El Gobierno desconoce de qué va Pozuelo: Sin tener clara su política, castiga a vecinos con el Palacio de Congresos y abandona a niños pobres del colegio público de la calle Tahona

A veces, algunas veces, este escribidor tiene razón, rememorando lo que decía María Ostiz en aquel inolvidable tema “Canta cigarra”. Llevo años diciendo que en el Gran Pozuelo de Alarcón no es oro todo lo que reluce en las estadísticas. Que es una ciudad de ricos porque en ella viven ricos en sus guetos para ricos pero en la que existen pobres, muy pobres, en sus guetos de pobres y que el Gobierno debería tenerlo en cuenta y no dejarse llevar por el oropel.
Aquí lo hemos denunciado.
Ahora, un periódico nacional nos lo restriega por la cara.
Y es que Pozuelo de Alarcón, esa Federación de Urbanizaciones inconexas que nubla la vista de nuestros gobernantes, no es lo que parece y este reportaje pone contra la pared al Gobierno del contrasentido, del despropósito y del disparate. Porque el gran contrasentido, el despropósito y el disparate es gobernar esta ciudad como si todos sus vecinos vivieran en maravillosas urbanizaciones con piscina… Y no es así.
O Tejero no tiene claro qué ciudad quiere o no sabe qué ciudad tiene. Tal vez porque su Junta de Gobierno está formada por forasteros. Cuatro personas que no son de Pozuelo y que, por tanto, difícilmente pueden tener una visión global de una ciudad compleja, desigual y llena de matices.
Y , claro, gobernar desde el desconocimiento del terreno suele llevar a decisiones desconectadas de la realidad.
Deslumbrados por la apariencia del ranking de renta, se han creído su propio eslogan. Y así, mientras sacan pecho por ser “los más ricos”, se olvidan de que en Pozuelo también hay pobreza, precariedad y abandono. Sí, abandono. Porque mientras se preparan para gastar tropecientos millones de euros en un Recinto Ferial y un Palacio de Congresos que nadie ha pedido y nadie necesita, hay barrios y servicios públicos que se caen literalmente a pedazos.
El Barrio de los Elementos es uno de esos lugares que no salen en los folletos de promoción municipal. Ni siquiera lo conocen. Y menos saben qué hacer con él. Un problemón que, Dios no lo quiera, puede ser una ratonera de dolor y muerte. Y no exagero nada.
Aunque, hoy, el símbolo perfecto del despropósito es el Colegio Asunción de Nuestra Señora, el de la calle Tahona. Un centro público que acoge a niños y niñas de alrededor de 30 nacionalidades distintas, la mayoría hijos e hijas de familias inmigrantes que llega a sumar el 80% de los escolares. Un espacio clave para la integración y la igualdad de oportunidades. O debería serlo.
Pero la realidad es otra: goteras, techos que se caen, sistemas contra incendios que no funcionan (aunque están denunciados hace meses, y unas instalaciones cuya última reforma data de 2018. Todo esto en la ciudad más rica de España.
¿De verdad no hay dinero para arreglar un colegio pero sí para levantar un Palacio de Congresos fantasma?
Es que están gobernando al revés.
¿De verdad no hay dinero después de haber vendido 86 parcelas por 52.438.005,71 millones de euros?
¿Qué está pasando para que ese colegio no se arregle y en cambio se empeñe en hacer un Palacio de Congresos contra la voluntad de los vecinos?
No entiendo nada.
¿Recuerdan el punto 72 del Programa Electoral de Paloma Tejero?
Aquel que prometía una brigada de atención urgente para reparaciones, pintadas y desperfectos. Nos lo vendieron como la gran panacea, como la modernidad hecha mantenimiento.
Incluso hubo nota de prensa anunciando una brigada especial para colegios públicos. Qué ilusión. Qué titulares. Qué poco ha quedado de aquello.
¿Queda alguien en esa brigada o fue un farol, como tantos otros?
Lo mismo es que se han jubilado sus miembros y no que nada…
La realidad, denunciada ya por los medios nacionales, es que el Gobierno ha hecho caso omiso durante años a las reclamaciones del colegio de la calle Tahona. Años, insisto. No es una incidencia puntual. No un retraso administrativo. Años de silencio, mientras el techo se cae y el agua entra.
Este es el verdadero disparate del Gran Pozuelo de Alarcón: una ciudad gobernada para la foto, para el titular y para el evento, pero contra sus propios vecinos.
Un Pozuelo de escaparate, brillante por fuera y lleno de goteras por dentro. Y no solo en los colegios.
Un Gobierno dormido en medio una ciudad que no se mide solo por la renta per cápita sino por cómo cuida a sus vecinos y a quienes más lo necesitan.
Y en eso, por mucho dinero que haya, este Gobierno municipal va claramente en números rojos…
Qué pena, madre, que no despierte.
Juan Manuel Sánchez






