Durísima crítica política de El Pueblo Existe a Luis Suñer y Juan Ignacio Fernández (El club de los parásitos políticos) que, con su pillaje institucional, desguazan el voto ciudadano

Hay una forma de hacer política que no se basa en las ideas, sino en la pura supervivencia del bolsillo y el ego. Lo que Pozuelo está presenciando tras el fallecimiento de Ángel Hernández Pando (q.e.p.d) no es una sucesión administrativa, es un acto de pillaje institucional.
Luis Suñer Fernández Cela ha decidido recoger un acta de la que huyó en 2023, y no lo hace por vocación de servicio, sino para engrosar las filas del “partido de los renegados” junto a su inseparable camarada, Juan Ignacio.
Una alianza cimentada en el desprecio al votante
Dios los cría y el interés los junta. La entrada de Suñer directamente como concejal no adscrito es el último clavo en el ataúd de la coherencia en el pleno de Pozuelo. No llega solo; llega para hacer piña con Juan Ignacio, ese concejal que ya demostró que las siglas son un pañuelo desechable una vez que se tiene el acta en la mano.
Ambos representan la cara más amarga de la política: la del representante que, tras ser expulsado uno y haber desertado el otro, se aferran al sillón como lapas.
Verlos juntos en el pleno será la imagen de la traición consumada. Son dos “versos sueltos” que solo riman con una palabra: oportunismo. Entre Suñer y Juan Ignacio han montado un chiringuito de no adscritos que es, en la práctica, un fraude electoral masivo.
¿A quién representan? A nadie más que a su propia agenda y a sus intereses cruzados.
Suñer: El tránsfuga de diseño
Lo de Luis Suñer es, si cabe, más sangrante. Entrar en una corporación declarándose “no adscrito” desde el minuto uno, porque ya no pertenece al partido por el que pidió el voto hace tres años, es de una desfachatez que produce náuseas.
Si tuviera un gramo de dignidad o de vergüenza torera, Suñer habría reconocido que ya no pinta nada en esa lista y habría dejado paso a quien sí cree en el proyecto.
Pero claro, la dignidad no paga las facturas, y el sueldo de concejal en Pozuelo es demasiado jugoso como para dejarlo pasar por una nimiedad como la ética.
Prefiere ser el “escudero” de Juan Ignacio en esta aventura de mercenarios políticos antes que ser un ciudadano honrado que respeta la voluntad de las urnas.
El pleno como refugio de náufragos
Pozuelo se va a encontrar con una situación dantesca: un grupo de personas que no fueron votadas para ser independientes decidiendo el futuro del municipio desde la total falta de control democrático. Suñer y Juan Ignacio son hoy los rostros del transfuguismo más cínico.
No son víctimas de ninguna persecución; son verdugos de la confianza que sus antiguos votantes depositaron en ellos.
Se sientan en sus escaños con la superioridad moral de quien cree haber burlado al sistema, pero lo cierto es que caminan por el Ayuntamiento bajo el estigma de la ilegitimidad ética.
Podrán votar mociones y cobrar sus dietas, pero para la historia de Pozuelo, Suñer y Juan Ignacio quedarán retratados como aquellos que prefirieron el asalto al acta antes que el honor de la palabra dada.
En Pozuelo ya sabemos que hay dos tipos de concejales: los que sirven a los ciudadanos y los que, como este “dúo dinámico”, se sirven de ellos para mantener el tren de vida. Qué poca vergüenza.
La metástasis de la política local
Lo que resulta verdaderamente insoportable es el clima de impunidad que estos dos personajes pretenden normalizar. Suñer y Juan Ignacio no solo comparten café y confidencias; comparten un profundo desprecio por las reglas del juego que permiten que una democracia sea digna de tal nombre.
Al verse las caras en la bancada de los no adscritos, no verán a representantes del pueblo, sino a cómplices de un sistema de pillaje de escaños. Es la política convertida en un mercado de abastos, donde el acta se subasta al mejor postor del ego personal.
Pozuelo asiste atónito a este espectáculo de marionetas sin hilos, donde el único hilo que importa es el que une sus intereses con la caja municipal.
Un insulto a la memoria y al sentido común
Es de una crueldad política inaudita que el relevo de un concejal fallecido se convierta en el escenario para esta opereta de baja estofa.
Mientras la institución debería guardar un respeto solemne a la sucesión, Suñer entra con el cuchillo entre los dientes para asegurar su cuota de pantalla junto a su “padrino” Juan Ignacio.
Juntos han convertido el salón de plenos en una sala de espera para náufragos que, lejos de hundirse con sus principios, prefieren saquear el barco mientras todavía flote.
Si la vergüenza tuviera un límite, ambos habrían entregado las actas hace tiempo; pero está claro que para este dúo de supervivientes, la vergüenza es un lujo que no se pueden permitir si quieren seguir viviendo del cuento a costa de todos los vecinos de Pozuelo.
Basta ya de mercenarios. Pozuelo no se merece este “corralito” de concejales que solo se representan a sí mismos y a su insaciable apetito de protagonismo.
Carlos Lázaro, de El Pueblo Existe







Vox en si mismo es una vergüenza y por ente sus politicuchos. Y también es de vergüenza que desde Vox Madrid ni se timen medidas.
Hay is dejan a lo mejorcito de Vix y ex Vox”””” tanto monta monta tanto.
Un chiste de Jaimito.
Esto era una concejala de Vox Pozuelo y su compra qie van a la feria de Sevilla para hacerle las encintradozas con el candidato para Andalucía. No sabemos quién las ha enviado o ha sido para seguir con su Bookk de fotos con políticos. SON DOS MEMES EN LA FERIA. Que lejos llega esta chica……patéticas . Ves al psicólogo estas fatal.
Amargura ver seguir viendo y lo que les quede a este partido en Pozuelo, comenzando por Ignacio y compañía ynseguido de la.mosquita muerta de Ainhoa qie con su soberbia y falta de educación remató el partido. Asique ahora los.pozuelors nos los comemos con patatas y les pagamos el sueldo para que sigan riéndose sin hacer nada.
Fantiches con beneficio y enchufes.Valeb para todo “””lo malo””