Pozuelo sigue sublevándose contra un Gobierno que no entiende a sus vecinos: Nace la Asoc. PROSOPOAL, contra el ruido de los sopladores, y ya han abierto una cuenta en change.org

El deterioro del día a día en el Gran Pozuelo de Alarcón empieza a ser galopante. Lo que durante años fue una ciudad tranquila, cuidada y orgullosa de su calidad de vida, hoy se enfrenta a un malestar creciente entre sus vecinos.
El cabreo ya no es puntual: empieza a ser general. Y, sinceramente, resulta lógico.
La actual alcaldesa, Paloma Tejero, ha centrado buena parte de su mandato en tapar los desmanes heredados de la anterior alcaldesa, Susana Pérez Quislant.
Esa labor de contención ha tenido consecuencias claras: Un Ayuntamiento sin dinero, subida de tasas para compensar, ausencia de bajadas de impuestos como prometió y un proyecto faraónico que es un auténtico jardín político como el Recinto Ferial y el Palacio de Congresos.
Mientras tanto, el día a día de los vecinos ha quedado relegado a un segundo plano. Y eso, en Pozuelo, no es lo habitual… Ni lo tolerable.
En este contexto ha nacido PROSOPOAL, la Asociación para la PROHIBICIÓN de SOPLADORES en POZUELO DE ALARCÓN. Una iniciativa ciudadana que surge como respuesta directa a uno de los problemas más molestos y persistentes que sufren numerosas calles de la ciudad: El ruido constante e innecesario provocado por las sopladoras de hojas, especialmente las que funcionan con motores de gasolina.
Las zonas más perjudicadas no son pocas ni marginales. Vecinos de la calle Alemania, Berlín, la Avenida de la Comunidad de Madrid, la calle Polonia, el entorno del Instituto Gerardo Diego y buena parte de la Avenida de Europa llevan tiempo denunciando una situación insostenible.
Y hablamos de muchos vecinos, de muchas horas de ruido y de una sensación generalizada de abandono institucional.
Porque el problema no es uno. Son los problemas. Empezando por los electorales próximos.
Las sopladoras de gasolina generan una contaminación acústica extrema, superando con facilidad los 100 decibelios. Un nivel de ruido claramente perjudicial no solo para quienes las manejan sino también para niños, personas mayores, animales y cualquier vecino que intente descansar, trabajar desde casa o simplemente vivir en paz.
A esto se suma la contaminación del aire. Estos aparatos emiten monóxido de carbono, óxidos de nitrógeno y partículas finas altamente nocivas.
Diversos estudios señalan que una sola hora de uso puede contaminar más que un coche durante todo un día. Todo ello, además, levantando polvo, polen, hongos y alérgenos que permanecen suspendidos en el aire, agravando asmas, alergias y otros problemas respiratorios. Un impacto directo en la salud pública.
PROSOPOAL denuncia también el uso de una tecnología obsoleta e innecesaria.
Hoy existen alternativas mucho más limpias, silenciosas y eficaces. Y no es una utopía. Cada vez más ciudades ya han actuado. Lugares como California, Vancouver, Washington D.C. o varios municipios europeos han restringido o prohibido estas máquinas.
El Gran Pozuelo de Alarcón podría (y debería) sumarse a esta tendencia.
La asociación propone métodos sostenibles como rastrillos manuales o sopladoras eléctricas, mucho menos ruidosas y respetuosas con el entorno.
Para ello, PROSOPOAL ya ha abierto una petición en change.org y hace un llamamiento claro: Hay que apoyar un Pozuelo más tranquilo, saludable y sostenible.
Porque cuidar de la ciudad empieza, también, por escuchar a quienes viven en ella.
Y pide a los vecinos que firmen su propuesta en este enlace.
Si se alcanza un número significativo de firmas, la propuesta, me dicen, será llevada al Pleno del Ayuntamiento entre otras medidas de protesta…
Sin duda, la alcaldesa Paloma Tejero y sus forasteras no entendieron de qué iba esta ciudad…
Juan Manuel Sánchez





