La poca vergüenza de José Manuel Albares, un Ministro de Asuntos Exteriores indigno y analfabeto que arrodilla a España ante el revisionismo populista mexicano, según la red social X

En un acto de sumisión histórica que avergüenza a cualquier español con un mínimo de dignidad, el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, ha osado lamentar el “dolor e injusticia” causados por la Conquista de México hace cinco siglos.
Durante la inauguración de una exposición en Ciudad de México, este funcionario del gobierno de Sánchez declaró: “Como toda historia humana, tiene claroscuros. Ha habido dolor e injusticia hacia los pueblos originarios. Hubo injusticia, justo es reconocerlo y lamentarlo”.
Este tipo es un traidor. Punto.
Lo suyo no es diplomacia; es una genuflexión ante el revisionismo woke que pinta a España como verdugo eterno, ignorando los claroscuros reales que forjaron un continente mestizo y próspero.
Albares, ese indigno analfabeto histórico que representa lo peor de un ejecutivo que odia su propia patria, ha sobrepasado al Rey y a siglos de nación, humillando al país en nombre de una corrección política importada.
¿Qué clase de español es este hombre, que se rebaja ante un populista gobierno mexicano que romantiza a los aztecas mientras olvida sus propios horrores?
¿Por qué Albares no exige que la presidenta mexicana pida perdón por las matanzas mexicas, que sometieron y sacrificaron a pueblos enteros en ritos sangrientos?
Los aztecas masacraron tribus aliadas, ofreciendo hasta 80.000 sacrificios humanos en días de furia, devorando rivales en un canibalismo institucionalizado.
Cortés no conquistó solo: lo hizo con un ejército indígena masivo, harto de la tiranía tenochca, que veía en los españoles la liberación de un yugo despótico. Pueblos oprimidos por los mexicas se unieron a unos pocos cientos de castellanos para derrocar a Moctezuma, no por genocidio español, sino por venganza indígena.
Y Albares, en su incultura sectaria, ignora esto para flagelarse como un monje medieval.
Este gobierno corrupto, que condena a España a la irrelevancia, no colonizó: integró. Dejó a México más rico que Europa en su momento, con universidades, hospitales, catedrales y escuelas abiertas a todos, mestizos e indígenas por igual.
Prohibió el canibalismo, liberó a mujeres de la esclavitud sexual azteca e inca, remuneró el trabajo y extendió la misericordia cristiana que salvó almas y cuerpos.
Mientras Inglaterra endeudaba a México a perpetuidad, cobrando siete pesos por uno prestado, y Francia y EE.UU. lo invadían y desmembraban, España forjó el mestizaje: una nueva raza que hoy es el orgullo de Hispanoamérica.
No hubo genocidio; hubo fusión. ¿Por qué esta indecencia de olvidar el legado hispano, mancillándolo desde la España que nos acogió?
Albares encarna la tristeza de un país que se odia a sí mismo por ignorancia o mala fe.
Su “disculpa” no repara heridas: obedece un guion global que humilla la memoria para domesticar identidades.
Pedro Sánchez ya rechazó excusarse en el pasado, argumentando que no se juzga con ojos contemporáneos.
¿Qué más esperar de este sanchismo que avergüenza la actualidad mientras ensucia la historia? Mexicanos sensatos lo ven como victoria sobre un imperio sanguinario, no como rencor eterno.
Asumamos el mestizaje sin traumas, valorando raíces indígenas y europeas en un proyecto inclusivo.
España no pide perdón por existir. Albares, mal español y peor ministro, debe dimitir. Recordemos con dignidad: nada por lo que avergonzarnos, todo por lo que enorgullecernos. Que este episodio sea el fin de la autoflagelación; que vuelva la Hispanidad unida, no arrodillada.
Dimite, Albares.
No representas a España.
El Atalayero






