Dimitió Soraya Sáenz de Santamaría y dejó la política. Perdió y actuó en consecuencias, dando una lección de ética política a aquellos que solo entienden la política como un servicio a sí mismos

Reiniciar el curso político con todo lo que ha llovido este verano, parecía un momento impensable.
Me he enfrentado a esta página en blanco varias veces en todos estos días. ¿Cómo empezar? ¿Qué destacar? ¿De qué hablar?
Realmente mi cabeza selecciona tantos temas importantes con los que reflexionar con vosotros que, cuando la limitación de palabras se materializa, me encuentro que es prácticamente imposible hacerlo con un mínimo de orden.
Ha sido el mes de agosto de la mayor política caótica, sectaria, derrochadora, impresentable, partidista y divisoria que hemos tenido en nuestro país en muchos años.
Si, amigos, en muchos años. Y eso que el Presidente del Gobierno se ha pasado unas vacaciones como un marajá. Que si no. Bueno, no sé qué hubiera sucedido.
La política que nos ha traído la izquierda radical nos debería hacer reflexionar a todos. ¿Este es el país que queremos?
Creo que no. O, al menos, yo no lo quiero.
Sin embargo, el lunes por la tarde, los medios nos dieron un nuevo titular. Soraya deja la política. La ex vicepresidenta del gobierno de Rajoy, deja su escaño.
Ante esta decisión, a mí que gusta tanto la política y que admira a muchos políticos por su buen hacer, paré y reflexioné. Y llegué a la conclusión que los buenos políticos saben cuándo deben decir “hasta aquí”.
Si, hasta aquí.
Hablemos de las primarias del PP.
Soraya se colocó en primer lugar frente a otros candidatos en la primera vuelta de las primarias del Partido Popular. Todo auguraba que podría ganar. Sin embargo los compromisarios decidimos que sería Pablo Casado nuestro Presidente. El Presidente del Partido Popular. Y Soraya perdió.
Sáenz de Santamaría siempre ha gozado de la confianza del que fue presidente del Gobierno de España, de quien fue una gran colaboradora. Un presidente que fue expulsado de Moncloa gracias a la estrategia electoralista de Albert Rivera y el acuerdo inmoral del PSOE con defensores de asesinos, separatistas y la izquierda más casposa y dañina que hay en España.
Soraya ha sido la vicepresidenta. Una mujer joven, preparada, gran política y con un magnífico currículum profesional. Y, tras la decisión del lunes, ha demostrado, además, saber cuándo tenía que decir “Hasta aquí”.
Mi respeto a su decisión y mi aplauso a la mujer, a la política y a la ex vicepresidenta.
Así deben ser los grandes políticos. Y por eso se diferencian de los charlatanes que hay en la cosa pública.
Porque en política cuando uno pierde unas elecciones internas, sobre todo cuando uno tiene el poder debe preguntarse ¿por qué? Debe reflexionar. Y asumir su responsabilidad. Y dejar pasar a otros. Para que haya aire fresco. Cambio. Ilusión. Y un nuevo rumbo para el partido político del que recibieron su apoyo en algún momento de su carrera.
A esa actitud se le denomina lealtad con las siglas. Lealtad con sus compañeros. Y lealtad con el proyecto político que un día representaron.
Pablo Casado ha demostrado ser un gran presidente con tan solo dos meses en el cargo. Ha integrado a todo aquél que ha querido hacerlo y cuenta con todos. También se lo ofreció a Soraya. Un buen político como él sabe integrar y sumar. Los malos dividen y restan, por eso Pablo nos ganó a la inmensa mayoría de afiliados. Aquí en Pozuelo, a pesar de las trabas que tuvo que sortear, ganó desde la primera votación.
Soraya perdió. Y aún siendo en una votación la primera. Ha sabido asumir el resultado del Congreso. De forma acertada o no. Pero así lo ha hecho. Como los grandes políticos.
Por su juventud y experiencia yo esperaba que se integrase. Siempre he confiado en que quedaba mucha Soraya, aunque este no fuese su momento. Mis esperanzas se han vuelto en una realidad que, analizada fríamente, quizá es la mejor lección que nos ha dado a todos esta gran mujer.
Saber irse. Conocer su momento. Dejar el camino libre para los demás. Seguir con su vida. Alejarse de la política. Respirar aire nuevo. Decir, “Hasta aquí” y ser agradecida con aquél gran presidente que confió tanto en ella.
Pocas palabras más para ella. Soraya Sáenz de Santamaría, gracias por todo lo que has hecho por nuestro país y gracias por dar una lección de ética política a aquellos que no entienden la política como un servicio a los demás, sino como un servicio a si mismo.
Gracias y mil veces. Gracias.
Yolanda Estada







Estimada Yolanda. Las formas y maneras de despedida de Saenz de Santamaría no han sido las mejores. El desplante a sus compañeros y su despedida por un comunicado, por la tarde y sin apenas previo aviso denota una soberbia y un mal perder que no concuerda con tu artículo.
Un saludo
Muchas gracias por su participación. Saludos