Mientras Tejero se vanagloria del estreno de 17 pasos de peatones inteligentes, se olvida de los innumerables resaltes que tanto dañan a tantos vecinos con problemas de salud y movilidad

Estimado Capitán:
La alcaldesa de Paloma Tejero ha celebrado, hace unos días y gran alharaca, la instalación de 17 nuevos pasos de peatones inteligentes en distintos puntos de Pozuelo de Alarcón.
Y, ciertamente, toda medida que mejore la seguridad vial merece reconocimiento. Estos nuevos sistemas luminosos, capaces de detectar peatones y advertir a los conductores mediante tecnología LED, son modernos, visibles y probablemente eficaces para reducir atropellos. Pero…
Pero, como usted dice, en Pozuelo siempre hay un pero…
Pero el problema es que, mientras la señora Tejero presume de innovación, muchos vecinos continúanos soportando otra realidad bastante menos inteligente y, sin embargo, más dolorosa como es la proliferación descontrolada de resaltes en las calles del municipio.
Y no solo es mi queja. El malestar vecinal es cada vez más extendido. Parece que los hacen aposta.
Mi mujer y yo somos dos vecinos, ambos de edad avanzada (mi mujer con graves problemas de salud y movilidad), que necesitamos desplazarnos en coche a diario para dar pequeños paseos por un suelo lo más llano posible que nos ayude a prevenir nuevas fracturas y caídas derivadas de problemas de movilidad.
No lo hacemos por gusto sino por necesidad.
Lo que pasa es que en nuestro trayecto rutinario hasta un parque contamos veinte resaltes.
Cuarenta sumando la vuelta.
Cuarenta obstáculos para recorrer apenas un par o tres de kilómetros.
Y no hablo de una molestia menor. Muchos de esos badenes (especialmente en vías como Avenida de España, Pablo VI, Juan XXIII o Camino de las Huertas) resultan incómodos incluso circulando en primera velocidad y de manera lentísima.
La mayoría de ellos presentan pendientes tan pronunciadas que convierten cualquier desplazamiento en un castigo físico para personas mayores, conductores con problemas de espalda o pasajeros con dolencias articulares.
Y, claro, la contradicción gubernativa resulta evidente.
Si el Ayuntamiento invierte importantes cantidades en pasos de peatones inteligentes, señales luminosas y sistemas tecnológicos de advertencia, ¿qué sentido tiene seguir saturando las calles con decenas de resaltes?
¿De verdad es necesario duplicar constantemente las medidas de calmado de tráfico hasta extremos que rozan lo exagerado en esos resaltes brutales?
Nadie discute la importancia de prevenir accidentes. Pero prevenir no debería equivaler a incomodar sistemáticamente a otros miles de vecinos. Y mucho menos a quienes precisamente merecen más atención institucional como son los mayores, personas con movilidad reducida o ciudadanos con problemas de salud.
No es la primera vez que desde distintos sectores de Pozuelo denunciamos cierta desconexión de la alcaldesa con las molestias cotidianas que sufren muchos vecinos. Especialmente, los mayores, que somos muchos.
Hace unos meses ya leí, en su periódico, que hubo críticas por el mal estado de los displays de los parquímetros, especialmente perjudicial para esas personas mayores.
Ahora, la queja vuelve a surgir con esos malditos (mil veces malditos) resaltes.
Porque una ciudad moderna no se mide solo por la tecnología que instala sino también por el sentido común con el que gestiona el espacio público para mejorar la vida.
Y quizá ahí esté el verdadero problema cuando se convierte la seguridad vial en una carrera de obstáculos. No parece la forma más inteligente de cuidar a los vecinos.
Y nosotros, pese al sufrimiento, también pagamos nuestros impuestos.
Y como no creo que la alcaldesa me haga caso, permítame un alivio para terminar…
Espero que la señora Tejero no se presente a las próximas elecciones.
Y, si lo hace, que pierda esa mayoría absoluta que utiliza para justificar sus cacicadas.
Y no le deseo que el diablo la confunda porque está claro que ella sola ya se ha confundido.
Juan Pozuelo






