Me gusta que temas tan importantes se presenten sin pudor. Y no importa que se haga varias veces. Uno de los pilares del márquetin es el machaque y los pozueleros se tienen que enterar de las cosas. Y, como ya comenté también entonces, este año la programación está dedicada a los niños. Hay que entretenerlos.
Dicen que las navidades son para los niños y el Gobierno del Ayuntamiento, con esta programación, tiene piedad de padres y abuelos y se la dedica a lo chicos. Pero, una vez más, adolece de imaginación. Tira por la calle de en medio, se apunta al tópico de la ‘ilusión’ y se refugia en el circo y en la magia. Lo típico. Lo fácil. Diversión para los niños y tostonazo para sus acompañantes.
Yo siento, otra vez, decir que el Gobierno de Pozuelo no se ha esforzado lo más mínimo en ella. No. No se ha esforzado. Su programación navideña es una programación sin imaginación. Es así. No tiene ninguna originalidad. Esta programación podría, perfectamente, ser la de 1997 o. incluso, anterior. No aporta nada a una ciudad que necesita otra cosa. Y menos mal que han decidido meter al circo en los museos y, afortunadamente, este año no viene ninguno a la Ciudad de la Imagen lo que no dejaba de ser una paradoja. Lo más antiguo en la sede de lo más moderno.
El circo está en desuso, señores. Murió. No se renovó y se termino suicidando. Sólo sigue vivo en espectáculos grandiosos como El Circo del Sol y semejantes.
¿Ni siquiera se pensó en traer al Circo del Sol, Isabel? ¿Ni siquiera una de sus compañías menores? Hubiera sido un puntazo. Pozuelo necesita prestigio.
En los circos ya no hay animales salvajes que saltan por un aro de fuego u obedecen a un domador reluciente, ni Payasos Blancos y Listos, vestiditos de Pierrot, que se burlan de los Payasos Augusto, de nariz roja, que son los Tonto. Ni siquiera hay el Segundo Augusto que era el músico. Ya no hay serrín ni magnesio. Ese mundo se esfumó. Se esfumó su romanticismo. Se esfumó su leyenda. Aquella del payaso que reía por fuera pero lloraba por dentro. A los niños les gusta otra cosa. El nuevo circo, el del Sol, es ya para mayores. Y la verdad es que nos hubiera hecho falta.
Y es que la ilusión en estado puro, señora Adrados, va por otros caminos. Y en Pozuelo, más. Pozuelo de Alarcón es otra cosa y necesita otra cosa. Insisto, menos mal que el circo tradicional lo ha metido en salas de exposiciones. Aunque creo que con una exposición sobre circo bastaba. Dos son multitud. Agobio.
A veces, tengo la sensación de que las dos exposiciones están hechas para la nostalgia de los mayores. Dicen que, cuando las madres tienen frío, arropan a los bebés y, cuando tienen calor, los destapan. Importa poco lo que piensen los bebés. Creo que aquí ha pasado algo parecido. Nostalgia de segunda planta del edificio de la Plaza Mayor.
También se les ha ido la mano con la magia. Siete pueblos se han pasado con el tema. Y, aunque son grandes artistas, hasta el jamón termina aburriendo cuando se abusa.
Me gustan, en cambio, los talleres. Es más, yo me había volcado en los talleres para niños y hubiese dejado los grandes recintos para espectáculos de mayores. Los padres y abuelos también merecen atención.
El tema del Roscón y esas acciones tan ‘populares’ me gustan poco. Me recuerdan mi juventud. Me parecen antiguas. La llamada del gañotito es pretérita. E imperfecta.
Otra cosa es la Cabalgata de los Reyes Magos. Me gusta comprobar cómo, cada año, intenta superarse. Espero que este año los Reyes de España y las Infantas nos acompañen de nuevo.






