Fin de una estúpida quimera: El jaque judicial a la utopía faraónica de la alcaldesa Tejero acaba con la legislatura y pone en peligro el resultado electoral hegemónico eterno del PP en Pozuelo

La decisión del juez de parar, cautelarmente, el proyecto del Recinto Ferial, Palacio de Congresos y Hotel que la alcaldesa Paloma Tejero iba a construir no es un simple paso procesal, es el acta de defunción política de un modelo de gestión que ha pecado de soberbia.
Esta decisión cautelar significa que la Justicia no solo ha escuchado el clamor de los vecinos afectados (a través de POZCAVIR) sino que ha devuelto al Ayuntamiento de Pozuelo de Alarcón a una realidad de la que su alcaldesa Paloma Tejero parecía haber huido.
Se acabó la legislatura.
Era una locura. La alcaldesa demostraba que no conocía esta ciudad y lo peor era que había entrado en tierra de lobos que le iban a sacar los “higadillos” al Ayuntamiento de Pozuelo porque ella jugaba con dinero de los vecinos. Dinero en el que la alcaldesa no había puesto ni un solo céntimo ya que ni siquiera vive en esta ciudad. Pero le perdió la soberbia. No supo ver que, cuando los dioses quieren castigar a los hombres los vuelven soberbios…
Tejero cimentó la legislatura en una premisa arriesgada que, para muchos, carecía de lógica. Un proyecto de dimensiones faraónicas en el entorno del Arroyo de las Platas, cerca de la Avenida de Europa.
Un proyecto que intentó vender como una modernización necesaria de las infraestructuras. Pero una parte sustancial de la ciudadanía lo entendió como una agresión urbanística irreversible.
Y esa agresión movilizó a 7.000 vecinos de su propio nicho electoral. Era todo una locura. Y, claro, el conflicto trascendió lo técnico para convertirse en una enmienda política a la totalidad de su gestión.
Era de cajón de madera de pino. Como la de los ataúdes.
Y la movilización vecinal no fue un hecho aislado, al que ella y sus asesores despreciaron, sino que fue el reflejo de una preocupación profunda por un modelo de ciudad que priorizaba el gasto temerario frente a la conservación del entorno y la calidad de vida que define a Pozuelo.
Nunca se quiso dar cuenta de que todo empezó mal y estaba condenado a morir.
Empezó malamente desde que colegio de arquitectos denunció que el proyecto estaba mal redactado. Pero poco después (y sin explicaciones) el presidente de ese colegio, sospechosamente, presidía el jurado. Un jurado que no hizo pública el acta que justificaba la elección del proyecto ganador y que, curiosamente, era el de un estudio de arquitectura pozuelero.
Después, vinieron las promesas de los constructores que le descubrían la pólvora a la alcaldesa. Y todo con una oscuridad de boca de lobo…
El desatino llegó a su clímax con la tercera modificación del Presupuesto 2026 del Ayuntamiento que ascendía, por arte del birlibirloque y sin ninguna pega de la Intervención, a 207 millones de euros…
En el Correo de Pozuelo lo hemos ido contando todas estas locuras pero dio igual…
Ahora, la decisión judicial de considerar medidas cautelares ha llegado para poner orden allí donde la política de una mayoría absoluta ensoberbecida no quiso razonar.
Es cierto que la alcaldesa, quizá temiéndose lo peor o siguiendo instrucciones directas de Madrid ante el riesgo de un desastre electoral, ya había descontado esta medida cautelar de parar la obra y había ensayado una retirada estratégica de comunicación infantiloide, como si los vecinos fuésemos tolilis…
Sin embargo, yo creo que ya era tarde. El daño político ya era estructural. Y la legislatura ahora se ha desplomado porque su base era, precisamente, esa locura faraónica que ya yace en los tribunales.
La política es, ante todo, una gestión de expectativas y confianza y ahora viene un tramo de curvas…
Y vienen curvas porque, si el Partido Popular de Madrid decide renovar su apuesta por Paloma Tejero como candidata para 2027, la alcaldesa se enfrentará a un vacío argumental difícil de llenar.
¿Qué podrá prometer tras no haber cumplido con la bajada de impuestos apalabrada, haber impuesto la tasa de basuras a lo loco y haber ignorado a miles de vecinos que son, además, su principal nicho de votos en zonas como la Avenida de Europa o Humera, por poner dos ejemplos?
¿Cuántos concejales le pueden costar al PP estas tres o cuatro medidas antipolíticas que ha ido tomando?
Termino, la admisión del recurso de POZCAVIR y la aplicación de las medidas cautelares del juez marcan ya un punto de inflexión complicado para el PP regional y pozuelero. Esa es la verdad aunque no quieran verlo.
Además, rectificar en política, a estas alturas de la legislatura, no será sencillo. Y sobre todo cuando se ha hecho gala de una soberbia como la que el Gobierno demostró en el último Pleno de abril.
Podían haber dicho, a preguntas de la Oposición, que todo quedaba en manos de la Justicia pero (ay, la mayoría absoluta) dos de sus concejalas se vinieron arriba y minusvaloraron con su soberbia algo que se veía venir…
Ahora, esa soberbia ha dejado a un Gobierno vencido y ante la necesidad urgente de buscar alternativas que respeten, de una vez por todas, la idiosincrasia de esta ciudad.
Y eso, yo creo, será imposible porque no la conocen.
El Capitán Possuelo






