Paloma Tejero y el síndrome del protagonismo permanente o cuando la política municipal se convierte en un escaparate personal basada en aparecer, como sea, en las Redes Sociales

Las redes sociales se han convertido en un escaparate imprescindible de la política.
Hoy, los partidos y sus dirigentes miden su influencia en seguidores, visualizaciones, comentarios y, sobre todo, likes.
Confunden el ruido con la realidad y la popularidad digital con el respaldo ciudadano.
Y no es así.
Las redes pueden amplificar un mensaje, generar simpatías o alimentar polémicas, pero tienen una limitación evidente ya que los “me gusta” no votan.
El gran error de muchas campañas es creer que dominar el espacio digital equivale a conquistar las urnas.
E, insisto, no es así.
En Pozuelo, por ejemplo, la alcaldesa Tejero, no sé si influenciada por su Gabinete de Comunicación o por su propia tontuna, solo vive para las redes sociales.
Y se equivoca de “pe a pa”.
Las redes no crean opinión. Solo son fogonazos. Relámpagos que solo iluminan apenas un segundo.
Pero Tejero las utiliza para informar de su gestión hasta el hastío y convertirlas en su álbum de promoción personal.
Las redes sociales de Paloma Tejero parecen responder a una fórmula invariable…
‘Yo, siempre yo, mis actos, mis encuentros, mis declaraciones, mis fotografías y, al final, yo otra vez’, describiendo a una persona que antepone sus propios intereses y necesidades en cualquier situación para convertirlas en una suerte de diario personal con apariencia institucional en el que la protagonista absoluta es siempre la misma.
Pero una cosa es comunicar la actividad de una alcaldesa y otra muy distinta convertir cada acontecimiento en una oportunidad para alimentar el culto a la propia imagen.
Y gobernar Pozuelo de Alarcón exige mucho más que posar, publicar y recoger aplausos digitales.
Exige discreción, sensibilidad, prudencia y, sobre todo, comprender que la institución está por encima de quien temporalmente la representa.
Y es precisamente en los momentos más delicados cuando se mide la verdadera dimensión de un cargo público…
Dimensión de la que Tejero carece como ha demostrado profusamente.
No sabe estar a la altura de las circunstancias…
Y el último ejemplo nos lo demuestra con su actitud frente a la tragedia ferroviaria de Urda que ha dejado un país conmocionado y numerosas familias destrozadas.
En semejantes circunstancias, pedir respeto, prudencia y discreción es absolutamente razonable y exigible a alguien que representa a todos los vecinos…
No se puede reclamar discreción sobre los fallecidos vinculados a Pozuelo, ejerciéndola primero.
Porque si es la propia alcaldesa quien comunica públicamente que entre las víctimas del accidente viajaban vecinos de nuestro municipio, la contradicción merece, como mínimo, una reflexión.
¿Era necesario hacer pública esa circunstancia?
¿No habría sido más prudente dejar que fueran las propias familias, cuando lo considerasen oportuno, quienes decidieran compartir una información tan dolorosa?
¿O que se encargase la propia prensa de comunicarlo como, de hecho, hizo?
La discreción no puede convertirse en una exigencia dirigida exclusivamente a los demás.
Mucho menos en una tragedia en la que el protagonismo debe pertenecer a quienes sufren, no a quienes ocupan un despacho institucional.
Las redes sociales no son un escenario donde cada acontecimiento deba llevar necesariamente la firma de la alcaldesa.
Y es que, sintiéndolo mucho, esta señora no sabe estar. Ni tiene esa capacidad de comportarse de forma adecuada, educada y coherente con el entorno o la situación en la que te encuentras, sin perder tu propia identidad ni tus valores.
Otro ejemplo reciente nos llegó en la reciente manifestación de las Mujeres Caballas en Madrid, en defensa de Ceuta.
En esa muestra de solidaridad con una ciudad invadida, ofreció otra escena que invito a reflexionar sobre esa permanente necesidad de protagonismo político.
En un acto cargado de reivindicación, preocupación ciudadana y sensibilidad social, la forzada aproximación de Paloma Tejero al presidente de Ceuta Juan Jesús Vivas dejó una imagen y una impresión que, lejos de transmitir la naturalidad institucional que cabría esperar, terminó alimentando su obsesión por la imagen…
No se trata de cuestionar que una alcaldesa acuda a una manifestación ni que salude a otros representantes públicos. Faltaría más.
Se trata de comprender que la política también es saber estar, medir los gestos y entender el contexto.
Y, desde luego, no usar la imagen como campaña electoral personal.
Y solo fue eso.
Dio mucha pena.
Dio la sensación de ser una mendicante de fama.
Y ella es la alcaldesa de Pozuelo de Alarcón.
Y Pozuelo de Alarcón necesita una alcaldesa, no una protagonista permanente
El problema de fondo no es una fotografía concreta, una publicación desafortunada o un comentario aislado.
Es una manera de entender la comunicación política en la que la frontera entre institución y persona parece cada vez más difusa en esta ciudad.
No parece darse cuenta de que el verdadero liderazgo consiste, sencillamente, en saber cuando hay que apartarse del foco.
Porque no toca…
Juan Pozuelo




