¿Qué hacía Diego Lozano en el viejo Ayuntamiento durante el acto del Pregón de las Fiestas?


(08-09-14) Estuve en la Plaza del Padre Vallet viendo el Pregón de José Mercé. Como El Capitán ya ha contado, pormenorizadamente, lo que allí pasó, yo haré la Otra Crónica. Es mucho más sugerente.
Y esta otra crónica la empezaré por los invitados que aparecieron en la balconada del viejo Ayuntamiento. Era muy inspirador. Porque allí estaba Narciso de Foxá, el alcalde de Majadahonda. El hombre a una bicicleta pegado, como dicen algunos majariegos, estaba encantado de conocerse. Sonreía, saludaba y se jugaba el tipo sacando medio cuerpo por encima de la barandilla para hacer fotos. Se desconoce si a José Mercé, a Paloma Adrados o a Cristina Cifuentes. Si fuese malo, diría que a Cristina. Aunque sin duda es un mal pensamiento.
También estaba José Ignacio Fernández Rubio, alcalde de Las Rozas. Por su actitud, parecía que no le gustaba lo que veía. Brazos cruzados y gesto serio. De vez en cuando se rascaba la barba. Creo que pensaba en lo que no debería hacer en su pueblo.
Eché de menos a Antonio González Terol, alcalde de Boadilla del Monte. Hay quien dice que Paloma Adrados no se lleva bien con él. Bueno, sí. Su trato es políticamente correcto pero la procesión va por dentro. Dicen. Aunque, en el caso del pregón, Antonio no vino porque ha sido padre, recientemente. Una excusa de una categoría casi vaticana para no estar en la balconada.
Falló, incomprensiblemente, la persona encargada de protocolo porque, en medio de los dos alcaldes invitados, estaba Francisco Caletrio, el jefe de la Policía Municipal de Pozuelo. Y es que no estoy seguro de que ese fuese su lugar protocolario salvo que estuviese allí para que no se pegasen Narciso y José Ignacio. Es igual. El tío estuvo impertérrito. Yo creo que ni parpadeaba.
También estaban algunas concejalas del PP. A la derecha del espectador, como dice El Capitán. Y tengo que decir que estaban muy guapas. Radiantes como novias. Más que concejalas parecían las reinas de las Fiestas.
En el centro, junto a la alcaldesa, estaba ella. Cristina Cifuentes. Delgada. Blanca. Como la mariposa de Lole y Manuel. ‘Parecía una flor de almendro mecida por brisas frescas’. Su semblante era serio. Amable. Con ese gesto que se aprende en primero de política y que vale para todo. Para lo bueno y lo malo.
Además, estaba Diego de Aristegui. Creo que pillando cacho. Hay que salir en todas las fotos posibles a estas alturas de la liga. También estaba Carlos Ulecia, al que llaman ‘¡Cómo no!’. Ulecia Cómo No. Me lo dijo uno de los espectadores que había a mi lado. Debe ser por su afición a figurar.
Y estaban los tres concejales de UPyD. Supongo que más pendientes del cierre en falso de la crisis de su partido que del pregón. Mostraban caras de estar ausentes.
Quienes estaban ausentes eran dos de los cuatro concejales socialistas. Tampoco estaba Maite Pina. No le debe ir la figuración. Ni Gerardo Sampedro. Ni Pablo Rivas. Ni Isabel González. Ni Elena Méndez-Leite. Ni Andrés Calvo Sotelo. Ni Paloma Lorenzo. Ni Cristina Sánchez. Ni Félix Alba. Me extrañó la ausencia de Félix Alba. Tenía entendido que aquella era su gente.
Supongo que no estaban porque no había sitio para todos. Creo que esa es la razón más amable. La más antipática es que el acto les daba vergüenza ajena como a El Capitán Possuelo. Sé de algunos que no les gusta el olor a panceta.
Pablo Gil, por su parte, se asomaba y se escondía. Se le veía tenso. No es fácil asistir al inicio de su sepelio político.
Quien tampoco se asomó, y estaba en el viejo Ayuntamiento, fue Diego Lozano, antiguo Primer Teniente de Alcalde de Pozuelo y mano derecha de Adrados y, ahora, Director del Gabinete del Presidente González. Un tipo que, dicen, manda mucho.
También dicen que, pese al mando que tiene, es de los que piensan que ser alcalde de Pozuelo es más prestigioso y, desde luego, mucho más vistoso que estar a la sombra en la Comunidad.
No sé a qué vino Lozano a Pozuelo. No lo sé. Dicen que a conspirar. No lo creo. El que se fue a Sevilla perdió su silla.
Luego, tomando una cervecita en La Aurora, uno de mis gargantas profundas me dijo, hablando del tema, “Tarant, estás perdiendo facultades. Diego se mueve bien en la conspiración. Es un político puro y ellos nunca se van a Sevilla del todo. Lozano quiere volver a Pozuelo. Pero quiere volver como número uno”.
“¿Y?”, le pregunté yo.
“Piensa”, me contestó. “Lozano es muy listo. Y sabe que, para volver Pozuelo, no basta con mandar mucho en la Comunidad. Necesita aliados en el pueblo. Y los está buscando. Bueno, ya tiene uno”.
“¿Uno o una?”, volví a preguntar. “Dame el titular de mañana, leche”.
Pero ya no me contestó. Me guiño un ojo, me hizo un gesto y se puso a hablar de Vicente del Bosque. Imaginé que no podía seguir porque había moros en la costa.
El caso es que yo me quedé con las ganas de saber si el aliado de Diego Lozano en el Gobierno de Pozuelo era hombre o mujer.
Por los gestos de mi amigo, pensé que tenía que ser una mujer. Seguiré informando.






