Consideraciones sobre la diferencia entre tener actividades infantiles y tener una programación infantil en las Fiestas de la Consolación que el Ayto no sabe o no quiere saber

Las fiestas en honor a la Virgen de la Consolación han llegado a su fin y es el momento de examinar el Programa de Fiestas para continuar reflexionando sobre la idea de que otras fiestas son posibles.
Y lo quiero hacer desde el punto de vista de las actividades infantiles…
Si uno ha leído con atención dicho programa, podrá percatarse de que no importa tanto lo que se hace sino demostrar que se hacen muchas cosas.
Muchas zonas.
Muchos nombres.
Muchas horas.
Muchos días.
Y, sin embargo, al llegar a los niños, la abundancia se vuelve escasez.
El programa nos dice que habrá actividades infantiles. Y las hay. Naturalmente que las hay… Castillos hinchables, ludoteca, juegos recreativos… Todo correcto. Todo conveniente. Todo perfectamente intercambiable con el programa infantil de cualquier fiesta patronal de cualquier localidad.
También está la feria. Los llamados “caharritos”.
Esa gran solución en manos de los feriantes. Se pone una feria ‘mona’, como si de un festival modernito de música se tratara pero allá lejos, en las afueras, y con ello parece que ya está resuelto el problema de la infancia.
Pero una feria no es una política infantil.
No deja de ser lo que es, una feria.
El niño sube, baja, corre, pide otra ficha entre pataletas y llantos, y se vuelve a subir.
Y está bien, es una parte de las fiestas. Pero una ciudad como Pozuelo, que dispone de recursos, instalaciones deportivas y escuelas artísticas puede ofrecer a los chiquillos algo más que una sucesión de atracciones mecánicas.
Y hay una diferencia entre tener actividades infantiles y tener una programación infantil que el Gobierno no ha entendido bien.
La primera consiste en colocar unas cuantas cosas para niños para que nadie pueda decir que no se ha pensado en ellos.
Y la segunda exige preguntarse qué queremos que vivan esos niños y niñas durante las fiestas.
Una en relleno, la otra es filosofía política.
Y ahí es donde el programa se queda corto. Muy corto. El programa usa al niño como nota a pie de página.
La semana pasada decía que los hinchables y las pocas actividades lúdicas de la Plaza del Padre Vallet estaban muy bien. Y lo sigo pensando, porque en esa plaza es donde realmente se celebran las fiestas.
Pero hay, en la programación, pequeños detalles que invitan a detenerse.
Esas actividades infantiles se celebraron un lunes (aunque fuese festivo en Pozuelo) y un miércoles, de 19h a 00h.
¿Son días apropiados teniendo en cuenta que los colegios vuelven y los niños, también?
El viernes volvieron a instalarse los hinchables y la Plaza se llenó de alegría.
El sábado, sin embargo, no hubo actividades infantiles
Y resulta curioso. Las fiestas se prolongan, se estiran otro día más, como quien no acaba de resignarse a que terminen, y precisamente ese sábado, ya sin colegio al día siguiente, no encontramos aquellas actividades que parecían hechas para él.
Mirando con un poco más de detalle la programación, hay algo revelador en la propia estructura del programa.
Los adultos tienen conciertos.
Los jóvenes tienen DJs.
Las peñas tienen charangas.
Los aficionados tienen toros.
Las asociaciones tienen sus actos.
Ya ciudad tiene sus procesiones.
Y los niños tienen… actividades infantiles.
Es casi una categoría administrativa.
Como si la infancia fuera un apartado que hubiera que cumplimentar antes de enviar el programa a imprenta, aunque fuera a medias.
Y así, en un programa que debería invitar a participar, se obliga a quienes organizan la vida de los pequeños (sus padres, sus abuelos, sus familias) a adivinar qué se les ofrece.
Y adivina adivinanza, al menos, en el programa digital de la web institucional del Ayuntamiento aparecen los títulos de la función o el nombre de compañía.
Pero vaya usted a saber e indague, ya si eso, buscando la referencia en Internet, a ver si hay suerte.
El resultado es, en definitiva, una programación infantil bastante previsible. Hay excepciones, y conviene decirlo, como, por ejemplo, los gigantes y cabezudos, con personalidad propia.
El encierro y el toro infantil, aunque pueda no ser del gusto de todos, también forman parte de la tradición local.
Ahí está precisamente la clave.
Cuando las fiestas ofrecen a los niños algo que pertenece a Pozuelo, las fiestas tienen sentido.
Cuando las fiestas se limitan a una feria, podrían celebrarse en cualquier sitio.
Y una ciudad como Pozuelo no debería resignarse a que sus fiestas sean intercambiables
Sirvan estas líneas, de nuevo, para arrojar algo de luz sobre la idea de que otras fiestas son posibles.
Nueve días deberían dar para mucho más que para llenar un calendario.
Sobre todo, pensando en los niños.
Vale.
Crispín





