La alcaldesa Tejero habla mucho pero actúa poco y hay competencias municipales para luchar contra las decisiones caprichosas, autoritarias y vengativas de Pedro Sánchez

La llegada de 400 MENAs (Menores No Acompañados) a Pozuelo de Alarcón es una cacicada de un cacique agonizante políticamente como el Presidente del Gobierno de España y llamado Pedro Sánchez. Un personaje al que todo se le ha ido de las manos. Política de inmigración e inmigrantes menores, incluidos.
Pero ante esta acción caprichosa, autoritaria y vengativa, no bastan las palabras por muy claras y valientes que parezcan. Y hablo de las declaraciones de la alcaldesa Paloma Tejero: “No me quedaré callada mientras trasladan a 400 menores a un centro sin condiciones mínimas”.
Estas palabras, por desgracia, no son suficientes. Las palabras, por rotundas que suenen, no sustituyen a los hechos. Y en esta cuestión, las acciones políticas tomadas por Tejero brillan por su ausencia.
Pozuelo no necesita más declaraciones grandilocuentes. Necesita acción.
Si, como afirma la propia alcaldesa, el CREADE (Centro de Recepción, Atención y Derivación) no reúne las condiciones mínimas para acoger a estos menores, es el momento de actuar con todas las herramientas que proporciona la administración local.
No se puede uno escudar en que “esto es competencia del Gobierno central” mientras se desentiende del problema que ya se ha instalado en el municipio.
¿Dónde están, por ejemplo, las inspecciones de salubridad?
El Ayuntamiento tiene la competencia para verificar si ese centro cumple las normativas locales de seguridad, higiene y habitabilidad.
¿Se han hecho?
¿Se ha emitido algún informe técnico que avale las palabras de la alcaldesa?
¿O seguimos en la política del titular vacío y el gesto simbólico?
Y otra cosa:
¿Se han revisado las condiciones de habitabilidad del edificio?
¿Están las actualizaciones de protección hechas?
Es que esos niños no pueden estar en un local que no reúna las condiciones adecuadas…
Porque también hay que decirlo claramente: Si ese centro no cumple las condiciones mínimas, lo que le toca al Ayuntamiento es actuar, no tuitear y salir en las televisiones.
Y si hay informes técnicos que lo respalden, exigirlas. Y si no se cumplen las exigencias, entonces hay que llevar el tema a los tribunales. Aunque se pierda. Aunque la justicia dé la razón al Gobierno. Hay veces en las que perder una batalla es ganar respeto. Especialmente, el de los vecinos que confían en que su alcaldesa defienda la legalidad con todas las armas a su alcance.
Y ya que hablamos de respeto, conviene recordar otra batalla que la señora Tejero decidió no librar: La injusta Tasa de Basuras. Esa que impuso el Gobierno de España impuso y el Gobierno de Pozuelo aplicó sin pestañear.
Entonces se eligió el silencio. Otra vez. Había que evitar el conflicto. Y se renunció a pelear pese al clamor vecinal, no fuera a ser que se perdiera y eso apareciese en su debe político. Tejero no sabe que hay derrotas que ennoblecen. Y las cobardías, señora, se recuerdan.
Por eso, esta vez la alcaldesa Tejero tiene una nueva oportunidad de dar un paso al frente. Está a tiempo de rectificar el rumbo y demostrar que no está en política para gestionar lo inevitable sino para defender lo justo. Para eso la eligieron los vecinos.
Está a tiempo de demostrar que Pozuelo tiene vida. Que no es una alfombra púrpura donde otros limpien sus problemas. Está a tiempo de hacer lo que debe: inspeccionar, sancionar, recurrir, informar y, sobre todo, no rendirse antes de luchar.
Esta pelea no va solo de menores no acompañados. Va de autonomía municipal, de respeto institucional y de dignidad política.
Va de si el Ayuntamiento de Pozuelo es una entidad viva y con voz propia o una simple sucursal de lo que digan en Génova o en Moncloa.
Va de si los vecinos tienen una alcaldesa que está dispuesta a jugarse el tipo por ellos o solo a posar para la foto.
Va de solidaridad y humanismo para con unos muchachos.
Puede que lo pierda todo, sí. Pero si lo intenta con firmeza, con hechos y con valentía, ganará algo que no se compra con votos ni se mide en encuestas: el respeto de sus vecinos.
Y, por favor, no sonrías más cuando te entrevisten o hables en público, alcaldesa.
El problema es muy serio y hay que estar seria.
Juan Manuel Sánchez





