El Fantasma de don Agustín lamenta que la concejala de Cultura no se casase en Pozuelo y clama contra el concepto que tiene la alcaldesa de democracia y el uso de sus malos modos

¡Pues sí!, no tengo más remedio que reconocerlo. Estoy un poco decepcionado y hasta, por qué no decirlo, hasta enfadado.
¡Con lo que disfruto con las ceremonias nupciales!, y va la concejal encargada de los asuntos culturales y se casa en la capital. No llego a adivinar los motivos que habrá tenido para ello. Tal vez pensase que el salón de plenos de “la Casa” no era un marco suficientemente apropiado para el evento.
O quizás también ha podido suceder que haya sido el novio el que ha elegido el marco y el territorio. Ya se sabe que es mucho más importante ser concejal de Madrid que concejal de Pozuelo.
Pero ya puestos a elucubrar, podría ser que si la ceremonia se celebraba aquí debería oficiarla la alcaldesa y ni el novio ni la novia estaban por la labor. A lo mejor pensaban que esa circunstancia podría conllevar un “mal fario” y ellos querían que a la tercera fuera la “refinitiva”.
El caso es que, por unas u otras razones me he quedado sin poder estar presente en el enlace y, por tanto, sin tener ocasión de cotillear un poco. ¡Para un acontecimiento festivo que podía haber entre estas paredes, van y me lo chafan!
Está visto y comprobado que aquí solo estamos para las regañinas y los malos modos. Lo que sucedió la semana pasada en el pleno de mayo es una buena muestra de ello.
Esta vez le toco experimentarlo en carne propia al concejal de “Somos”, quién no solo tuvo que mantener el tipo ante la “clase magistral” que, sobre la aplicación de los métodos democráticos, pretendió darle la alcaldesa, sino que además se vio privado de su derecho a poder replicar a una intervención que, como suele ser habitual en ELLA, estaba plagada de medias verdades y que, por tanto, encerraba también falsedades de bulto.
A pesar de ser, esta que les cuento, una circunstancia que se repite con frecuencia, uno no termina de acostumbrarse a ella. La democracia, eso al menos piensan muchos y yo entre ellos, consiste también en los modos y las formas. Y si se pierden tanto unos como otras, se pierde también la razón, por muy cargado que se está de ella. Situación que además tampoco se daba en este caso.
Y cuando no se tiene razón en el fondo ni se respetan las formas lo único que cabe es quedar por encima, como el aceite. Y, por tanto, impedir las réplicas y el debate.
¡La última palabra, la mía!, que para eso soy presidenta del pleno.
Y en esas estamos.
Les he de confesar que paso muchas horas mirando el calendario. Que cuento y recuento, una vez tras otra, los días que restan para finalizar el presente mandato.
Que la única ilusión que aún me mueve es esperar esperanzado en que todo esto se termine por acabar.
Don Agustín “el Fantasma del Torreón”






