Ernesto Ladrón de Guevara: “España ha renunciado, por la incapacidad de sus políticos, a ser España para pasar a ser un pastiche que ya ha hecho irreconocible a la Nación”

Ernesto Ladrón de Guevara es doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación y diplomado en Magisterio. Fue procurador en las Juntas Generales de Álava por PSOE y Unidad Alavesa y fundador del Foro de Ermua. Gran conocedor de la realidad sociolingüística del País Vasco y Navarra, ha publicado recientemente un interesante y clarificador ensayo titulado Los Nombres Robados (Manipulación, falsificación y rediseño de los topónimos vascos) con la editorial Letras Inquietas.
La mayoría de las noticias publicadas por los medios de comunicación nacionales sobre la discriminación que sufren los hablantes de español en ciertas regiones de España se han focalizado, casi en su totalidad, en Cataluña, olvidando por completo otras, como, por ejemplo, el País Vasco o Navarra. ¿Cuál es la situación que viven en la actualidad los hispanohablantes en estas dos comunidades autónomas?
La situación del País Vasco y Navarra es absolutamente anómica. Me explico: La Ley de Normalización del Uso del Euskera obliga a modular las políticas lingüísticas de acuerdo con las diferentes realidades socio-lingüísticas de cada zona. Eso significa que las realidades sociales y lingüístico-culturales de las diferentes zonas en las que se dividen las provincias vasconizadas son muy diversas. Por ejemplo, un pueblo como Laguardia no tiene la misma realidad de usos lingüísticos que Lequeitio. Sin embargo, a nivel administrativo o de enseñanza se ha generalizado la inmersión lingüística en euskera como si en esas poblaciones los usos sociales fueran mayoritariamente en vascuence, cuando no es así.
O, no es lo mismo, en el caso de Navarra, una zona que no ha tenido presencia del euskera en toda su historia como Tudela que Leiza, que está situada en zona vascohablante. Por eso existe una ley de zonificación lingüística que el conglomerado formado por nacionalistas y la izquierda trata de dinamitar, para generalizar progresivamente la inmersión lingüística convertida en sumersión, en una ingeniería social que ya la experimentamos en Álava y que ha dado como fruto la hegemonía del nacionalismo donde apenas tenía presencia.
No debe tener el mismo tratamiento lingüístico una zona con una presencia del euskera cercana al cero porcentual que otra donde los usos del euskera son del 60%, si es que hay alguna, cosa que dudo.
Sin embargo, a pesar de los ingentes recursos públicos invertidos, el uso del euskera no ha avanzado…
Efectivamente. El mismo Gobierno Vasco afirma que los usos sociales del euskera no han avanzado apenas desde hace treinta años, a pesar del altísimo presupuesto público destinado en partidas muy variadas para promover el euskera. Eso quiere decir que la gente lo aprende por no perder oportunidades de acceso a puestos de trabajo de las administraciones públicas vascas, pero que, como no tiene utilidad práctica a efectos de comunicación, luego, una vez logrado el certificado de habilitación, lo olvida o lo deja al margen.
Lo que no es desde un punto de lógica y racionalidad, si es que eso existe más allá de quienes nos planteamos esta fenomenología socio-política, es que a los niños se les obligue a estudiar en los centros educativos en una lengua que no es la del entorno. Ni tan siquiera la ETB emite en euskera salvo en el canal testimonial ETB1, por algo será.
¿Por qué permite el Gobierno nacional que se discrimine a los ciudadanos que hablan español en España?
Pongo en cuestión que el Gobierno de España sea nacional, puesto que no hace políticas en clave de Estado. No hay acciones que tengan como mirada un modelo vertebrador de nación para lograr que España tenga una espina dorsal que articule las políticas nacionales. La lengua (española) y la educación nacional son los dos troncos de árbol esenciales para que exista un Estado nacional. No lo digo yo solamente. Lo afirman los principales politólogos de la educación en la esfera internacional.
España ni tiene un sistema educativo homogéneo que vertebre a la nación, ni unas políticas de protección de su lengua común, hablada por casi 600 millones de ciudadanos en el mundo, en eso que se llama la Hispanidad.
Es decir, España ha renunciado, por la incapacidad de sus políticos, a ser España para pasar a ser un pastiche que ya ha hecho irreconocible a la Nación.
Pero la pregunta es por qué hemos llegado a esto. Mi respuesta es que en la clase política, con la salvedad de Vox, no existe una idea de lo que es España, de la herencia cultural que da sustancia al concepto de la Hispanidad, y es legataria de lo que Roca Varea escribe en su libro Fracasología, es decir un complejo de inferioridad derivado del afrancesamiento del siglo XVIII y XIX, que nos llevó a renunciar a ser nosotros mismos y a tener el orgullo que merece el reconocimiento de nuestra historia imperial.
Perdóneme la expresión, pero yo creo humildemente que es un síndrome de estupidez que nos lleva a autodestruirnos, en un estado psicopatológico colectivo que no lleva a nada bueno, salvo a nuestra desaparición en corto tiempo si seguimos como hasta ahora.
¿Cuál es el objetivo político, cultural y social que persiguen los nacionalistas con la imposición del euskera frente al español?
