Ni tan insólito ni tan nuevo ni tanto calentamiento global: El calor en España siempre fue estival y las estadísticas oficiales del Servicio Meteorológico Nacional lo demuestran

Cada llegada del verano parece venir acompañada, en los últimos tiempos, de una narrativa de alarma casi apocalíptica. A juzgar por los titulares diarios, los termómetros estivales parecen haber descubierto este año registros nunca vistos, como si el rigor del sol sobre la península ibérica fuese una anomalía inédita en nuestro calendario. Sin embargo, recurrir a la memoria documental y a la hemeroteca meteorológica basta para devolver la perspectiva y rebajar la histeria colectiva: en España siempre ha hecho calor en verano.
Para comprobarlo no hace falta especular; la estadística oficial habla por sí sola. Un vistazo al cuadro oficial de Temperaturas máximas absolutas anuales elaborado por el Servicio Meteorológico Nacional (dependiente entonces del Ministerio del Aire) para el trienio de 1949, 1950 y 1951 ofrece una fotografía demoledora para el alarmismo de corto recorrido.
Ya a mediados del siglo pasado, en un panorama urbano con infinitamente menos asfalto, tráfico e infraestructuras que el actual, las cifras en los principales observatorios del país alcanzaban cotas sofocantes:
- Sevilla registró en 1949 una máxima absoluta de 46,6 ºC, superando los 43 y 44 grados en los dos años siguientes.
- Badajoz rozó los 45,0 ºC en ese mismo verano de 1949.
- Córdoba (Aeropuerto) alcanzaba los 44,6 ºC en 1949 y no bajaba de los 42,6 ºC en 1950.
- Murcia anotaba 44,1 ºC, mientras que Cáceres llegaba a los 43,1 ºC y Zaragoza a los 42,4 ºC.
- En el centro peninsular, el observatorio de Madrid (Retiro) superaba holgadamente los 40 grados, registrando 40,7 ºC en 1949 y 40,2 ºC en 1951.
Incluso en el norte peninsular, lugares como San Sebastián, Santander o Vigo rozaban o superaban los 36 ºC en aquellas mismas fechas.

El calor abrasador de julio y agosto no es un invento del presente ni una sorpresa de última hora; forma parte intrínseca de la geografía, el clima y la historia de España.
La prudencia y las recomendaciones de sentido común frente a las altas temperaturas son necesarias cada año, pero transformar el verano mediterráneo e interior en un estado permanente de excepción informativa solo genera ansiedad innecesaria.
Recordar de dónde venimos y revisar las series históricas demuestra que la capacidad de adaptación de los españoles al rigor del verano no es de hoy, sino de siempre.






