Pedro Sánchez, contra el mundo mundial, se permite el lujo de calificar de “error histórico” la decisión de la UE sobre los coches de motores de combustión más allá del año 2035

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha calificado como un “error histórico” la reciente decisión de la Unión Europea de flexibilizar la prohibición de vender coches con motores de combustión más allá del año 2035. Así de fácil. Sánchez contra el mundo mundial.
La medida, impulsada tras intensas presiones de varios Estados miembros y de la industria automovilística, permite la comercialización de vehículos de gasolina y diesel siempre que utilicen combustibles sintéticos o e-fuels considerados neutros en emisiones de CO₂.
Para Sánchez, este giro supone un paso atrás en la lucha contra el cambio climático y envía un mensaje contradictorio tanto a los ciudadanos como a los mercados. “Europa no puede permitirse dudar en un momento clave de la transición ecológica. Retrasar decisiones o abrir excepciones debilita nuestra credibilidad y nuestro liderazgo global”, ha señalado el jefe de nuestro Ejecutivo en declaraciones posteriores a un acto sobre política climática.
Salvo que estuviera en tono mitinero, como suele estar, es un error de aurora boreal.
El acuerdo original, alcanzado en 2022, establecía el fin de la venta de vehículos de combustión en 2035 como uno de los pilares del paquete climático europeo “Fit for 55”, diseñado para reducir las emisiones un 55% antes de 2030. Sin embargo, la oposición de países como Alemania e Italia, preocupados por el impacto en su potente industria automovilística, llevó a la Comisión Europea a aceptar una excepción para los motores que funcionen exclusivamente con combustibles sintéticos.
Desde el Gobierno español se argumenta que esta excepción introduce incertidumbre regulatoria y puede frenar la inversión en tecnologías verdaderamente limpias, como el vehículo eléctrico.
Sánchez subrayó que España ha apostado de forma clara por la electrificación del transporte, apoyada en proyectos industriales vinculados a baterías, energías renovables y nuevas cadenas de valor. “Si Europa duda, otros avanzan. Y en esta carrera, quedarse a medio camino equivale a perder competitividad”, advirtió.
El presidente también cuestionó la viabilidad real de los e-fuels como solución a gran escala. Aunque estos combustibles pueden producirse de forma climáticamente neutra, su coste elevado y su baja eficiencia energética hacen que muchos expertos los consideren una alternativa limitada, más adecuada para sectores difíciles de electrificar, como la aviación o el transporte marítimo.
“No podemos basar el futuro de la movilidad en una tecnología que hoy es cara, escasa y que difícilmente será accesible para la mayoría de los ciudadanos”, añadió Sánchez.
En el ámbito político europeo, las palabras del presidente español evidencian una creciente división entre los países que apuestan por una transición rápida y clara hacia el coche eléctrico y aquellos que buscan proteger a sus industrias tradicionales mediante soluciones intermedias. Para Sánchez, esta falta de consenso estratégico es especialmente peligrosa en un contexto de competencia global con Estados Unidos y China, que están acelerando sus propias políticas industriales verdes.
A pesar de las críticas, el Gobierno español ha reiterado que mantendrá su hoja de ruta nacional hacia la descarbonización del transporte y que no relajará sus objetivos.
“La transición ecológica no es una carga, es una oportunidad económica y social”, concluyó el presidente, dejando claro que, para España, el debate sobre el coche del futuro debería estar ya prácticamente cerrado.
Y es que cuando un tonto coge una linde…
Así nos va.
María Alarcón





