El Fantasma de don Agustín espera tener un verano tranquilo en el Ayto de Pozuelo aunque nunca se sabe: Aquí piensan las cosas después de tomar las decisiones. Como en las fiestas

No, los fantasmas no tenemos derecho a vacaciones.
Y aunque quisiéramos reclamarlo, no sabríamos a quienes hacerlo, ni tampoco habría sindicatos dispuestos a defender nuestros derechos.
No le importamos a nadie. Los partidos políticos no se ocupan de nosotros ni siquiera en periodo electoral, que es cuando más dispuestos están a dar soluciones a todos los problemas. Me temo que debe ser por aquello de que, los de nuestra especie no estamos incluidos en el censo electoral y, por tanto, no podemos votar.
Claro que, bien mirado, no diferimos, en esto, de los mortales, porque una vez celebradas las elecciones, de lo dicho a lo hecho hay un largo camino. Ya lo dijo un sobrevalorado alcalde de la vecina “villa y corte”, cuando tuvo el atrevimiento de ser sincero y reconocer públicamente que las promesas electorales estaban hechas para no ser cumplidas.
Pero el caso es que, en nuestro caso concreto y por motivos obvios, ¡nuestro voto no se lo disputa nadie! Y, por tanto, no les interesamos ni en época electoral.
Y por ello, no nos queda sino el recurso del pataleo, de intentar ser un poco como el “Pepito Grillo” e ir diciendo todo aquello que no nos parece bien y con lo que no estamos de acuerdo. Despertar la conciencia dormida de los ciudadanos, contando las cosas que suceden entre los bastidores de la política. Una actividad en la que, no creo sorprender a muchos si les digo que casi nada suele ser como parece.
Por eso me dedico, semana tras semana, a escribir unas líneas que no dejan de ser estas líneas, que no pasan de ser un simple desahogo, ya que estoy convencido de qué, si callase, tal vez llegara a poner en peligro mí, ya limitada, salud psicológica.
¡No pueden imaginar, la fortaleza psíquica que hay que tener para soportar, un día tras otro, lo que sucede entre estas cuatro paredes del Viejo Convento!
Espero que, en este mes de agosto, las cosas fluyan un poco más tranquilas. No tendré vacaciones, pero espero tener algo del sosiego que, lo empiezo a notar, necesito de forma casi desesperada.
La calma que espero tener, sin los sobresaltos que se originan al final del “pasillo del infierno”, me servirán, eso al menos creo, para poner en orden algunas ideas que tengo sobre cómo podría ser nuestro Pozuelo.
Aunque aquí nunca se sabe, y siempre es posible que surja algo inesperado que rompa la tranquilidad estival, como ya ha sucedido en algunos años anteriores.
Al menos tenemos ya claro que no habrá fiestas patronales tras las vacaciones. Ya son dos años sin ellas. Al final, la lógica de la razón se ha impuesto y la controvertida carpa, cuya instalación se había licitado, no se montará definitivamente.
¿Por qué se siguen pensando las cosas después de tomar las decisiones?
¿Por qué aquí siempre se da un paso hacia adelante y después dos para atrás?
¿Por qué no se tiene la sensatez de escuchar previamente a quienes saben de los asuntos?
Don Agustín “el Fantasma del Torreón”






