La Erótica del Poder consiste en la anómala e irracional forma de elección de candidatos en los partidos políticos: El jefe elige a dedo y lo demás no importa. (Los resultados pueden ser gloriosos)

El nombramiento de candidaturas para las elecciones refuerza en muchos de nosotros los jubilatas la mala idea que tenemos sobre el funcionamiento de los partidos políticos.
Más que defensores de los intereses del vecindario (o si se quiere decir de forma más fina: del electorado) dan la sensación de ser oficinas de empleo e, incluso, de ascenso para los más pelotas y enardecidos miembros de la claque.
La preparación personal, la valía del elegido por el gran jefe como candidato para algo, es secundaria. Lo que importa es que el elegido sea sumiso y genuflexo, sonría y aplauda cualquier palabrita o decisión del mandamás.
Que la valía es lo de menos se puede comprobar en cualquier momento y lugar: A alguien lo pueden proponer hoy para ujier, palafrenero o mozo de espuelas y, mañana, si ha abanicado bien el jefe, se tratará de ascenderlo a jefe de negociado o a primer jinete. Y si no es manso, a la dura calle.
Ejemplos vivos: Pedro y Pablo están condenando a las tinieblas exteriores a los susanistas (Pedro) y a los marianosorayistas (Pablo) porque temen que no les tiren besitos; a algunos los destierran, a otros los mandan directamente al cementerio político.
Si esos cambios o defenestraciones se debieran a la idea de que los cargos políticos (diputados, alcaldes, concejales) no debieran ser permanentes la cosa sería hasta plausible; pero, no, esos cambios se deben a la sola voluntad del jefe.
En nuestro entorno tenemos un buen ejemplo de ello. Hace unos días, los periódicos, tanto los de papel como los digitales, publicaron algo que nos afecta indirectamente. Decían que a un pepero obediente, cuya condición económica y profesional no era muy boyante, hace dos años los “genoveses” (los mandones de la calle Génova) lo nombraron jefe de gabinete de la alcaldesa de aquí, de Pozuelo.
Las lenguas (¿malas?, ¿largas?, ¿viperinas?) aseguran que la alcaldesa no lo recibió bien porque le había sido impuesto y cuando pudo lo puso de patitas en la calle.
Nadie pone en duda la capacidad laboral e intelectual del despedido o huido. Lo que ya es un poco más anómalo es que sin haber podido demostrar si vale para algo o no y como no le iba bien en Pozuelo ahora le manden a Majadahonda.
¿Qué es lo importante: el bienestar del elegido o el de los vecinos de uno u otro lugar? ¡Cosas veredes, amigo Sancho!
(Algunas de esas lenguas dicen que la propuesta como candidato para la alcaldía de Majadahonda de quien tuvo que dejar Pozuelo es una maniobra de la dirección pepera regional para darle en la jeta a la alcaldesa de aquí, quien ha sido propuesta como candidata por la dirección nacional después de comer jamón sin contar con la regional. Es decir: el cainismo en estado puro).
Después de lo anteriormente dicho, recapacitamos y nos da por examinar los currículos de quienes son propuestos como representantes o incluso gobernantes de un territorio (región, provincia, municipio).
Además de que no es excepcional que los tales no tengan nada que ver con el territorio, ocurre que muy pocos de ellos serían contratados para trabajar en nuestra empresa. Puede que se haya sido alguacilillo en una provincia del Noroeste y este año, en las elecciones, se le proponga como paniaguado en una del Sudeste o dejarlo con el culo al aire porque al mandamás se le antoja. Al fin y al cabo, se hace lo de siempre: lo que quiere el jefe.
Acaso en eso consista la erótica del poder: En jo…robar a quien le venga en gana.
La anómala e irracional forma de elección de candidatos en un año como éste en el que tendremos que hacer hasta cuatro elecciones (europeas, nacionales, regionales, locales) los resultados pueden ser contradictorios. No será raro que los resultados obtenidos por los diversos partidos sean muy diferentes en unas elecciones y en otras.
Algunos de mis colegas jubilatas me dicen que eso es lo que van a hacer: no votar en todas ellas al mismo partido. Y ¡sobre todo en Pozuelo! donde por lo que vamos viendo no todo el monte es orégano, o lo que es lo mismo: no todos los candidatos huelen bien.
El Cabo Possuelo





