De la campaña de recogida de caca de perros, la botella de agua para el pis, los policías de paisano multando y el dinero de la Tasa de Basuras para pagar la brigada de su recogida

Estimado Capitán:
Pozuelo de Alarcón, ese oasis de lujo y civismo a las afueras de Madrid, tiene una nueva heroína: Paloma Tejero, la alcaldesa que ha decidido librar una guerra sin cuartel contra la caca de perro, el enemigo más escurridizo y maloliente de nuestras calles, y a mí me gustaría hacer unas consideraciones sobre dicha campaña, la botella de agua para el pis, los policías de paisano multando y el dinero de la Tasa de Basuras que pagaría aquella brigada de recogida de caca…
(Tengo perro y recojo sus cacas y por eso me siento obligado a comentar esta “genial” campaña política)
El caso es que bajo el lema “Si él pudiera, lo haría” (un eslogan que parece sacado de un guion de Pixar), Tejero ha desplegado una campaña política que mezcla sensibilización, vigilancia y un toque de ironía tan sutil que casi parece accidental. Porque, claro, si tu perro tuviera pulgares y un mínimo de decencia, no te dejaría en ridículo frente a los vecinos… Su caca la recogería él…
La iniciativa, en cualquier caso, es tan ambiciosa como surrealista.
Por un lado, los carteles con mensajes conmovedores adornan los espacios municipales, recordándonos que recoger la caca de nuestro chucho no es solo un acto de amor al prójimo sino también una forma de esquivar una multa de hasta 750 euros.
750 euros, una cifra que hace preguntarte si el excremento en cuestión viene con incrustaciones de oro o si, simplemente, el Ayuntamiento ha decidido tener otra fuente de ingresos. Que no pare la música de la recaudación.
Tan es así que, para asegurarse de que nadie escape a esta cruzada moral, la Policía Municipal se ha puesto el disfraz de paisano (porque nada da más “confianza a los vecinos” como un agente camuflado acechando detrás de un seto) para pillar in fraganti a los dueños irresponsables.
Pero no todo es castigo en este edén perruno. Junto a la técnica coercitiva está el detalle estelar de La Botella de Agua.
Si inscribes a tu mascota en el Censo Municipal de Animales de Compañía (porque en Pozuelo hasta los perros tienen derecho a su burocracia), te obsequian con este trofeo de plástico para que rocíes con agua los charquitos de pis de tu perro.
Una idea tan brillante que casi eclipsa su absurdo: Pagas tus impuestos, recoges la caca, limpias el pipí y, a cambio, te dan una botellita que probablemente cuesta 0,50 euros en el chino de la esquina.
Supongo que, en un gobierno tan infantiloide, es el equivalente municipal a esos premios de consolación que te daban en la tómbola de fin de curso del colegio:
“Gracias por participar, aquí tienes tu recompensa simbólica: un juego de pelotas de pimpón”.
Pero dejemos la ironía un momento y vayamos al grano, porque aquí hay un elefante en la habitación o más bien, un montón de caca en la acera:
Si la caca de perro es basura, y pagamos una nueva Tasa de Basuras que, por cierto, muchos consideramos un atraco a mano armada, ¿por qué demonios tenemos que hacer también el trabajo sucio nosotros?
¿No se supone que ese dinero que nos quitan debería ser para financiar servicios que nos libren de estas tareas relacionadas con la limpieza?
La exalcaldesa Susana Pérez Quislant, con aquella lucidez política que Dios le dio, creó la Brigada de las Cacas de los Perros, una unidad que, aunque suene a sketch de Martes y Trece, al menos asumía que el Ayuntamiento debía ocuparse de algo más que poner multas y repartir botellitas.
¿Dónde está esa brigada ahora? ¿Disuelta en el aire como el olor a pis tras el chorreón de agua?
La realidad es dura, Capitán: Pagamos una tasa que no pedimos, recogemos excrementos como si fuéramos los mayordomos de nuestros propios perros y, encima, nos vigilan agentes de incógnito como si estuviéramos en un episodio de “El comisario”, aquella serie policiaca de Tele 5 de primeros de siglo.
Todo esto mientras el dinero de la Tasa de Basuras se esfuma en quién sabe qué.
La solución está clara: Que vuelva la brigada de las cacas, que el Ayuntamiento asuma su responsabilidad y que dejen de tratarnos como voluntarios no remunerados de una campaña que mezcla moralina con afán recaudatorio.
Así que, vecinos de Pozuelo, piensen que, en esta guerra contra la caca canina, el único que sale perdiendo es nuestro bolsillo. Y si no, siempre nos quedará el consuelo de saber que, al menos, nuestro perro nos mira con ojitos de “Si yo pudiera, lo haría, te lo juro por Arturo”.
Claro, y si yo pudiera, mandaría la factura de la Tasa de Basuras directamente al domicilio de Paloma Tejero.
En cualquier caso, yo creo recordar que la solución ideal que proponía El Correo de Pozuelo hace mucho tiempo, era la creación una academia municipal de perros en la que aprendieran a hacerlo en casa…
No es tan difícil, oiga…
Juan Pozuelo






