Las plazas de aparcamiento del INNPAR o como el mejor ejemplo del enchufismo municipal del Gran Pozuelo tiene consecuencias cuando la grúa se lleva el coche de la gran Lucía Molares

Lo que pasa en Pozuelo no pasa en ningún sitio y yo ya no sé si llorar o reír…
Hace unos días, me contó un amiguete de esos que se fijan en todo mientras nos tomábamos un café y veíamos pasar la grúa municipal, que últimamente, y dicho sea de paso, trabaja más que el asesor de festejos en verano. Y digo asesor porque el concejal como que no le da un palo al agua…
Resulta que en el aparcamiento del INNPAR, ese edificio tan moderno donde se supone que se innova y se emprende, hay plazas de aparcamiento reservadas… Con su placa oficial de prohibido aparcar y número de plaza y todo. Muy serio todo.
El único detalle sin importancia es que no existe ninguna resolución que justifique esas reservas. Nada, ni acuerdo, ni informe, ni papel que lo respalde. Todo a estilo compadre como lo de la Tasa de Basuras. Pero los aparcamientos ahí están, con sus cartelitos brillantes, como si las hubiera bendecido San Enchufe.
Los vecinos, claro, ya se han quejado alguna que otra vez. Pero nadie les hace caso en el caos municipal. Y es que si aparcas en una de esas plazas, aparece la policía municipal (avisada convenientemente por algún meritorio) y como ellos residen a lado en su cuartelillo llegan rápidamente y llama a la grúa que se lleva el coche al depósito con una eficiencia suiza.
Eso sí, si el que viene es algún invitado de postín, entonces se avisa por WhatsApp y, misteriosamente, nadie llama a nadie. Y, como la policía municipal siempre sale en coche de su comisaría, pues no se fijan en los coches aparcados que no corresponden.
Hasta que el otro día la cosa se torció. Porque uno de los agraciados, el ínclito Jesús Flores (un tipo cuya ascensión municipal ya se estudia en las facultades de políticas de España por su ingeniosa manera de medrar en el Viejo Convento), que ahora maneja los asunto de Régimen Interior y también las plazas de aparcamiento del INNPAR (aunque estén en el exterior), al ver su plaza ocupada, llamó a la policía sin pensárselo dos veces.
-Oiga, soy Flores…
Lógicamente, el coche ”infractor” se fue derechito al depósito. Menudo es él.
Pero…
Pero en Pozuelo siempre hay un pero…
Pero, ay amigo, el problema es que el coche “infractor” que ocupaba la plaza de Flores (qué osadía) era de Lucía Molares, nada menos que la Segunda Teniente de Alcalde y jefa del Área de Economía, Hacienda y Digitalización del Ayuntamiento.
¡Y como es y como se puso la señora!
Vamos, que cuando bajó y no encontró su coche, montó un numerito digno de los Óscar de Pozuelo.
Dice mi amigo que los que estaban cerca todavía no saben si reír o esconderse.
-Que si quién ha sido, que si esto no puede ser, que si aquí va a rodar alguna cabeza.
Nadie sabe nada y todos silbando mientras miraban al cielo, como si las plazas se hubieran reservado solas.
No es fácil estar entre Flores y Molares. Es la alternativa del diablo. Apoyes a quien apoyes es malo.
Yo, que ya me conozco el percal, apuesto a que en pocos días la señora Molares tiene su plaza propia, con nombre, apellidos y quizá hasta moqueta.
Porque en Pozuelo, más que el talento o la digitalización, lo que de verdad se gestiona bien son los enchufes con aparcamiento incluido.
Y, sinceramente, con historias así, me desorino…
Goyito, el de la Poza






