Bildu sigue siendo ETA y Sánchez lo sabe: El homenaje que Otegi le hace a Peixoto, uno de los etarras torturadores y asesinos jóvenes gallegos en el sur de Francia, lo demuestra

El dirigente de ETA José Manuel Pagoaga Gallastegi, conocido como Peixoto, ha fallecido a los 81 años tras una larga enfermedad.
El secretario general de EH Bildu, Arnaldo Otegi, ha decidido rendirle un homenaje público al histórico etarra asesino Peixoto.

Hay homenajes que no son un error, ni un despiste, ni una provocación mal calculada. Son una declaración política en toda regla. El homenaje de Arnaldo Otegi a “Peixoto”, uno de los etarras responsables del secuestro, tortura y asesinato de tres jóvenes gallegos en el sur de Francia, es exactamente eso: una reivindicación consciente de la peor ETA, la que mataba, humillaba y enterraba en cunetas sin arrepentimiento alguno.
Conviene recordar quién fue “Peixoto”. No un activista, no un militante idealista extraviado, sino un terrorista de ETA condenado por su participación en uno de los crímenes más crueles de la banda.
En 1973, tres jóvenes gallegos —trabajadores, sin militancia política, sin más culpa que estar en el lugar equivocado— fueron secuestrados en el sur de Francia. Durante días fueron interrogados, torturados (les cortaron los dedos y le sacaron un ojo con un destornillador)
y finalmente asesinados a sangre fría. ETA los confundió con policías. Cuando descubrieron el error, no los soltaron. Los mataron igual. Porque para ETA la vida humana siempre fue un daño colateral.
Ese es el hombre al que Otegi homenajea. No a una víctima, no a un mediador de paz, no a un arrepentido. A un asesino. Y lo hace sin pedir perdón, sin matices, sin el más mínimo gesto hacia las familias destrozadas que aún hoy cargan con el peso de la barbarie. Lo hace porque puede. Porque Bildu puede. Porque nadie dentro de su mundo considera que haya nada que condenar.
Y aquí está el núcleo del problema: Bildu no es “otra cosa”. Bildu no es “una izquierda abertzale renovada”. Bildu sigue siendo ETA en lo moral, en lo simbólico y en lo político. Cambiaron las pistolas por escaños, pero no el relato. Siguen honrando a los verdugos, blanqueando el terror y despreciando a las víctimas. Cada homenaje, cada pancarta, cada “ongi etorri” lo confirma.
Lo verdaderamente obsceno es que mientras esto ocurre, el Gobierno de España siga sosteniéndose sobre los votos de quienes no condenan estos crímenes. Pedro Sánchez sigue confiando en Bildu. Sigue negociando presupuestos, leyes y mayorías parlamentarias con un partido que homenajea a asesinos. Y lo hace sabiendo exactamente lo que hace. No es ignorancia: es cálculo.
El mensaje que se envía es devastador. A las víctimas del terrorismo se les dice que su dolor es secundario, que la memoria es negociable y que la dignidad democrática puede subastarse si los números cuadran. A los verdugos se les dice que el tiempo lo lava todo, incluso la sangre.
Una democracia decente no homenajea terroristas. Y una democracia sana no depende de quienes los justifican. Mientras Bildu siga celebrando a etarras como “Peixoto”, seguirá siendo lo que siempre fue. Y mientras Sánchez siga apoyándose en ellos, será cómplice político de esa indecencia.
No es pasado. Es presente. Y es una vergüenza.
María Alarcón






