Es sintomático que las alcaldesas forasteras (Quislant y Tejero) tengan la misma obsesión por quedar en la historia poniendo primeras piedras, como si fuesen sus clavos ardiendo

Estimado director:
Tras leer su artículo sobre la primera piedra de la alcaldesa Tejero y el consejero Rodrigo (vaya par de patas para un banco) escribo unas líneas sobre la mala suerte que tiene esta ciudad con sus alcaldesas… O la poca vista política tiene en Madrid a la hora de elegirlas… Por si son de su consideración…
Y es que debe de ser que, cuando una alcaldesa forastera llega a Pozuelo sin un proyecto real ni arraigo alguno, su obsesión por dejar “algo para la historia” se convierte en enfermiza. Y claro, como los hechos brillan por su ausencia, se inventan ritos tan cutres como la colocación de la “primera piedra”.
De hecho, la comparación entre Quislant y Tejero no es una casualidad. Es sintomático.
Ambas alcaldesas, venidas de fuera y sin raíces en Pozuelo, parecen compartir el mismo temor: irse como llegaron, sin haber hecho nada que el municipio pueda agradecerles. Por eso recurren a estos gestos vacíos, creyendo ingenuamente que el enterramiento de una piedra las inmortalizará.
Susana Pérez Quislant lo hizo en 2021 con la piscina climatizada del polideportivo Carlos Ruiz. Casco blanco, sonrisa impostada y el gesto solemne de quien cree que así garantiza su inmortalidad política. Incluso, trajo a un consejero de la Comunidad de Madrid para que le diera fe.
Cuatro años después, ¿quién recuerda su piscina climatizada? Nadie.
Lo que sí recuerdan los vecinos es su gestión desastrosa, su lejanía y su incapacidad para resolver los problemas reales de Pozuelo. Y su deuda. Porque la ínclita dejó facturas sin pagar para parar un tren.
Hace un par de días, por otra parte, le tocó el turno a Paloma Tejero, que no podía quedarse atrás en el ranking de alcaldesas “de primera piedra”. Y, por eso, ni corta ni perezosa, se plantó en uno de los cuatro desarrollos de viviendas “asequibles” y repitió el numerito de Quislant, incluso, también con consejero de la Comunidad de Madrid invitado.
Ya han empatado las dos en esto también.
Porque si Quislant dejó facturas sin pagar porque no tenía dinero, tras una gestión desastrosa, Tejero tras pagar las deudas de aquella con el dinero ahorrado de los vecinos, también se ha quedado sin dinero y con una gestión penosa.
Pero hay que dejar huella. Hay que esperar a que vengan arqueólogos y que, cien años después, alguien las reivindique.
Tendrá mucha gracia lo que dirá la historia de Quislant si encuentra lo que escondió en la piscina climatizada, aquella que tanto dinero nos costó y nos sigue costando. Y tendrá más gracia aún lo que la historia dirá de Tejero cuando descubran su primera piedra junto a unas viviendas que cualquiera sabe que se dedicarán dentro de cien años.
En cualquier caso, muerto el burro, la cebada al rabo.
De ninguna de las dos, la historia de Pozuelo dirá nada bueno. Quislant era una alcaldesa soberbia, caprichosa y maleducada que no hizo nada por la ciudad y así quedará retratada. Tejero, en cambio, pasará a la historia como la alcaldesa de las chuminadas y que consiguió cabrear a la mayoría de los vecinos. También, de carácter poco empático dicho sea de paso.
Lo triste o lo cómico, según se mire, es que ambas comparten la misma inseguridad: el miedo a que Pozuelo las recuerde como lo que fueron, alcaldesas de paso, sin raíces ni legado. Por eso se aferran a la escenografía barata del protocolo de la primera piedra.
Qué mala suerte tiene esta ciudad con estas alcaldesas…
O qué poca vista política tienen en Madrid a la hora de elegirlas…
Y ya vale, ¿no?
Pepero Pozuelero






