Algo grave debe estar pasando en el Gobierno Tejero para que, hoy, defienda la Tauromaquia en el Pleno del Ayto, salvo que sea una moción churrera o una estúpida venganza política

Me pincho y no sangro…
Hoy, en el Pleno del Ayuntamiento del Gran Pozuelo de Alarcón, el Grupo Municipal Popular (o sea el propio Gobierno) presenta una moción para “la defensa de la tauromaquia como manifestación fundamental de nuestro patrimonio cultural y como vía para la conservación de una especie y un ecosistema únicos en el mundo”.
Como en el anuncio de la aseguradora, no sé si me lo dicen o me lo cuentan…
Y es que no sé si es una moción churrera que le ha mandado el Partido Popular de Madrid que, lógicamente, no tienen que saber lo que ha sido la Tauromaquia (con Mayúscula) en esta villa o ha sido cosa de algún genio político-pozuelero que quiere que la izquierda se retrate sobre el tema en el Pleno después del revolcón popular que la alcaldesa recibió a mediados de marzo cuando se equivocó políticamente…Traición… Venganza…
Traición por las Peñas taurinas de Pozuelo que la dejaron tirada y Venganza porque, a fin de cuentas, la venganza es un sentimiento humano bastante liberador y, en política, más…
Bromas aparte, no entiendo nada. Si es una moción churrera, llega tarde. Lo que dijo el pijo ministro comunista Ernest Urtasun ya fue contestado con los llenazos de Las Ventas en la Feria de San Isidro… Y, además, la Tauromaquia en Pozuelo es tradición desde finales del Siglo XIX con lo que no tiene mucho sentido defenderla aquí. Supongo que, incluso, de antes pero desde finales del XIX existen crónicas del hecho. Incluso de la muerte de Manuel Lagarto “Patolas” en el ruedo pozuelero…
Dicen las crónicas que recoge FotoMadrid sobre su muerte:
“El 5 de septiembre de 1911, nuevamente acuciado por la pobreza en la que vivía y el hambre que padecían su mujer y su hijo, “Patolas” marchó a Pozuelo de Alarcón, donde iba a celebrarse una capea.
Sin haber sido contratado previamente, como hizo otras veces, consiguió la lidia de dos moruchos, al ser un veterano de otros ruedos, ya que sólo se permitió el uso del capote a los toreros con “cartel”.
Las reses, provenientes de Colmenar, dieron muestras de haber sido toreados en otras capeas, no entrando al trapo y buscando continuamente el bulto.
“Patolas” recibió al toro asignado y tuvo que lidiar, nunca mejor dicho, con la agresividad del toro, escapando por los pelos de la simulación de la suerte de banderillas que realizó, recibiendo notables aplausos y aclamaciones por parte del público.
Llegaba el momento de rematar y “Patolas”, entusiasmado por el apoyo del público quiso simular que entraba a matar al animal, sustituyendo el estoque por un palo.
El diestro estaba realizando, probablemente, una de las mejores faenas de su carrera y, animado por el éxito, quiso terminarla a lo grande.
Sin embargo, el animal acudió nuevamente al bulto y enganchó al torero por la entrepierna, desgarrándole el recto.
La herida, profunda, le hizo perder abundante sangre, pese a no haber afectado a ninguna vena importante.
Tras una primera cura en una casa particular de Pozuelo, fue urgentemente trasladado, en el vagón de equipajes del primer tren que salió hacia Madrid, hasta el hospital de la Princesa, donde fue operado con carácter de urgencia quedando ingresado en la sala de San Joaquín de dicho sanatorio.
En un principio, su estado fue calificado como muy grave, suavizándose la situación poco después, en que pareció no revestir mayor gravedad que el propio de las heridas que el toro le había infringido, que no habían afectado finalmente al intestino.
La prensa se hizo continuo eco de su estado de salud, en las que se afirmaba que se encontraba fuera de peligro y evolucionaba favorablemente de la lesión. Pero algo no iba bien: su estado comenzó a agravarse, principalmente por algunas contusiones en el pecho provocada al querer zafarse del acoso del novillo.
El desenlace no se hizo esperar, y el joven “Patolas” fallecía en la tarde del 11 de septiembre de 1911, con tan solo 32 años de edad”.
Otra cosa es que esto de la Tauromaquia decayese en Pozuelo porque no le acababa de convencer a la caprichosa Susana Pérez Quislant y, como no le gustaba, la fue hundiendo aunque terminase presidiendo una corrida. ELLA era así. Un contrasentido sobre dos piernas.
Y si la moción de hoy, como dije antes, es para retratar a la izquierda (antes taurina y ahora antitaurina) creo que es una pérdida de tiempo. La Tauromaquia se ama o se odia y es inútil defenderla ante quien no le gusta. Es algo de “los adrentos”.
En cuanto a la traición de las Peñas taurinas de Pozuelo no hay que echarle mucha cuenta ya que no es más que el reflejo de lo que son en realidad… Digamos, manifiestamente interesadas…
Lo demás no tiene explicación.
Juan Manuel Sánchez






