Sánchez contra Pozuelo de Alarcón o cuando la política se convierte en castigo y se usa a los inmigrantes menores no acompañados como venganza disfrazada de recurso de reposición

Pedro Sánchez no se cansa de querer castigar a Pozuelo de Alarcón. No admite rebeldías. O se hace lo que él quiere o se pasa a ser su enemigo. No su adversario, su enemigo.
Pozuelo no quiere a los MENAs que el Presidente del Gobierno se ha empeñado (cualquiera sabe por qué) en acogerlos en España. Solo acogerlos. Sin facilitarles la menor salida profesional. Sin ofrecerles el más mínimo futuro. Vienen, los recibe y los almacena. Y luego que se busquen la vida.
Y como esta ciudad no quiere almacenarlos, pone en marcha su venganza disfrazada de recurso legal. Y, a través de la Secretaría de Estado de Migraciones, ha presentado un recurso de reposición contra la decisión del Ayuntamiento de esta ciudad de cerrar el Centro de Recepción, Atención y Derivación (CREADE).
Está en su derecho legal pero el fondo del asunto no es administrativo ni jurídico… El problema, insisto, es pura venganza política.
El CREADE, abierto a toda prisa en 2022 para atender a los desplazados por la guerra de Ucrania, cuenta con 570 plazas y hoy aloja a 395 personas: 178 ucranianos, 49 afganos, 43 malienses y 29 venezolanos. Y es que, desde 2023, ya no es un recurso exclusivo para ucranianos, sino para cualquier solicitante de asilo.
El Ayuntamiento, con el respaldo de la Comunidad de Madrid, inició en julio un procedimiento de cierre porque el centro carece de licencia adecuada. La que tiene, de 2013, es para un centro de formación con auditorio y garaje.
El recurso es, por tanto, solo un asunto administrativo pero obligatorio para continuar en la pelea en instancias mayores. No prosperará pero a Sánchez le da igual. EL no dialoga, impone. Y seguirá recurriendo si lo necesitase hasta el Tribunal C0nstitucional para ganar. Se empeñó en trasladar a estas instalaciones a 400 menores inmigrantes procedentes de Canarias y va a pelear por ello hasta el final.
Poco importa que Pozuelo dijese NO porque el CREADE no reúne las condiciones necesarias para acoger a menores. Que Isabel Díaz Ayuso apoyase la medida. Da igual. Que se presente recurso para mantener abierto un centro cuya ilegalidad es notoria.
Es el manual del sanchismo que castiga a quien se atreve a plantar cara. No importa que Pozuelo sea un municipio solidario (que lo es), ni que haya cumplido con su deber atendiendo a cientos de personas. Lo que molesta a Sánchez es que aquí gobierna el Partido Popular con el apoyo masivo de sus vecinos. Y al presidente, curiosamente vecino de esta ciudad hasta que se fue a vivir a la Moncloa con su colchón nuevo, le encanta usar la inmigración como arma política para intentar dar lecciones morales a los demás mientras él sigue sin una política migratoria seria.
¿De verdad cree alguien que esto va de recurso de reposición?
Va de imponer su voluntad, de señalar a Pozuelo como “insolidario” y de usar a los inmigrantes como munición política. Esto va de humillar a un Ayuntamiento que cumple la ley y de ignorar a unos vecinos que no quieren que su ciudad se convierta en un campo de experimentos improvisado.
El recurso presentado por el Gobierno de Sánchez no cambia nada. El cierre sigue adelante porque el centro no tiene licencia. Pero revela la incapacidad de Sánchez para gobernar sin confrontar. No hay planificación, no hay respeto institucional, no hay transparencia. Lo único que hay es arrogancia y castigo a los que no le votan.
Pozuelo no se opone a ayudar a refugiados. Se opone a que el Gobierno actúe como un matón político, imponiendo, mintiendo y jugando con el futuro de cientos de personas mientras desprecia a una ciudad entera.
Este pulso entre Sánchez y Pozuelo no es un trámite administrativo. Es un ejemplo perfecto de cómo el presidente del Gobierno de España utiliza el poder del Estado para ajustar cuentas con quienes no se someten a sus caprichos.
Pero cuando un Gobierno convierte el derecho a recurrir en un instrumento de venganza, deja de gobernar y empieza a abusar.
El CREADE de Pozuelo nació como una respuesta humanitaria, pero Sánchez lo ha convertido en un símbolo de su despotismo político.
Juan Manuel Sánchez






