Consideraciones sobre un Pleno frío y distante en el que Quislant lloró no se sabe si arrepentida de no haber venido cuando murió Allende o fingiendo una pena que no mostró nunca

Este es un artículo que nunca hubiera querido escribir pero sabía que tendría que hacerlo ante la postura política-farisaica que adoptaría la alcaldesa Susana Pérez Quislant cuando volviese de sus vacaciones en el Caribe y se enfrentase con la realidad de la muerte de uno de sus concejales…
Se cumplieron mis pensamientos y aquí estoy escribiendo este artículo necesario por otra parte para que no se reescriba la historia de una mezquindad política y que ayer tuvo su primer acto. Vendrán más. Pero como me duele hacerlo, no seré hoy muy extenso.
Ayer, en el cuarto día de las Fiestas de Pozuelo, se celebró un Pleno Extraordinario en el Ayuntamiento de Pozuelo para la “toma de conocimiento del fallecimiento” de Manuel Allende. Algo imperativo según la legalidad vigente o eso nos contó Gonzalo Cerrillo, el secretario del Pleno.
Pero sea como fuere, lo cierto es que fue un Pleno impropio y no quiero usar otro adjetivo (aunque podría) porque, además, cuando terminó no entendí nada. Pero como lo considero que es mi obligación haré unas consideraciones por partes…
Primero porque se demostró que no había ninguna prisa por celebrar ese Pleno. Se podía haber esperado a la semana que viene y no hubiera pasado nada. No hacía falta que un acto de dolor se celebrase con bullanga en la calle… No había necesidad.
¿A qué vinieron las prisas? ¿Tenía ganas la alcaldesa de mostrar su dolor por el compañero muerto?
¿Quería tapar cuanto antes que no mostró dolor en ningún momento cuando se enteró de su fallecimiento y siguió con la piña colada tuiteando?
No lo sé. Pero, a simple vista, lo parece.
Y debía de haber mucha prisa porque todo parecía improvisado y frío. Tres minutos distantes, pese al llanto de Susana Pérez Quislant y unas flores sobre un escaño. Nada. Ni siquiera se recitó un poema. Ni siquiera alguien dijo que Manuel era un hombre bueno. Ni siquiera, ¿por qué no?, un saxo, de tantos y tan buenos como hay en Pozuelo, hizo sonar su voz ronca con “La muerte no es el final”. Nada. Todo se hizo en tres minutos. Dos de Cerrillo explicando qué hacían allí y uno de silencio, cronometrado por Isabel Pita.
A la alcaldesa se le quebró la voz al empezar el Pleno pero su llanto no era creíble… No lo era… Era un llanto de plañidera… Profesional en su forma de hacer política. Salvo que fuese de arrepentimiento por haber dejado solo a Manuel Allende y que se fuera de Pozuelo a escondidas…
Lo diré ahora, lo pensé entonces… Manu se fue de Pozuelo por la puerta de atrás, como se enterraban a los asesinados por la banda terrorista ETA en los años del plomo en su querido País Vasco…
Lo sé bien. Y él, precisamente él, no lo merecía…
Si Susana Pérez Quislant lloraba arrepentida, insisto, por tan impropio comportamiento, es perdonable. Si era fingiendo pena, no. No mostró nunca ninguna pena. O no lo demostró.
Me dicen que, posiblemente, la alcaldesa convoque otro Pleno para homenajear su memoria… Yo no me lo creo. Es posible que lo convoque pero no para homenajear la memoria de Manuel Allende sino para intentar borrar de nuevo su inadecuado proceder en este tema tan sensible…
(Por si alguien lo quiere ver, este es el vídeo del Pleno Extraordinario de ayer)
El Capitán Possuelo






