Retrato en blanco y negro de las políticas municipales del PP en general y, en particular, Pozuelo y su fiebre por el mundo ‘eco-yupi’, en un magistral artículo de pensamiento político

El 10 de marzo de 2020, el gobierno de Pedro Sánchez publicaba el Real Decreto 452 por el que se desarrollaba la estructura del Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030 del Gobierno de España, a la sazón, titularidad de Pablo Iglesias.
Estipulaba el decreto en su primer artículo que correspondía a ese ministerio la propuesta y ejecución de la política del Gobierno en materia de derechos sociales y bienestar social, de familia y de su diversidad, de protección del menor, de cohesión social y de atención a las personas dependientes o con discapacidad, de adolescencia y juventud, así como de protección de los animales.
En aquel momento, el nuevo comunismo posmoderno consideraba la protección a los animales como un eje de las políticas en materia de derechos sociales, situando a los perros y a los cerdos en el mismo plano que nuestros ancianos, nuestros niños, nuestros jóvenes y las personas con discapacidad.
Esto no fue una ocurrencia improvisada, sino que responde a la imposición de una agenda inspirada por corrientes culturales siniestras que sistemáticamente desprecian la condición humana y niegan que el ser humano disponga de una dignidad superior a la de cualquier simio.
Desde entonces no hemos visto ninguna reacción, mucho menos una crítica, de estos hechos por parte del Partido Popular. Antes bien, todo lo contrario. En el particular caso del Ayuntamiento de Pozuelo, les faltó tiempo para crear una concejalía de Agenda 2030, sin reparar en que no cuentan con ningún tipo de competencia en estas materias. La cuestión era sumarse entusiásticamente a la divulgación de una doctrina que se comporta como mascarón de proa de ese nuevo marxismo que busca deconstruir una cosmovisión sustentada por los valores tradicionales de la civilización occidental.
Uno de los exponentes pseudointelectuales de estas nuevas doctrinas atiende al nombre de Peter Singer. Este profesor de Princeton considera que un perro o un cerdo sanos tienen una consideración moral superior a las de un niño humano severamente discapacitado. Singer fue galardonado hace ahora menos de un año por la Fundación BBVA con el premio Fronteras del Conocimiento, “por haber realizado innovadoras contribuciones académicas que han logrado un amplio impacto en la esfera pública”.
En la misma línea, el pasado mes de diciembre, se publicaba en el B.O.E. el Real Decreto-ley 6/2023, de 19 de diciembre, por el que se aprueban medidas urgentes para la ejecución del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia en materia de servicio público de justicia, función pública, régimen local y mecenazgo, donde se establecía, entre otras, una serie de medidas de carácter fiscal. Concretamente, se modificaban algunos preceptos relativos al fomento del mecenazgo.
En la legislación española, los donantes pueden deducirse hasta el 80% de las aportaciones destinadas a entidades que persigan fines de interés general, tales como la defensa de los derechos humanos, de las víctimas del terrorismo, los de asistencia e inclusión social, el fomento de la economía social o la investigación científica, entre otros.
Con las modificaciones introducidas por los gobiernos de izquierdas al texto original de la ley 49/2002 de régimen fiscal de las entidades sin fines lucrativos y de los incentivos fiscales al mecenazgo, ahora se incluye entre las actividades que pueden ser objeto de una importante deducción fiscal las encaminadas a la defensa de los animales (sic).
Es evidente que la tarta total de dinero que los benefactores privados están dispuestos a donar es una cantidad limitada. De ahora en adelante, las asociaciones de pacientes con enfermedades crónicas y degenerativas (alzhéimer, cáncer, esclerosis lateral amiotrófica, etc.), las personas con discapacidad, los mayores dependientes, los sintecho, las minorías étnicas, los refugiados y demás colectivos especialmente vulnerables tendrán que competir con los perros y los cerdos para captar esos fondos que, como todo bien económico, son escasos.
La respuesta del partido Popular no se ha hecho esperar. Con fecha 19 de enero de 2024 la web del Ayuntamiento de Pozuelo publicaba el siguiente titular:
Pozuelo de Alarcón entrega el distintivo “pet-friendly” a los establecimientos que permitan la entrada de mascotas.
Caben aquí distintas interpretaciones. La primera sería creer que el Partido Popular se encuentra comprometido activamente como correa de transmisión de esta enorme labor de ingeniería social que tiene por objeto impulsar una cosmovisión profundamente anti humanista.
La segunda interpretación es que los dirigentes del Partido Popular son gente sin escrúpulos. No comparten estas nuevas doctrinas por la sencilla razón de que son gentes sin principios y sin valores. Simplemente se suman a las nuevas modas porque consideran que así aumentarán su popularidad, lo que les permitirá seguir chupando del bote alguna legislatura más.
La tercera interpretación que hago es que tenemos una corporación formada por sujetos cuya principal característica es la pura inanidad intelectual. Sencillamente, no son conscientes de lo que hacen. Con actitudes infantiloides, algunas se han propuesto pasar a la posteridad como las capitanas del mundo eco-yupi. Son, en definitiva, los tontos y las tontas útiles del neomarxismo del siglo XXI.
No me cabe duda de que las dos últimas interpretaciones le serían perfectamente aplicables a nuestra corporación pozuelera. La pregunta que cabría hacerse es qué opina de todo esto el Partido Popular de Madrid. Cada vez más gente empieza a creer que Isabel Díaz Ayuso y Pedro Sánchez son como Pimpinela. Pura comedia de dos políticos que, en el fondo, están en lo mismo.
Y a mí me aterra solo pensarlo.
Juan Pozuelo