“Las etapas que debe recorrer todo nacionalismo normal, y por tanto el nuestro, son tres, y por este mismo orden cronológico: Primeramente, la etapa social y cultural, en la que se va despertando y arraigando la conciencia de la nacionalidad renaciente. Esta es la etapa fundamental, la etapa de las escuelas, de las academias y ateneos, de las publicaciones científicas y literarias, de las cooperativas obreras, de los Congresos de Estudios, de las Semanas Sociales, etc. Viene a continuación, aunque sin cerrar la primera que sigue subsistiendo, la etapa política, durante la cual el Nacionalismo, por medio de sus representaciones parlamentarias y administrativas, trata de incorporar a la vida pública el conjunto de soluciones estudiadas y elaboradas durante la etapa anterior. Esta segunda es la etapa de las elecciones, de los mítines políticos y de todo el movimiento que esta clase de actuación trae consigo. Finalmente y subsistiendo de las dos primeras etapas llega la final, la del triunfo completo y pleno dominio”.
Esto es lo que decía en 1910 un ideólogo nacionalista que se llamaba Luis Eleizalde. Este plan que culmina en “el triunfo completo y pleno domino” lo han seguido a machamartillo, con una constancia y una sistemática digna de estudio.
Es un modelo característicamente totalitario, digno de los mejores diseñadores del Estado Nazi y recomendable para quienes quieran hacer un estudio comparado con el proyecto totalitario hitleriano. Recomiendo la lectura del libro de George L. Mosse La nacionalización de las masas. En el se describen los elementos configuradores de cualquier estado totalitario que se precie. Las similitudes son asombrosas.
La escuela y el adoctrinamiento político de los niños son el ABC de cualquier modelo totalitario. Y en eso el nacionalismo vasco y catalán son maestros.
En tu nuevo libro, “Los nombres robados”, denuncias que los separatistas, con la aquiescencia del Estado, han manipulado, falsificado y rediseñado los topónimos originales en el País Vasco y Navarra. ¿Cómo ha sido este proceso?
He de decir que la falsificación de la toponimia es una parte más de la ingeniería del proceso nacionalizador de las masas para llegar a preconfigurar cognitivamente a esas masas para que sean receptivas al disparate de la separación y de la idea infantil de la independencia.
Primero se hace sentir a la población que su historia está desconexionada del resto de España, que no tiene ni vínculos culturales, ni antropológicos, ni históricos con el resto de la Nación. Para ello nombres de pueblos como Salvatierra, Villarreal, Laguardia, Villanueva, Salinas de Añana, Bilbao, Fuenterrabía, Villafranca, etc. que fueron fundaciones reales con cartas puebla y privilegios, han de ser borrados del imaginario colectivo, poniendo en su lugar palabros que suenen a euskera, aunque no lo sean. Basta con cambiar las -c por -k, las -z por -tz, eliminar las -ch, poner -tx por todas partes o inventarse denominaciones inexistentes en la epigrafía, archivística o documentación histórica. Eliminando las fuentes se borra la historia y se transforma la cosmovisión de las personas, creando universos virtuales que en nada tienen que ver con la etnografía de las gentes y de los lugares. Eso es un crimen, pues a nadie se le puede privar del conocimiento de los hechos y realidades antropológicos y culturales pasados. Es una amputación insoportable.
Pero hecho esto, y creada la ficción de lo vasco al modo orwelliano, los pasos siguientes son la implantación totalitaria de una lengua que apenas ha tenido presencia social como es el euskera, la invasión de la escuela y el control de los medios de comunicación. El resto está a la vista.
¿Es todavía posible revertir esta dinámica de destrucción del patrimonio y del legado histórico?
Es posible con tres condiciones: Que las instituciones cumplan su función y que la Constitución vuelva a ser lo que dice y no lo que se hace. Que la población tome conciencia de estas barbaridades, vea los efectos de las mismas y asuma su responsabilidad colectiva. Y al respecto no digo más. Yo hago lo que está en mis manos en mi responsabilidad como ciudadano consciente. Cada cual debe cumplir su función. Y, por último, producir un cambio de paradigma cultural. El paradigma actual está controlado por el bloque de la izquierda destructora y del separatismo antiespañol. Esto debe cambiar o si no, no habrá remedio.
Desde nuestra posición como ciudadanos, ¿cómo podemos combatir la deliberada e intencionada erradicación del español en ciertas regiones de España?
Si todos nos ponemos a trabajar en la misma dirección, señalando a los culpables, comentando a nuestros amigos, vecinos, compañeros de trabajo, familiares y a quien se nos ponga a mano que este camino nos lleva a la ser pasto de quienes vigilan nuestra debilidad como lo hacen los buitres sobre sus presas para comer los despojos que queden tras esta acción devastadora sobre nuestra nación, será posible el cambio.
No es posible si nos dejamos que nos manipulen cognitivamente, nos hagan un lavado de cerebro, nos teledirijan como si fuéramos engranajes dentro de un sistema de modificación de conducta colectiva, y nos manejen como a títeres. Entonces, todo estará perdido. Y acabaremos como en una sociedad del tipo de lo que Orwell definió en 1984 o Un mundo feliz de Huxley.
A mí al menos no me hace ninguna gracia que me manejen como si fuera una marioneta.






