Entre la emoción del Homenaje a la Bandera de España en Pozuelo y la decepción de ver a Enrique Ruiz Escudero chupando cámara junto a Paloma Adrados en un rincón de la Tribuna

La mañana de ayer tenía un plan. Acudir al Homenaje a la Bandera de España en la Plaza de la Constitución con un amigo. Luego nos iríamos a celebrar el cumpleaños de otro gran amigo y compañero de penas. El día amaneció prometedor.
Pero bajé solo. No quise que vinieran a buscarme a casa. Bajé paseando y recordando su hermosa sonrisa y pensando lo contenta que estará viéndome salir.
El Himno Nacional la ponía melancólica. Y la Bandera, en cambio, la ilusionaba. En las Olimpiadas de Barcelona, cuando su Majestad el Rey Felipe, desfiló con nuestra bandera. Y aquél orgullo de español y la emoción en los ojos de la Infanta. ¿Os acordáis? Ella. Mi señora y mujer afirmó: “Esto es lo que provoca un trozo de tela. Sentimiento español”. Y la miré mientras ella se quitaba unas lagrimillas que aparecieron en sus preciosos ojos.
La verdad es que es un orgullo sentirse español. Y serlo. Doble orgullo. La vida me ha hecho encontrarme con personas que no son españolas de nacimiento. Pero que, a día de hoy, se sienten españoles y aman nuestro país y nuestros símbolos, igual que nosotros. Por eso tenemos que ser generosos con aquellos que vienen a dar lo mejor de ellos mismos a nuestro país y compartirlo con todos.
De la misma manera, tenemos que ser más rigurosos con aquellos otros que solo vienen a vivir bien y de nosotros. Y con aquellos que hacen que nuestra convivencia sea peor.
No me quiero evadir. Pero de eso estuvimos hablando mis amigos y yo, mientras, sentados, esperábamos el desfile y el izado de bandera.
Y el acto empezó. La voz en of me sonaba. Carlos Ulecia. “Como el año pasado”, me dijo mi amigo. Tuvimos suerte porque nos daba el sol en la cara y con el día que había amanecido, un poco de sol no venía mal, por eso de entrar en calor.
La verdad es que el sonido de la voz de Ulecia me cansaba. Parecía una misa. Es un acto solemne pero no una misa. Aunque tengo que reconocerle que lo hizo bastante bien. A pesar de su carácter, prepotencia y soberbia. Estuvo razonablemente bien.
La entrada de las fuerzas y la señora Alcaldesa, fue puntual. Ella. Ella. Susana. Parecía que pedía permiso su pie derecho para avanzar con el izquierdo. Dudaba. No estuvo a la altura. Creo que a pesar de su esfuerzo por querer parecer una autoridad. No pasa de ser una simple concejala. Y lo digo con el máximo de los respetos.
También la Tribuna de autoridades reflejaba mucho de lo mismo. Y, en primera fila, Enrique Ruiz Escudero. No sé si como Consejero o como Presidente del PP de Pozuelo… Mira que le gusta figurar al hijo de Carlos.
Le miré con mis prismáticos. Vaya. Enrique era todo pose pero estaba en un rincón. De ahí que no sonriera. Hierático tirando a cabreado. Como un témpano de hielo. Mientras se podía ver a otros políticos hablar entre ellos y moverse, Enrique permanecía inmóvil en su sitio. Estatua de sal. Puf. Me dijo mi amigo: “No debe dormir bien”. Los dos nos reímos. Y le devolví los prismáticos.
Qué curiosa es la vida, a Ruiz Escudero lo habían puesto al lado de Paloma Adrados, al final de la tribuna de autoridades. Junto a esa mujer, precisamente, a la que su familia y él mismo han faltado al respeto un día sí y otro también. Lo sabemos muchos. Y ahí está. A su lado. Alguien que, junto a la Alcaldesa Quislant, le hizo ganar las elecciones locales.
Un hombre entre dos mujeres a las que ha criticado duramente. También estaba Yolanda Estrada, tan de moda ahora. Pero no estaba en la tribuna de autoridades. Supongo que Estrada no necesita postureo.
Tres mujeres a las que odia infinitamente Enrique Ruiz Escudero. Tres. Mi mujer me diría que su odio, quizá, sea al género femenino. La recordé y sonreí. Ella era un poco feminista. Pero el tema huele. Y mirad que a mí lo del feminismo me da exactamente igual y me resbala. Pero curioso, es.
Ay, querido Enrique Ruiz Escudero que cruel va a ser la vida contigo… Aislado, protegido solamente por el cadáver político de Ángel Garrido y acompañado únicamente por sus promesas a muchas personas de Pozuelo.
Ay, querido Enrique Ruiz, se esfuma tu sueño… Lo que tu darías por desfilar pasando revista a la tropa siendo alcalde de Pozuelo…
Recuerdo tantas historias…
Ay, querido Enrique, las iré contando. Queda tiempo. A mí, mucho. Y a ti, poco, políticamente hablando. Ya solo te queda chupan cámara…
Y empieza el izado de bandera. Y el Himno. Nuestro Himno.
Va por ti, amor. ¡VIVA ESPAÑA!
Sorpresas de la vida.
El viejo rockero JP.






