El presidente de la Generalidad de Cataluña Salvador Illa viaja a Bruselas para reunirse con el golpista prófugo Carles Puigdemont (que lo desprecia) y en X crece la indignación y la crítica

Salvador Illa, presidente de la Generalidad de Cataluña, se reúne hoy en Bruselas con Carles Puigdemont, expresidente fugado de la justicia española por haber intentado dar un golpe de estado. La cita, que debería ser insólita en cualquier democracia seria, está generando una ola de indignación y críticas en redes sociales.
Que un presidente autonómico viaje fuera de España para entrevistarse con un prófugo huido desde 2017 es, sencillamente, inaudito.
En X, la tormenta ha sido inmediata.
Junts, lejos de agradecer el gesto, lo desprecia. Jordi Turull califica a Illa de “obediente sin criterio propio” y afirma que “llega tarde” y “no servirá para nada”.
La reunión no es vista como un acto de diálogo, sino como una rendición forzada.
Puigdemont, por su parte, aprovecha la ocasión para señalar que Illa se niega a darle el trato institucional que, según él, merece: “El mensaje está recibido y ya no insistiremos más. No es que no toque, es que no quiere”, afirma en su cuenta oficial.
El expresidente fugado incluso acusa a Illa de “resistencia política a aplicar la amnistía”, una ley en vigor que él pretende usar como salvoconducto personal. Con esta declaración, Puigdemont convierte la amnistía en un arma arrojadiza y coloca a Illa en una posición imposible: O se pliega o queda como enemigo del independentismo más radical.
ERC tampoco se queda atrás: Reprocha a Illa y a Puigdemont el uso político del encuentro y exige “respeto a las decisiones democráticas” de su militancia.
Mientras tanto, numerosos usuarios en X denuncian la imagen internacional que proyecta este viaje: un presidente autonómico validando a un golpista prófugo, no en una institución europea sino en un despacho privado, lejos de los tribunales que lo reclaman.
“¿Desde cuándo un cargo público electo en España tiene que cruzar la frontera para negociar con un fugitivo?
Esto no es diálogo, es un bochorno”, señala un tuit que acumula cientos de compartidos.
Otro ironiza: “Puigdemont no es un político, es una marca: lo usan para vender titulares y ganar votos.”
La reunión no sólo divide a los independentistas; también erosiona la autoridad del Estado. Illa, que debería representar la legalidad constitucional en Cataluña, se sienta con quien huyó para quebrarla. No hay precedentes en la Europa democrática de un presidente regional legitimando a un prófugo de la justicia de su propio país.
El resultado, hoy, es doblemente tóxico: Illa queda como rehén político de quien ni siquiera pisa suelo español y Puigdemont refuerza su papel de víctima fabricada.
En vez de tender puentes, este encuentro parece dinamitar cualquier posibilidad de reconciliación real.
Pero Sánchez lo necesita.
El Atalayero



