Peligro en el cuartelillo de la Policía Municipal: A Tejero, Moreno y Antolínez se les olvida que hay que vacunar a los agentes de gripe (desliz del Gobierno) y se teme epidemia este invierno

Al final va a ser verdad que nuestras autoridades no saben hacer dos cosas al mismo tiempo. Vamos, tipo Gerard Ford, aquel presidente yanqui no sabía anda y mascar chicle a la vez.
Y es que, como andan tan liados con la preparación de las Fiestas de Navidad suntuosas y murcianas, a la alcaldesa Paloma Tejero, al concejal de Seguridad Manuel Moreno y al comisario de Policía Municipal Lorenzo Antolínez, se les ha olvidado que llega el invierno…
Y llega. Vale que, en el Gran Pozuelo de Alarcón, ese lugar idílico donde el césped se corta solo y los presupuestos crecen como setas, el invierno se presenta con una amenaza inesperada: una epidemia de gripe en la Policía Municipal.
Sí, han leído bien. Los guardianes del orden, los que patrullan las calles con el pecho hinchado de servicio público, pueden acabar este año tosiendo en formación.
¿Y por qué? Pues porque a la alcaldesa Paloma Tejero, al concejal de Seguridad Manuel Moreno y al comisario Lorenzo Antolínez se les ha olvidado un pequeño detalle logístico: comprar las vacunas contra la gripe. Nada importante, claro. Solo se trata de proteger a los agentes que están todo el día en la calle. Un descuido sin consecuencias… salvo que la mitad del cuerpo acabe en cama con fiebre mientras la otra mitad reparte caramelos en la Cabalgata.
Según ha informado UGT, el Ayuntamiento no ha podido iniciar la campaña de vacunación “por retrasos en la tramitación del expediente”. En cristiano: a alguien se le pasó el plazo, la firma o directamente el interés. Pero tranquilos, que prometen empezar “a mediados de noviembre”. Eso sí, “sin garantías”. O sea, como todo lo que depende últimamente de este equipo de Gobierno: una mezcla de improvisación, lentitud y cara de “yo no fui”.
El Servicio de Prevención, dicen, tiene buena intención. Pero la intención no inmuniza. Si acaso, sirve para justificar que en el cuartelillo ya se oigan los primeros estornudos y se repartan pañuelos con el escudo de Pozuelo. Mientras tanto, en los despachos, Tejero sonríe en las fotos, Moreno sigue contando coches patrulla y Antolínez ensaya el clásico “esto no depende de mí”.
Quizá el problema sea de prioridades. En Pozuelo hay dinero para todo: para luces de Navidad que se ven desde la M-40, para rotondas con aspiraciones artísticas, para campañas de autobombo institucional. Pero, claro, las vacunas no lucen en las fotos. Nadie corta una cinta en un frasco de vacuna ni posa al lado de una jeringuilla. Y así estamos: con un Ayuntamiento que brilla, pero no protege.
Lo más grotesco del asunto es que, ante el retraso, UGT recomienda a los policías que se vacunen por su cuenta, “si lo estiman oportuno”. Es decir: sálvese quien pueda. Cada agente a su centro de salud, a pedir cita como un ciudadano más. Magnífica política de prevención: externalizar la salud por olvido.
A este paso, lo siguiente será ver a los municipales patrullando con termómetros en el cinturón y un bote de Vicks VapoRub en el bolsillo. Y mientras ellos aguantan la fiebre, Paloma Tejero podrá decir que, al menos, el expediente de compra está “en tramitación”. Una expresión que, en el diccionario pozuelero, significa: “se nos ha pasado el arroz, pero ya veremos si alguien lo recalienta”.
La gestión sanitaria del Ayuntamiento de Pozuelo es tan previsible como su comunicación: todo llega tarde, mal y con nota de prensa. Y si este invierno los agentes acaban cayendo como moscas, al menos nos quedará el consuelo de saber que la fiebre no distingue entre escalas ni rangos. Porque, aunque no haya vacunas, de la gripe burocrática que sufre este Gobierno no se libra nadie.
Juan Manuel Sánchez






