¿Qué pasó con las famosas ECUs en Pozuelo? El urbanismo de Tejero se ahoga en la burocracia que ella misma eliminó porque, en este Ayto, era muy antiguo en eso de tramitar licencias

Nos ha escrito un lector con solo una simple pregunta:
¿Qué pasó con las famosas ECUs en Pozuelo que tanto vendió la alcaldesa Tejero?
Solo eso. Sin más. Y ciertamente es una simple pregunta pero con un calado político muy importante ya que es clave para entender el fracaso político de la alcaldesa Tejero y sus mariachis…
Y yo, que hoy no tenía nada mejor que hacer, he decidido contestarle mediante este artículo…
Y es que Paloma Tejero hizo del urbanismo el pilar central de su campaña electoral en Pozuelo de Alarcón tras cargarse la Gerencia de Urbanismo. Y su gran promesa estrella (de la que se jactó hasta el absurdo) fue el punto 120 de su programa electoral.

(Ay de la colaboración público-privada cuando no se entiende bien de qué se trata)
Y nos vendió ese punto 120 como una de sus modernidades transformadoras. Iba a poner en marcha las Oficinas de Tramitación de Licencias a través de Entidades Colaboradoras Urbanísticas (ECUs).
Al parecer, era la leche en bote. No sabíamos nada. Éramos unos pardillos.
Se trataba de un sistema de colaboración público-privada amparado en la Ley Ómnibus de la Comunidad de Madrid que prometía reducir los plazos de concesión a solo tres meses con un único requerimiento.
La modernidad llegaba al Gran Pozuelo de Alarcón
El Pleno aprobó la ordenanza reguladora en junio de 2024 y se nos vendió que seríamos los primeros tras la capital en disfrutar de este avance. El futuro ya estaba aquí. O eso nos dijeron.
Era otro farol político de primer orden…
La realidad a principios de 2025 ya era demoledora. Algo pasaba porque ni una sola ECU funcionando, ni expectativas de que las hubiera nunca.
Un fiasco político monumental atascado por la falta de información y la mucha tontería pija de su equipo. Nadie se había enterado que no había un listado de precios públicos que permitiera operar a las empresas homologadas. Y el Urbanismo que iba a ser la pera limonera de la legislatura se chafó…
Ni siquiera sabían qué prometieron…
Al primer tapón, zurrapas.
Y una Tejero perdida, en lugar de rectificar, optó por reunir a los promotores para seguir vendiendo humo… Era la legislatura del Urbanismo y no se resignaba…
Pero el verdadero síntoma de que el “invento” de las ECUs ha quedado en vía muerta apareció en el Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid (BOCM). Mientras el equipo de Gobierno mantenía el relato de la externalización y la panacea privada, de puertas para adentro la maquinaria municipal tenía que volver a la receta de siempre que era reconstruir el departamento de licencias…
Y en julio de 2025, el Consistorio convocó de urgencia una plaza de Jefe de Departamento de Licencias y Rehabilitación Urbana (Nivel 26). Lejos de delegar las competencias en la empresa privada, el Ayuntamiento buscaba desesperadamente un funcionario de carrera para coordinar equipos y desatascar expedientes complejos bajo la Ley de Suelo.

Y mientras lo encontraba, aprobaba licencias por declaraciones responsables…
No tenían más remedio para no batir el récord de Quislant y pasar a ser el Ayuntamiento más tardón de España. Con aquella olvidable fuimos los segundos de España.
Y la confirmación del giro de timón ha llegado en abril de 2026. Al ver que con un solo departamento no bastaba, han tenido que convocar otra plaza más, esta vez la de Jefe de Sección de Licencias de Obras (Nivel 24).

Dos puestos directivos distintos en menos de un año dedicados en exclusiva a tramitar, inspeccionar e informar sobre licencias de manera interna.
¿No íbamos a dejarlo todo en manos de oficinas privadas voluntarias para agilizar los plazos?
Este blindaje de los servicios técnicos municipales es la admisión velada de que el gran proyecto electoral ha fracasado.
En fin, amigo lector, las Entidades Colaboradoras Urbanísticas (ECUs) no están ni se las espera, y al final han tenido que ser los funcionarios públicos quienes salven los muebles del urbanismo local.
Aquel farol se lo llevó el viento.
O, mejor, lo apagó.
Manolo Pérez





