El Gobierno de Pozuelo reaccionó tarde ante la nevada de ayer y dando la sensación de que no sabía qué hacer: Empezó a informar (en nota de prensa y RRSS) cuando ya había salido el sol

Yo sé que ayer, con la nevada, la mañana se complicó. Para todo el mundo. Pero más, supongo, para el Gobierno de Pozuelo. No por nada especial pero, posiblemente, porque a las que mandan les pilló viniendo a Pozuelo y el comisario de la Policía Municipal tiene menos iniciativa que un gato de escayola.
Hago esta suposición porque, entre los vecinos, hay la sensación de que reaccionaron tarde y sería bueno que alguien lo explicase. Si es posible, claro, aunque lo dudo.
Y lo digo porque no es una cuestión menor ni caprichosa tras la experiencia que sufrimos con la nevada de Filomena. Y al principio, la tormenta Kristi apuntaba maneras.
Y esta sensación de que iban tarde surge de los hechos, de los horarios y, sobre todo, de las llamadas de vecinos que no sabían muy bien a quién acudir cuando la nieve les complicaba usar el coche.
Según la información oficial, el Gobierno de Pozuelo de Alarcón activó su Plan de Inclemencias Invernales 2025-2026 “tan pronto como” el 112 de la Comunidad de Madrid declaró el nivel 1 de alerta a las 8:20 horas. Sobre el papel, la reacción parece diligente. Sin embargo, la comunicación pública de esa activación a los vecinos llegó a los medios de comunicación a las 12:08 horas y las redes sociales del Ayuntamiento, de la Policía Municipal, del SEAPA y de Protección Civil empezaron a informar, incluso, después.
(Es fácil comprobar las horas de los mensajes en X, esos de los que tanto presumen)
Y a esas horas, autoridades mías, ya lucía el sol en buena parte del municipio, curiosamente.
Y es que entre las 8:20 y las 12:08 hay un vacío difícil de ignorar. Es más, varios vecinos denunciaron a El Correo de Pozuelo que, en torno a las 10:00 de la mañana, llamaron a la Policía Municipal para advertir de la situación provocada por la nevada en sus calles… Y la respuesta que recibieron fue, cuanto menos, desconcertante ya que desde la Policía Municipal se les dijo que llamaran al Ayuntamiento, porque eso no era competencia policial. Un escandalazo.
Y, claro, la sensación de descoordinación fue inmediata y las protestas no tardaron en llegar. Algunas bastante insultonas.
(Ay, Comisario Antolínez, nunca debiste cruzar el Arroyo Meaques. Eres un castigo para esta ciudad. No sirves más que para presumir, poner caritas y echarle las culpas a los demás).
Por otra parte, la nota de prensa remitida por el Consistorio era lo esperado y dibujaba un escenario idilico.
En ella se detallaba un amplio despliegue de medios desde “primera hora de la mañana”: Camiones con cuchillas quitanieves, capacidad para esparcir hasta 6.000 kilos de sal por tanda, brigadas municipales, esparcidores manuales, fresadoras, palas y una reserva de 80 toneladas de sal.
También se informaba del cierre preventivo de parques y de la activación del comité de coordinación del Plan Municipal de Emergencias, presidido por la alcaldesa.
¿A qué hora, por cierto, se convocó ese comité de coordinación del Plan Municipal de Emergencias, presidido por la alcaldesa, de la foto de portada?
(Uf… Espero que alguien conteste por su bien político)
Toda la nota de prensa suena contundente. Pero el problema no es tanto el contenido del comunicado como el momento en el que llega. Porque en gestión de emergencias, la percepción ciudadana es casi tan importante como la actuación técnica. Y cuando los vecinos llaman pidiendo ayuda y no obtienen una respuesta clara, algo falla, aunque los camiones estén, en teoría, ya en la calle.
¿Se activó el plan a las 8:20?
Es posible.
¿Fue visible y perceptible para la ciudadanía en ese momento?
Esa es la verdadera pregunta que, de entrada, no tiene respuesta.
La nevada fue breve, sí. Menos mal. Pero suficiente para generar inquietud, desplazamientos complicados y llamadas de auxilio. Y la comunicación institucional, una vez más, llegó cuando lo peor ya había pasado.
No se trata de negar el trabajo de los servicios municipales ni de dramatizar una nevada que no fue histórica. Se trata de reflexionar sobre la coordinación, la claridad de competencias y, sobre todo, la rapidez en informar.
(¿Cómo es posible que no exista un protocolo después de Filomena?)
Y es que, en situaciones así, no basta con actuar. No. Hay que hacerlo notar. Y hacerlo a tiempo. No vale decir que se ha hecho si no lo han visto los vecinos.
Quizá no fue una reacción tardía. Quizá fue un problema de comunicación.
Pero para muchos vecinos, ayer, ambas cosas parecieron exactamente lo mismo.
Juan Manuel Sánchez




