El restaurante “Ancestral”, nuevo en esta villa, consigue una Estrella Michelin y recuerda a la clase gubernamental forastera que el Prestigio en Pozuelo es más importante que su riqueza

Hay ciudades que se conforman con ser ricas. Ricas porque viven los ricos pero fría y distante. Falsa y sin sentido de pertenencia. Otras, en cambio, aspiran a ser prestigiosas. Calientes. Cercanas. Muy suyas.
Y lo digo porque Pozuelo, durante demasiados años, ha vivido atrapada en la primera categoría. Sigue atrapada den esa falsa riqueza pero sin un proyecto de ciudad, sin un relato que vaya más allá de ser “la ciudad más rica de España”. Se conforma.
Esa etiqueta pozuelera solo sirve para un titular pero no construye identidad. Y, sin identidad, no hay prestigio. Por eso la llegada (y recuperación) de la Estrella Michelin del restaurante “Ancestral” a la entrada de Monte Alina es mucho más que una anécdota gastronómica: Es un ladrillo más en esa arquitectura del Prestigio que Pozuelo lleva años necesitando y que nadie, políticamente hablando, hace nada.
“Ancestral” no es un restaurante cualquiera. Es el proyecto maduro de dos cocineros valientes, Víctor Infantes y Saúl González, que con fuego, barro, humo y una culinaria manchega reinterpretada ya conquistaron una Estrella Michelin en Illescas apenas unos meses después de abrir.
A primeros de 2025 decidieron mudarse a Pozuelo, apostando por un espacio más amplio y por un público que, en su mayoría, ya iba a Illescas desde Madrid. El traslado implicaba perder automáticamente la estrella y tener que revalidarla.
Era una apuesta arriesgada ya que ponía en juego prestigio, reputación y futuro.
Pero la jugada salió bien. La Guía Michelin ha devuelto a “Ancestral” su estrella en su nueva ubicación de una de las grandes urbanizaciones de Pozuelo de Alarcón. Calle Saliente, 2.
Para muchos es posible que sea una simple noticia gastronómica; para Pozuelo debería ser un mensaje político: El prestigio se construye con proyectos sólidos, no con fuegos artificiales como nos tiene acostumbrados este Gobierno.
“Ancestral” no solo ha traído buena cocina. Ha traído una forma de situar a Pozuelo en el mapa que no depende de estadísticas económicas ni famas ajenas.
Ha traído vida, reconocimiento, cultura gastronómica y algo todavía más importante: Ha demostrado que Pozuelo puede ser atractiva para proyectos de alto nivel, para talento que busca crecer y para experiencias que trascienden lo cotidiano.
Esto, y no la obsesión por feriales, palacios de congresos o subida de tasas, es lo que debería inspirar a quienes gobiernan la ciudad. Porque el prestigio no se construye desde el aparato municipal, sino desde la suma de iniciativas que generan valor intangible. Tener una estrella Michelin es muy importante. Da prestigio.
“Ancestral” se ha instalado en una finca de 6.000 m² con un proyecto ambicioso, desde su taberna Brassafina a futuros espacios de eventos, huertos y propuestas al aire libre.
No viene a ocupar un local, viene a crear un ecosistema. Y eso es justo lo que Pozuelo debe aprender a ofrecer. Espacio, visión, colaboración y, sobre todo, ambición.
La estrella Michelin de “Ancestral” es, sin duda, suya. Pero, en parte, también es de Pozuelo. Es un recordatorio de que el prestigio no es una utopía reservada a capitales o ciudades históricas: es una decisión. Una hoja de ruta. Una apuesta por atraer talento y ofrecer un entorno donde lo excelente quiera quedarse.
Ojalá esta estrella sirva para que Pozuelo deje de presumir únicamente de renta y empiece a presumir, de verdad, de prestigio.
Esto también lo es. Y mucho.
Juan Manuel Sánchez





