El comisario Antolínez, ahí donde lo ven, es el poder silencioso en el Ayto de Pozuelo. Y la asunción de las competencias de Seguridad de Tejero es la prueba de que lo controla todo

Estimado director:
Abierto, en su periódico, el debate sobre la controvertida figura del comisario de la Policía Municipal Lorenzo Antolínez, quisiera aportar mi visión sobre dicha figura, un tipo mucho más complejo de lo que aparenta y con solo tiene el poder como objetivo.
Repito: Antolínez es un tipo mucho más complejo de lo que aparenta y solo tiene como objetivo el poder.
Ya sé que aparenta lo contrario y que es objeto de bromas y comentarios irónicos. Se equivocan. Es una figura con una capacidad de mando incuestionable, por ladina, dentro de la estructura municipal del Ayuntamiento más allá de antipatías y chascarrillos, y eso le hace presumiblemente muy peligroso, dicho sea en sentido político.
Y es que, aunque no lo parezca por su imagen añeja, estirada y ridícula, su presencia en el funcionamiento cotidiano del Ayuntamiento resulta evidente desde que fue nombrado a principio de la legislatura, aunque siempre sea desde la sombra.
A él le da todo igual mientras que avance en sus objetivos.
Oficialmente, Pozuelo cuenta con un organigrama político y administrativo perfectamente definido con concejalías, jefaturas, coordinaciones y distintos niveles de responsabilidad. Sin embargo, en la práctica diaria, muchos trabajadores del Ayuntamiento perciben una distancia entre esa imagen absurda de Antolínez y su realidad operativa.
Y es que la cuestión relevante no es tanto que exista una figura como él sino el grado de silencio que rodea a esa influencia.
Ese silencio es, quizá, su elemento más llamativo. Rara vez hay explicaciones públicas, debates abiertos o aclaraciones políticas sobre el reparto real de poder en el área de seguridad.
Cuando surgen problemas organizativos o críticas internas, pocas veces se traducen en responsabilidades visibles. Todo continúa, más o menos, como estaba. Y Antolínez sigue ahí.
Y su relación con el actual equipo de gobierno, encabezado por la alcaldesa Paloma Tejero, añade otra capa de interrogantes.
Tejero, en este caso, no es espectadora ingenua sino una protectora activa de un sistema donde Lorenzo manda, decide, dispone y, sobre todo, permanece. Es más, creo que la asunción de las competencias de Seguridad por parte de la alcaldesa está perfectamente definida. Antolínez no quiere intermediarios políticos.
¿Por qué?
Misterio.
¿A cambio de qué?
Pregunta incómoda.
¿Con qué devoción se sostiene esa protección cuando todo alrededor chirría?
Silencio administrativo, de nuevo.
Y es que lo verdaderamente fascinante es la unanimidad del silencio. Los concejales callan. Los otros departamentos callan. Los técnicos miran al techo. Y cuando algo sale mal (que suele) nadie es responsable porque nadie se atreve a tocar la pieza central.
Y la alcaldesa con él siempre se hace la rubia.
Así, el Ayuntamiento de Pozuelo funciona como una novela de mafias sin pistolas:
– El concejal de Seguridad fue “desactivado” sin cese.
– La estructura policial se deteriora a base de dinero y no hay consecuencias.
– Las decisiones se toman sin actas claras y muchas porque él lo dice.
Pero Lorenzo sigue ahí, inamovible, omnipresente, blindado.
Y la alcaldesa, insisto, haciéndose la rubia.
No hace falta ni quiero llamarlo “capo”. En cualquier caso, nunca como insulto. Lo digo porque basta con observar cómo todo el mundo se comporta con él como si lo fuera.
La alcaldesa, mientras tanto, sonríe en sus actos habituales, habla de normalidad institucional y defiende una gestión que solo se explica desde la fe o desde una lealtad inexplicable.
Porque proteger a alguien cuando todo funciona es fácil. Protegerlo cuando todo está desordenado, cuestionado y opaco ya es otra cosa.
Eso no es confianza, eso es dependencia.
¿Debe algo Tejero a Lorenzo?
¿Por qué le debe silencio, estabilidad, control o, simplemente, se trata de que nada estalle antes de las elecciones?
No lo sabemos. Lo que sí sabemos es que cuando una ciudad entera calla ante el desorden, no es por respeto sino por miedo a quien la administra.
Y así seguimos. Un Ayuntamiento donde nadie manda oficialmente, donde todos obedecen extraoficialmente y el único ascenso pendiente es el que aún no se ha anunciado.
Y es que Lorenzo Antolínez está a pocos meses de jubilarse pero no se irá. Se irá de la Policía Municipal pero no del Ayuntamiento de Pozuelo…
¿Quedará como Director General?
Huele a Director General.
Él aspira a ello. Le gusta la política y se considera preparado para ella.
Sabe que no puede ser concejal, aunque todo se andará de cara a la próxima legislatura.
Le gusta mandar.
En cualquier caso, se quedará. Estoy seguro.
El sabe que el poder se ejerce.
Y no necesita votos.
Juan Pozuelo






