Consideraciones al extraño Presupuesto 2026 del Ayuntamiento de Pozuelo de Alarcón, ese trampantojo contable de Paloma Tejero para ocultar que su legislatura es ya un gran fracaso

Estimado Capitán:
He leído escandalizado el artículo que publicó el viernes sobre el Presupuesto 2026 y la gran mentira que encierra ya que no es de 178,2 millones de euros como vende la alcaldesa sino de 150 millones porque Tejero le suma 28 millones más del Remanente de Tesorería…
Y, sobre esta barbaridad, le envió unas consideraciones por si quiere publicarlas…
Y es que hay trampas que no consisten en mentir sino en contar medias verdades con apariencia de rigor técnico. El Presupuesto 2026 del Ayuntamiento de Pozuelo de Alarcón, impulsado por la alcaldesa Paloma Tejero, pertenece a esa categoría peligrosa: La del engaño presupuestario elegante, el que se presenta como solvencia cuando en realidad es artificio.
Pozuelo de Alarcón no es un municipio pobre ni frágil. Al contrario. Cuenta tradicionalmente con una altísima recaudación por impuestos directos, una base fiscal sólida y unos ingresos patrimoniales que, aunque no siempre recurrentes, permiten una gestión holgada si se actúa con prudencia. Precisamente, por eso, resulta tan grave que el gobierno municipal haya decidido maquillar el equilibrio presupuestario recurriendo al Remanente de Tesorería como si fuera un ingreso ordinario.
Y conviene decirlo sin rodeos: El Remanente de Tesorería no es un ingreso. No nace del ejercicio 2026, no es fruto de la actividad económica del año ni incrementa la capacidad estructural de financiación del Ayuntamiento. Es, simplemente, dinero ahorrado de ejercicios anteriores, generalmente a causa de no haber realizado las inversiones presupuestadas. Y confundir eso con ingresos es una barbaridad económica y política.
Y, desde el punto de vista legal, la maniobra es, como mínimo, discutible. El remanente no puede emplearse para equilibrar el presupuesto inicial como si fuera un recurso ordinario. Su utilización exige, con carácter general, modificaciones presupuestarias posteriores, no su inclusión directa en el estado de ingresos para cuadrar las cuentas desde el minuto uno. Cosa que no hace pero si vende como hecha lo que resulta mucho peor porque es demagogia.
Y, sobre todo, financiar gasto estructural con remanente vulnera el principio de sostenibilidad financiera, aunque se intente cubrir con formalismos administrativos.
Pero si jurídicamente la operación es débil, políticamente es indefendible. Presentar el remanente como ingreso equivale a confundir ahorro con renta y a trasladar a los vecinos una imagen ficticia de fortaleza económica.
Es la técnica clásica del presupuesto complaciente: parece equilibrado, parece expansivo, parece generoso pero se apoya en un dinero que no se regenera.
La pregunta es inevitable:
¿Por qué la alcaldesa de un municipio rico como Pozuelo necesita vender el remanente como ingreso del presupuesto?
La respuesta no es técnica, es política.
Porque piensa aumentar el gasto. Porque quiere consolidar estructuras costosas. Porque anuncia inversiones vistosas sin una planificación rigurosa. Porque asume compromisos plurianuales cuyo impacto futuro se oculta bajo la alfombra del “ya veremos”.
Un análisis serio del gasto debería centrarse en tres ejes elementales: contención del gasto corriente, inversiones coherentes y justificadas, y absoluta transparencia sobre los compromisos que hipotecan ejercicios futuros.
Y el Presupuesto 2026 no cumple con ese estándar. Al contrario, hipoteca el mañana para comprar aplausos hoy, sin un debate político honesto sobre las consecuencias.
La alcaldesa Paloma Tejero podrá defender que todo es legal, que Intervención no ha puesto reparos insalvables y que las cuentas cuadran. Que no cuadran si cuenta como ingresos los 28 millones del remanente de tesorería. Los ingresos suben a 178 millones y los gastos a 150 millones. Es una locura pero Tejero la da como algo hecho.
Lo necesita porque piensa disparar los gastos. Es su ultimo año y le da todo igual porque piensa marcharse.
Es trampa. Aunque el cuadrante que presenta, sin el remanente, cuadre.
Pero cuadrar no es gobernar, y cumplir la ley por los pelos no es sinónimo de buena gestión. El verdadero equilibrio presupuestario no se mide en promesas de ingresos sino en credibilidad, sostenibilidad y respeto al contribuyente.
Usar ese remanente como pilar del Presupuesto 2026 es pan para hoy y tensión presupuestaria para mañana. Y eso, más que una decisión técnica, es una elección política.
Una mala elección política.
Una elección de política tramposa.
Pepero Pozuelero





