¿Qué pasaría si se intentase segregar “La Finca” del municipio de Pozuelo, como intentó separarse “La Moraleja” de Alcobendas pero al revés, impulsado por los vecinos de la ciudad?

En los últimos años, Pozuelo de Alarcón ha sido presentado como el municipio más rico de España, según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE).
Esta imagen, sin embargo, dista mucho de la realidad cotidiana de sus habitantes. Uno de los mayores factores que distorsionan esta percepción es la existencia de la urbanización La Finca, una urbanización exclusiva que concentra una gran parte de la riqueza del municipio sin integrarse verdaderamente en la vida local. Viviendo en una especie de burbuja. No entra ni el camión de la basura.
Por ello, propongo desde esta tribuna la segregación de La Finca del municipio de Pozuelo de Alarcón, en un proceso inverso al que intentó realizar La Moraleja en Alcobendas a finales de los años 80.
La Finca es un enclave cerrado donde habitan algunos de los ciudadanos más ricos de España, pero que, paradójicamente, poco aportan a la vida social y económica de Pozuelo.
Aunque es cierto que esta urbanización contribuye con impuestos, en su mayoría el Impuesto sobre Bienes Inmuebles (IBI), su impacto real sobre el municipio es cuestionable. No dinamiza el comercio local, no genera interacción con el resto de los vecinos y perpetúa una imagen distorsionada de la ciudad.
La idea de que Pozuelo es un “paraíso terrenal” solo porque algunas de las fortunas más importantes del país tienen aquí su residencia no es solo un estereotipo erróneo, sino también un obstáculo para el desarrollo real del municipio. La ciudad es mucho más que esa bolsa de riqueza extrema. Aquí también hay clase media, clase trabajadora y, aunque muchos lo ignoren, también hay personas en situación de vulnerabilidad.
Los datos del INE presentan a Pozuelo como el municipio con mayor renta media, menor tasa de paro y mayor nivel de ocupación. Sin embargo, estas cifras solo reflejan una parte de la realidad y no muestran las desigualdades internas del municipio.
Muchos medios de comunicación simplemente repiten estas estadísticas sin un análisis profundo, generando la percepción de que Pozuelo es una ciudad elitista, alejada de los problemas del ciudadano común. Pero lo cierto es que los residentes de La Finca no participan en la vida cotidiana de Pozuelo. No compran en sus tiendas, no pasean por sus calles, no se sientan en sus cafeterías ni comparten espacios con el resto de los vecinos. Son, en esencia, habitantes pero no ciudadanos activos del municipio. Su presencia enriquece las estadísticas, pero no enriquece la vida social y económica del lugar.
Dado este panorama, la segregación de La Finca podría ser una solución viable. Si los habitantes de Pozuelo tuvieran la oportunidad de votar por esta medida, podría abrirse un debate sobre la verdadera identidad del municipio y sobre la forma en que se gestiona su desarrollo.
Esta separación permitiría que Pozuelo dejase de estar marcado por una élite que no forma parte de su vida diaria y podría contribuir a una mejor distribución de los recursos municipales. Además, ayudaría a redefinir la imagen del municipio como un lugar con diversidad social y no solo como un reducto de la riqueza extrema.
La imagen de Pozuelo como una ciudad de multimillonarios es un mito que perjudica a la mayoría de sus habitantes. La segregación de La Finca podría ser un paso hacia una ciudad más equilibrada y justa, donde los recursos se administren en función de las necesidades reales de sus ciudadanos.
Es momento de replantear el futuro del Gran Pozuelo de Alarcón y dejar atrás la ficción de que todos sus habitantes nadan en la abundancia.
Juan Manuel Sánchez






