Las Fiestas de NS de la Consolación del Gran Pozuelo de Alarcón tienen pendiente una reflexión para que dejen de pertenecer a una pequeña población endogámica del Centro

Las inacabables fiestas patronales de Pozuelo de Alarcón en honor de Nuestra Señora de la Consolación vuelven a dejarnos más preguntas que respuestas.
Y la principal pregunta es sobre si tiene sentido mantener ocho interminables días de celebraciones que, en realidad, solo disfruta un 10% de la población… Porque seamos claros, la inmensa mayoría de vecinos de Pozuelo no participa en esas fiestas. No las sienten como propias. Ni siquiera se identifican con ellas.
Y es que, realmente, lo que tenemos es un programa desmesurado, interminable, que se alarga más de una semana y que solo aprovechan las peñas del centro del viejo pueblo y un grupo de jóvenes que acude a conciertos y fiestones del nuevo Recinto Ferial indiferentes al lugar donde se celebren. Para ellos, es exactamente lo mismo que sea Pozuelo de Alarcón o Villar del Río, el inolvidable pueblo de “Bienvenido Míster Marshall”. Lo único que buscan es la juerga y de eso tienen.
Mientras tanto, el resto de la ciudad asiste con indiferencia (cuando no con hastío) al desfile desangelado de peñistas recorriendo el centro de la ciudad con su música estridente, chundarata y sin sentido, intentando demostrar que se divierten…
El colmo es que varios de esos días son laborables y, peor aún, lectivos. Es decir, si se pretende que los niños participen en unas fiestas, la cosa choca directamente con sus horarios escolares.
¿Cómo encajar eso en una ciudad moderna, con padres y madres que madrugan y niños que necesitan descansar?
Esta sería una pregunta sin respuesta hoy por hoy…
Y es que ocho días de fiestas son una barbaridad. Y no se trata de suprimirlas, sino de repensarlas. Acortarlas. Redimensionarlas. Adaptarlas a la ciudad actual y no a la de hace cincuenta años, cuando estas celebraciones quizá tenían sentido. Hoy, no.
Y si estas fiestas tienen que quedarse en un barrio como se quedan las Fiestas del Carmen en el Barrio de la Estación, que se queden… No pasa nada. Allá ellos. Pero no son de todo Pozuelo de Alarcón.
Estas fiestas están circunscritas a una minoría muy exigua de la población. Y no puede ser que el grueso de los festejos gire en torno a las peñas, que apenas representan a un pequeño porcentaje de vecinos.
No es admisible que incluso se enorgullezcan de que “sin las peñas no habría fiestas”, como si ellas fueran las propietarias del alma festiva de Pozuelo. No. Las peñas deben ocupar el lugar que les corresponde. El mismo que su peso real dentro del municipio. Ni más ni menos.
El resto del 90% de la población, que sostiene con sus impuestos el presupuesto municipal y, por tanto, el de las fiestas, tiene el mismo derecho a disfrutar de ellas. Es más, debería sentirlas como propias. Y eso no ocurre. Porque lo que se ha organizado en los últimos años no son fiestas pensadas para todos, sino para unos pocos. Y eso convierte lo que debería ser un elemento de cohesión ciudadana en un factor de división y desinterés.
Tampoco sirve el argumento de que “son parte de la idiosincrasia de Pozuelo”. No lo son. Este modelo de fiestas tiene poco más de medio siglo de historia y, aunque entonces pudiera tener razón de ser, hoy no responde a lo que es Pozuelo de Alarcón. El Gran Pozuelo de Alarcón, la ciudad más rica de España para muchos. Una ciudad moderna, diversa, compleja, que nada tiene que ver con aquel pueblo de hace cincuenta años y a la que no le gusta el olor a panceta.
Y luego, ya lo de pretender imitar a Pamplona con su “Pobre de mí” es una caricatura que solo alimenta la ordinariez de unos pocos y la distancia de la mayoría.
Pero la solución no pasa por suprimir estas fiestas patronales, vuelvo a decir, sino por repensarlas con sentido común y visión de futuro. Ya cansa oír hablar de tradiciones que no lo son más allá de un aislarse de la realidad de la ciudad.
¿A qué le llaman tradiciones esos vecinos del centro de la ciudad?
¿A celebraciones, en muchos casos, creadas artificialmente por unos cuantos a modo de holding cerrado?
La Historia de Pozuelo es otra y muy rica y no solo la que surgió tras la Guerra Civil que destruyó la ciudad.
Hay que diseñar un modelo de celebración que integre a todos, que respete los tiempos de la ciudad. Unas fiestas que de verdad representen a Pozuelo de Alarcón en su conjunto, no a una minoría ruidosa que, además, se auto-excluye.
Lamentablemente, esta reflexión parece incompatible con la alcaldesa actual, incapaz de abrir un debate sereno sobre el futuro de las fiestas. Con ella al frente, nada cambiará porque actúa desde su ego personal de sabiduría de forastera. El ejemplo de la Feria Taurina que ha montado es claro.
Habrá que esperar a un futuro gobierno que entienda que esto no es un asunto menor. Las Fiestas de Pozuelo de Alarcón son una cuestión política y de identidad. Identidad que Pozuelo no tiene y tanto necesita para dejar de ser una Federación de Urbanizaciones sin alma. Hablo de los Mil Pozuelos.
Pero, posiblemente, esto no lo entenderán las dirigentes políticas que rigen el Ayuntamiento.
Son forasteras y están de paso.
Amén.
El Capitán Possuelo





