Pasen y vean las Preguntas de la Oposición y Respuestas del Gobierno del Pleno de marzo para que conozcan qué tipo de políticos juegan con su dinero y del desprecio que les tienen

Vuelvo como vuelve la burra al trigo. Harto, fastidiado y desfondado frente a la tomadura de pelo que se repite cada mes sin que el Gobierno de Pozuelo enmiende un ápice su penosa política de actuar y de concebir la transparencia.
Pero no importa, yo sigo… No tengo nada mejor que hacer que elevar mi protesta para que nuestros lectores, al menos, conozcan con qué tipo de políticos se están jugando sus cuartos y del desprecio que les profesan…
Y hablo tanto de la Oposición que pregunta como del Gobierno que contesta.
Y es que las preguntas escritas de la Oposición en el Pleno del Ayuntamiento del Gran Pozuelo de Alarcón, junto con las respuestas escritas del Gobierno, constituyen, mes a mes, uno de los ejemplos más claros de cómo un mecanismo concebido para el control democrático puede degradarse hasta convertirse en un trámite vacío.
Sobre el papel, deberían ser una herramienta útil al permitir a los grupos de la oposición fiscalizar la acción del Ejecutivo municipal en las cosas sencillas que le preocupan al ciudadano, obtener información precisa y trasladarse los que no pueden preguntar al Gobierno en el Pleno.
En la práctica, sin embargo, su funcionamiento revela justo lo contrario.
Para empezar, uno de sus principales problemas es el tiempo. Cuando una pregunta se formula, lo hace sobre un asunto que está vivo, que preocupa en ese momento concreto.
Pero la respuesta, al llegar semanas después, aterriza en un contexto completamente distinto.
La actualidad ha pasado, el interés se ha diluido y lo que debería ser un instrumento de control se convierte en un documento irrelevante. Política sin tiempo es política sin sentido, y eso es exactamente lo que ocurre aquí. Las respuestas que nacen muertas.
A ello hay que sumar una limitación aún más grave ya que es imposible la réplica. Da igual el contenido de la contestación, da igual que sea incompleta, evasiva o directamente ajena a lo preguntado. No existe mecanismo para exigir aclaraciones, matizar o confrontar la versión del Gobierno.
El proceso se cierra en sí mismo, como un acto litúrgico sin debate real. Pregunta escrita, respuesta escrita y archivo. Fin.
El resultado es un sistema que no interesa a casi nadie. No se difunde, no se pone en valor y apenas trasciende fuera de los circuitos internos. Queda reducido a un ejercicio burocrático que sirve, fundamentalmente, para engordar estadísticas. Preguntas formuladas, respuestas emitidas, actividad simulada. Todo ello encapsulado en documentos que rara vez ven la luz y que, en muchos casos, ni siquiera leen quienes los generan.
Pero hay un elemento adicional que agrava la situación como el tono y el contenido de las respuestas del Gobierno. Lejos de mostrar voluntad de rendir cuentas, muchas de ellas oscilan entre la condescendencia y la autosuficiencia. A menudo se limitan a fórmulas genéricas como “se está trabajando en ello” o a explicaciones que eluden el fondo de la cuestión.
En no pocas ocasiones, además, transmiten una sensación de superioridad que resulta difícil de justificar en una institución pública.
Todo ello configura un escenario decepcionante. No solo porque estas preguntas no sirvan para fiscalizar, sino porque proyectan una imagen de desprecio hacia el propio proceso democrático y, en última instancia, hacia los vecinos.
Se trata, en definitiva, de un mecanismo que ha perdido su función y que, tal y como está planteado, no es más que un simulacro de control político. Un fraude que todos conocen y que, sin embargo, sigue intacto.
Y aquí les dejo unos ejemplos concretos. Son muchos pero para muestra bien vale un botón.

O sea, que la solución la van a traer unos mozalvetes forasteros que han jugado a construir casitas…
Bien, coño, bien.

O sea, que vamos para tres años de legislatura y aún están intentando llegar a acuerdos con Avalmadrid.
Y eso que era un punto importantísimo del programa electoral del PP.

O sea, balones fuera.
Son competencia de las operadoras por el Ayuntamiento de Pozuelo puede ayudar. Como ya se ayudó en otro tiempo. Incluso, con las de alta tensión.
Pero, claro, la señora Picazo no lo sabe.
Vamos que no han hecho nada.

Vaya por Dios. O sea, que en un año han bajado los robos de 63 a 62 según la cocina de Marlaska.
Es para ir a mear al Villa Meona y no echar gota ni gota…
&2 robos solo ha habido en La Estación.

Aquí también es culpa de la compañía eléctrica pero el Gobierno de Pozuelo se llama Andanas…
No es su problema.
Debe ser cosa de la nueva política…
Es que te tienes que reír…
Poco nos pasa.
Pero la culpa también es de la Oposición que se queda callada oliendo a muerta…
Manolo Pérez
NdR:
Por si alguien quiere consultarlas todas las preguntas de la Oposición (si consigue descifrarlas) y las respuestas del Gobierno (si no teme que se le agríe el carácter) aquí puede leerlas:






