Crónica de los tres Plenos de la semana pasada en los que destacó la alegría de la alcaldesa Quislant porque hayan abierto las peluquerías y pueda volver a salir guapa en las fotos

Es lo que tiene estar confinado en casa que uno alterna tareas para intentar salir de la monotonía y pese a que es proverbial la inutilidad de los Plenos en nuestro Ayuntamiento, les confieso que “me lo trague” entero, desde la toma de posesión de Alberto (sexto concejal en la lista de VOX), hasta la despedida rutilante de nuestra alcaldesa pensando en la cita urgente con la peluquería, una vez que vuelvan a abrir.
Se inició la sesión con un “mal llamado Pleno Extraordinario sobre Covid19“ que no fue otra cosa que un monólogo de nuestra “lideresa-alcaldesa-plenipotenciaria”, relatando de forma aburrida y mortecina la gran cantidad de actividades que está llevando a cabo el ayuntamiento contra la pandemia (“mucho arroz para tan poco pollo, que diría aquel), producto sin duda de intentar seguir con su campaña de imagen ante los graves errores y la lentitud con la que se están tomando las decisiones en Pozuelo y las ansias permanentes de nuestra alcaldesa de reivindicarse ante la Calle Génova pensando ya en la legislatura siguiente.
¿La réplica de la Oposición?
Me dio la sensación de que “pasaban por allí“, entre los tímidos intentos de Unai de Somos (en mi opinión demasiado políticamente correcto con la que está cayendo); el infantilismo perenne de los “muchachotes“ de Vox; el miedo escénico “del que dirán“ de los apoltronados del PSOE y “la patrulla invisible“ de Ciudadanos, con esas sonrisas beatíficas de “paz y amor hermanos” de su portavoz tibetano.
Tras ese preámbulo, sin mayor pena ni gloria, se pasó a la sesión ordinaria. Un Pleno que, dadas las circunstancia, se preveía de “guante blanco“ pero que acabó resultando más que blanco, absolutamente descolorido.
La consigna estaba clara, nos lo aprobamos todo, todas las mociones salen adelante y así quedamos todos bien y parece que todos trabajamos por la ciudad. Bueno.. “A ver, todos salvo los “cuñaos” de Ciudadanos que a esos “ni caso para el tiempo que les queda en el convento”.
Ya les digo, escasos temas que comentar del Pleno. Resaltar, si acaso, lo aburridos que son “los muchachotes” de Vox con lo del gobierno social-comunista… A ver, Fernández, un pequeño apunte: Una cosa es que entendamos que recibáis la consigna desde vuestra dirección nacional-católica de atacar a los malvados comunistas, pero ¿es necesario repetir la misma payasada unas 30 veces en Pleno?
Pero claro, basta con observar el nivel del portavoz.
PSOE y PP se abrazaron “fraternalmente“, ya saben aquello tan recurrente en la vida de “que entre bomberos no nos vamos a pisar las mangueras”. Les confieso que me produce pesadumbre este pasteleo habitual de amagar el golpe pero ni tan siquiera marcarlo que tienen “los compañeros y compañeras” de Bascuñana.
Y qué decir de los naranjas. Acaban siendo siempre el sparring. A los pobres chicos de Ciudadanos, además de no hacerles ni puñetero caso, ni aprobarles su moción, es que les dieron por todos sitios.
Susana, en plan sádico, mandó al viceportavoz a que dé alguna clase de oratoria, interrumpiéndole de mala manera. Debe ser que le zumbó en una pregunta que fue muy bien intencionada sobre el Centro de Salud Emisora.
Son “tan blanditos”, les gusta poner tanto “la otra mejilla” que hasta el bonachón de Eduardo Oria se animó a las tortas generalizadas y acusó al “sin sal” de Damián Macías de cobardía por ocultarse detrás de su equipo.
Y de esta guisa transcurrió un Pleno llamado a ser importante para la ciudad y que, por primera vez, se desarrolló en un formato mitad presencial y mitad telemático. Pero, ya les digo, como es habitual en nuestro Consistorio no tuvo “ni chicha ni limoná”.
La alcaldesa, en definitiva, pasó el trago, cogió cita en la peluquería y a lo suyo. A continuar haciéndose fotos aparentando lo mucho que trabaja.
El Reportero Tributele





