“Tres pollas en vinagre”: El desliz del Presidente de la Cámara Alta Pedro Rollán que desata risas y críticas en el Senado y que humaniza al personaje político

En la solemne sesión plenaria del Senado de este martes 18 de noviembre de 2025, Pedro Rollán, presidente de la Cámara Alta y dirigente del PP, vivió un instante que ya forma parte del imaginario político español.
Intentaba poner orden: los senadores charlaban, entraban y salían, y nadie hacía caso de sus reiteradas peticiones de silencio y asiento.
El Senado celebraba, como cada martes, la Sesión de Control al Gobierno con turno de comparecencia de los ministros Bolaños, Marlaska y Torres para responder a las interpelaciones de los partidos de la oposición tras haberse hecho público el último informe de la UCO relacionado con el caso PSOE.
Rollán frustrado, se giró hacia el vicepresidente Javier Maroto y, con el micrófono abierto, soltó claro y rotundo: «Les importa tres pollas en vinagre».
La frase, castiza y contundente, resonó en todo el hemiciclo y quedó grabada para la posteridad. Lo que pretendía ser un comentario en petit comité se convirtió en la banda sonora involuntaria de la jornada, evidenciando el hartazgo del presidente ante la falta de disciplina de sus señorías.
El episodio no ha pasado desapercibido. En cuestión de minutos se convirtió en tendencia y ha generado una oleada de reacciones que oscilan entre la carcajada, la indignación y el “ya estamos otra vez”.
Muchos lo interpretan como la confirmación de lo que gran parte de la ciudadanía piensa: que a la clase política, en su conjunto, le importa bastante poco lo que opinen o sufran los ciudadanos de a pie.
Rollán, que llegó a la presidencia del Senado tras la mayoría absoluta del PP en la Cámara, ha tenido que lidiar en el pasado con polémicas sobre su currículum académico y con críticas por la utilización del reglamento para consolidar el control popular del hemiciclo.
Este desliz verbal añade ahora una nueva capa: la del político “de carne y hueso” que, en un momento de sinceridad cruda, verbaliza lo que muchos creen que sienten la mayoría de quienes ocupan los escaños.
No es la primera vez que un micrófono abierto traiciona a un alto cargo —recordemos el “¡coño!” de Aznar o los murmullos de Rajoy—, pero la expresión de Rollán tiene un sabor especialmente castizo y directo que la hace difícil de olvidar.
Queda por ver si el presidente del Senado pedirá disculpas formales o si optará por dejar que el tiempo y el humor diluyan el incidente.
Lo que nadie discute es que, por un instante, la fachada de protocolo y corrección institucional se resquebrajó y dejó escuchar la voz real de quien dirige una de las dos cámaras legislativas. Y esa voz, con toda su crudeza madrileña, dijo alto y claro lo que muchos piensan que sienten todos: que a los ciudadanos, en el fondo, les importa tres pollas en vinagre.
María Alarcón





