Hay que exhibirla en un museo de Pozuelo: ¿Dónde está la pelotita de tenis que, según Picazo, fue la causa (durante 2 años) de los graves problemas del colegio Asunción de NS?

Solo pasa en el Gran Pozuelo de Alarcón. Solo aquí. La desfachatez del Gobierno, su poca vergüenza a la hora de buscar excusas y su capacidad para burlarse de los vecinos que mantienen la falla son casi infinitas.
Y es que, en el mundo, hay fenómenos inexplicables que desafían la lógica humana… Qué sé yo, las pirámides de Egipto, las líneas de Nazca… a partir de ahora también como fenómeno inexplicable será recogida la misteriosa pelotita de tenis que, según la teniente de alcalde Miriam Picazo, ha sido causa de la causa del mal causado en el colegio público Asunción de Nuestra Señora de Pozuelo.
(Creemos que la señora Picazo se refiere a ese colegio porque, como no publican la pregunta y la todopoderosa vicealcaldesa de facto no lo mencionan, jugamos a las adivinanzas)
Durante más de dos años, la comunidad educativa del centro, ese mismo que algunos conocemos como el colegio de la calle Tahona, ha convivido con techos que se caen, goteras persistentes y una sensación bastante poco pedagógica de abandono institucional.
Medios como elDiario.es y El Correo de Pozuelo recogieron testimonios, fotografías y denuncias que dibujaban un panorama más cercano a la arqueología húmeda que a un entorno escolar digno.
Pero tranquilos. No era desidia. No era falta de inversión. No era dejación de funciones. El problema era, cómo no lo vimos antes, alcaldesa, una pelota de tenis.
En el Pleno de febrero, a raíz de una pregunta por escrito formulada por la concejala Patricia Cabal (Más Madrid), la explicación oficial por escrito fue tan precisa como reconfortante: una pelota de tenis obstruyó la bajante, justo encima del aula más afectada, provocando una filtración agravada por la nieve y el deshielo súbito de enero. Caso cerrado.
Pasen y vean:

La narrativa es poderosa. Durante dos años, padres y madres alarmados, profesorado preocupado y niños dando clase entre cubos recogegoteras no supieron identificar al auténtico culpable que no era otro que un objeto esférico, amarillo y de goma presurizada.
¿Cómo llegó esa pelotita allí?
¿Quién la lanzó?
¿De tan buen material estaba hecha que no se pudrió en dos años?
Qué injusticia histórica.
Quizá habría que revisar también la teoría de la gravedad, no vaya a ser que todo se deba a un raquetazo mal dirigido y fallón desde el Valle de las Cañas, pero que entró, entró en la bajante.
(“Entró, entró” exclamaba el gran periodista deportivo Juan José Castillo para celebrar un punto, indicando que la pelota había entrado en la cancha de tenis)
La pregunta que ahora sobrevuela Pozuelo no es ya por qué el colegio ha estado en ese estado lamentable sino…
¿Dónde está la pelota?
¿Se ha abierto una comisión de investigación sobre ella?
¿Se le han tomado huellas?
¿Ha sido discretamente archivada en un cajón municipal, lejos del foco mediático, o se ha tirado a la basura?
Es que todo es muy grave..
Propongo, con todo el rigor que la situación merece, que se inicie una campaña ciudadana para rescatarla.
Esa pelota no puede quedar en el anonimato. Es patrimonio material de la ciudad. Debería exponerse en una vitrina climatizada en un Museo de la Ciudad. Cuando lo abran, claro. Junto a una placa conmemorativa:
“Esta pelota fue la causante de dos años de goteras en un colegio público. Gracias por tanto”.
Porque lo verdaderamente admirable no es la existencia de una pelota en una bajante (algo que puede ocurrir en cualquier edificio) sino la capacidad de convertir un problema estructural prolongado en un incidente puntual y extraordinario.
Es la magia del relato administrativo del Gobierno: Si lo reduces a una anécdota, desaparece la responsabilidad. No hubo abandono, hubo tenis con malos jugadores.
Mientras tanto, las familias siguen preguntándose cómo es posible que una infraestructura pública tarde años en ofrecer soluciones definitivas. Pero quizá es que no comprenden la sofisticación del diagnóstico. No todos estamos preparados para entender la complejidad técnica de una pelota rebelde.
Eso sí, algo hemos aprendido: la próxima vez que haya desprendimientos, filtraciones o grietas, no busquen presupuestos ni planes de mantenimiento. Busquen pelotas. Puede que ahí esté la clave de la política municipal de conservación: menos obras, más deporte.
Y, por favor, si alguien la encuentra, que la entregue en el Ayuntamiento.
No sea que vuelva a atacar.
Váyase usted muy lejos, señora Picazo.
Muy lejos.
No se puede ir por la vida de una manera tan sobrada políticamente…
Juan Manuel Sánchez






