El escándalo de Asuntos Urgentes en las Juntas de Gobierno o la triquiñuela de Tejero para ocultar su cuestionable forma de gobierno que convierte lo excepcional en normal y opaco

Hay prácticas administrativas que, siendo legales, resultan preocupantes cuando se convierten en hábito. Es lo que está ocurriendo en el Ayuntamiento de Pozuelo de Alarcón con el uso —y abuso— de los llamados “asuntos urgentes” en las Juntas de Gobierno Local.
Ayer, sin ir más lejos, se aprobaron por urgencia:
-El expediente de contratación de servicio de organización y desarrollo de actividades para la ejecución de programas de la Concejalía de Deportes.
-El contrato de servicio de ayuda a domicilio.
-El expediente de contratación del Concierto de Hermanos Martínez con motivo de las fiestas de Ntra. Sra. del Carmen 2026.
-Y el expediente de contratación de servicio de planificación y ejecución de un programa de ocio e inclusión comunitaria para personas con discapacidad.
De hecho, el Gobierno se ha apresurado en vender que “amplía su servicio municipal de ayuda a domicilio” cuando se ha aprobado de urgencia sin estar en el Orden del día…
Un cachondeo… Han perdido la vergüenza. Ningún tema es urgente.
Ni siquiera se sabe si pasó por la Comisión General de Coordinación.
Y si pasó, ¿por qué no estaba en el Orden del Día?
¿Y si no se pasó es que todo da igual?
Y, aunque muchas veces lo he denunciado, no acabo de entenderlo salvo que sea algo hecho aposta… Para engañar, algo muy propio de este Gobierno… Bueno de los Gobiernos de Pozuelo de las últimas tres legislaturas.
Deben tenerle mucho miedo a El Correo de Pozuelo porque somos el único periódico que hace previa y, en muchas ocasiones (ocho días después) la crónica…
A nadie más le preocupa esto. A nosotros sí porque en las Juntas se decide en qué se gasta el dinero de los contribuyentes… Y eso es sagrado para este periódico…
Los gobiernos creen que el dinero de los contribuyentes es suyo y que pueden usarlo como ellos quieran. Y, mira, no…
Y, según pensaba el legislador, la figura del asunto urgente existe para responder a situaciones excepcionales o asuntos imprevistos que requieren una decisión inmediata y no pueden esperar a ser incluidos en el Orden del Día.
Sin embargo, los datos recientes invitan a cuestionar seriamente si ese carácter extraordinario se está respetando. De las últimas 11 Juntas de Gobierno, solo en 2 no se han incorporado asuntos urgentes.
Es decir, en la inmensa mayoría de las sesiones se han aprobado decisiones fuera del cauce ordinario.
Esto no es un detalle menor. El Orden del Día no es un simple formalismo. Es una garantía de transparencia, previsibilidad y control. Permite que los miembros de la Oposición conozcan con antelación los asuntos que se van tratar y, sobre todo, que exista un mínimo de claridad de cara a los vecinos.
Cuando se introducen temas relevantes por la vía de urgencia, ese equilibrio se rompe.
Más preocupante aún es que algunos de estos asuntos no son precisamente menores. Se están aprobando decisiones importantes sin el recorrido previo que exige una gestión rigurosa.
Las especulaciones posibles no son tranquilizadoras. O bien existe un problema de funcionamiento interno (con expedientes que no llegan a tiempo por falta de organización o de diligencia), o bien estamos ante una estrategia deliberada para evitar el debate y la exposición pública de determinados asuntos.
Ninguna de las dos opciones deja en buen lugar a la administración municipal.
Porque si se trata de descoordinación, la responsabilidad es clara: Un Ayuntamiento de la dimensión y los recursos de Pozuelo no puede permitirse una gestión improvisada.
Y si, por el contrario, se trata de una maniobra política, la gravedad es aún mayor. Utilizar la urgencia como atajo para sacar adelante decisiones incómodas o controvertidas supone, en la práctica, una forma de esquivar los controles ordinarios.
En ambos casos, el resultado es el mismo: una merma de la transparencia y una sensación creciente de opacidad.
Los vecinos tienen derecho a saber qué se aprueba, cuándo y por qué. Y tienen derecho a que las decisiones se adopten siguiendo procedimientos claros, no mediante mecanismos excepcionales convertidos en rutina.
Llegados a este punto, la pregunta es inevitable: ¿qué se está intentando aprobar por esta vía? Cuando lo urgente se vuelve sistemático, deja de ser urgente para convertirse en sospechoso.
No es una cuestión menor ni técnica.
Es, de nuevo, una cuestión de confianza.
Y la confianza, una vez erosionada, cuesta mucho recuperarla.
Manolo Pérez






