El vandalismo en Pozuelo ha aumentado y es fácil de comprobar: Vendría bien una presencia policial más visible en las calles. Antaño se hacía y los vecinos nos sentíamos más seguros

Ninguna población, por alto nivel de vida y cultural que tenga, está exenta de actos vandálicos ocasionales. Pozuelo no es una excepción, si bien tengo la impresión de que últimamente han aumentado. Veamos algunos ejemplos.
Todos los años, cuando aún no ha llegado la primavera, pero las temperaturas ya no son invernales, la contrata de parques y jardines planta en algunos parterres de zonas ajardinadas plantas de flor. Debe resultarles muy frustrante y es lamentable ver cómo esa misma noche ya hay gente que ha arrancado algunas flores o se ha llevado plantas enteras.
Muchos viernes, tras comprar bebidas en el chino de la avenida de Europa 1, grupos de jóvenes organizan botellón en la calle Cerro de los Perdigones y sobre todo en el parque del mismo nombre.
El problema no es el botellón en sí, ni que a menudo usen el césped como lugar de paso para peatones, sino que, en el camino hacia el parque, las aceras y las zonas verdes suelen estar llenas de cristales rotos. Para los peatones no resulta agradable y para los perros puede resultar hasta peligroso. Y más cuando compruebas que esos cristales se suelen tirar allí toda la semana.
Hace pocos días, alguien se llevó un carro del supermercado la Plaza de Día, situado entre las calles Portugal y París, y lo abandonó en mitad del bulevar de la calle Francia.
Otro incidente reciente es que no sé a quién (o a quienes) se le ocurrió desmontar unos dos metros de la barandilla metálica del cerramiento de un pequeño parque infantil situado en la avenida de España, esquina con la calle Portugal, justo en la parte que da a la calzada. Se llevaron las piezas y las dejaron tiradas a la entrada del parque del Cerro de los Perdigones. Debo decir que, una vez avisada la Policía Municipal, tardaron muy poco en venir a repararla.
Un vecino me comentó que el otro día sorprendió a unos jóvenes tirando piedras a unas farolas de la misma zona (avenida de España-Cerro de los Perdigones). Cuando sacó su móvil para llamar a la policía, los gamberros le vieron y salieron corriendo.
Este mismo vecino me dijo también que tiempo atrás había visto a otros adolescentes, por el comienzo de la avenida de Europa, doblar un pino joven hasta casi troncharlo, dejándolo muy inclinado. Avisado el 010, a los pocos días enderezaron el árbol y le pusieron un tutor.
A lo descrito habría que añadir el aumento del número de pintadas en persianas y paredes de comercios, vallas de urbanizaciones y hasta papeleras.
Todo lo anterior no es ni mucho menos tan grave como lo publicado por El Correo de Pozuelo el pasado 12 de febrero en el artículo Delincuencia juvenil en el entorno del Colegio Público Príncipes de Asturias de Pozuelo de Alarcón.
Pero, en todos los casos, una mayor presencia de la Policía en las calles podría contribuir a prevenir el deterioro del mobiliario urbano y molestias a los vecinos. Antaño, esa presencia era mucho más visible y no me sentía en un estado policial. Lo que me sentía era más seguro.
Juan Pozuelo






