Ayuso celebra La Carrera del Agua, como antesala del Día Mundial dedicado a ella (22 de marzo) mientras Tejero no se ha enterado aún de que Pozuelo es la Gran Ciudad del Agua

Mientras la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, participaba ayer en la tradicional Carrera del Agua como antesala del Día Mundial del Agua, que se celebra cada 22 de marzo, la alcaldesa de Pozuelo de Alarcón sigue mirando hacia otro lado ante un patrimonio hidráulico único que define la historia del municipio.
Y lo cierto es que resulta paradójico. Si hay una ciudad debería sentirse especialmente interpelada por esta celebración del agua es precisamente Pozuelo.
Porque hablar de Pozuelo de Alarcón es hablar de agua. O al menos debería serlo. Bajo su territorio discurre una compleja red natural formada por 32 arroyos y más de veinte fuentes que durante siglos configuraron el paisaje, la biodiversidad y la propia identidad del municipio.
Un patrimonio natural e histórico que convierte a Pozuelo, sin exagerar, en una auténtica ciudad del agua.
Sin embargo, esa riqueza permanece hoy en gran medida olvidada, degradada o directamente invisibilizada. Una situación especialmente grave si se tiene en cuenta que el siglo XXI es ya el siglo del agua, el recurso más estratégico y valioso del planeta.
Mientras en muchos lugares se reivindica y protege cada elemento vinculado al agua, en Pozuelo parte de ese legado histórico languidece ante la pasividad institucional.
Uno de los ejemplos más emblemáticos es el conjunto histórico de La Poza, donde se encuentra la tradicional fuente de cuatro caños.
Durante generaciones, los vecinos acudían allí a llenar los cántaros con el agua que abastecía las casas del pueblo. Junto a la fuente se conserva el antiguo lavadero público, un gran pilón de granito al aire libre donde las mujeres lavaban la ropa hasta bien entrados los años sesenta.
Muchas de aquellas lavanderas trabajaban para familias acomodadas de Pozuelo y del cercano Madrid.
La conservación de este espacio no se debe precisamente al impulso municipal, sino al esfuerzo constante de los vecinos y de la Asociación La Poza, que durante años han luchado para evitar su desaparición.
Pero el valor de este enclave del agua no termina ahí. A continuación del lavadero se encuentra una galería subterránea de captación de agua de aproximadamente 450 metros de longitud, con tres chimeneas de ventilación.
Este sistema forma parte del denominado Viaje del Agua, una técnica de captación de aguas subterráneas inventada en Armenia en el siglo IX, difundida posteriormente por el norte de África y que llegó a España de la mano de los musulmanes.
Se trata, por tanto, de un patrimonio hidráulico de enorme valor histórico y etnográfico. De hecho, en 2012 el Área de Catalogación de la Dirección General de Patrimonio Cultural de la Comunidad de Madrid emitió un informe que destacaba la importancia de este conjunto.
Además, ese sistema hidráulico está protegido por la Ley 3/2013 de Patrimonio Histórico de la Comunidad de Madrid como Bien de Interés Patrimonial.
A pesar de ello, el deterioro es evidente. Cada día desaparecen piedras o elementos de la construcción, víctimas del abandono y de la falta de mantenimiento.
La desidia institucional resulta difícil de explicar.
En este contexto, resulta inevitable dirigir la mirada hacia el Ayuntamiento que dirige la alcaldesa Paloma Tejero. Mientras en Madrid se celebran carreras populares para reivindicar la importancia del agua y se promueven iniciativas educativas y ambientales, en Pozuelo parece faltar una estrategia clara para proteger y divulgar uno de sus mayores tesoros históricos.
Incluso, se quiere acabar con un arroyo con la construcción de un Recinto Ferial fastuoso que nadie quiere.
En Pozuelo, donde además se proyectan nuevas urbanizaciones, sería lógico que el Ayuntamiento impulsara medidas básicas para que se conociese la historia hidráulica de su municipio.
Porque conocer la historia del lugar donde se vive es fundamental para sentirse parte de él. Y esa es también una responsabilidad de quienes gobiernan.
Pozuelo de Alarcón es hoy conocido, sobre todo, por ser uno de los municipios con mayor renta de España. Una mentira estadística como la catedral del Burgos. Pero esa identidad que nos machaca debería limitarse. Pozuelo es mucho más: es paisaje, es historia, es cultura… y es, especialmente, agua.
La cuestión es si su Gobierno está dispuesto a recordarlo.
O si la llamada “ciudad del agua” seguirá esperando a que su alcaldesa se dé por enterada.
Porque conocer la historia de un lugar es la mejor forma de sentirse parte de él.
Juan Manuel Sánchez






