La victoria de Pablo Casado es la derrota de Enrique Ruiz Escudero, que debería dimitir ya como Presidente del PP de Pozuelo. Por dignidad política. Un artículo de El viejo rockero JP

Empecé ayer a hacer la maleta. Me voy con mi hija a la playa. Cádiz. Rota. Esas playas. Esos recuerdos. Tuve que sentarme en nuestra cama. Taparme la cara con las manos. ¡La echo tanto de menos! Mi primer verano sin ella.
No he terminado aún la maleta. No me importa. Me he negado a que viniera mi hija a ayudarme. A veces creo que piensa que soy muy viejo. Muy mayor. Pero no lo soy. Soy un hombre triste que echa de menos a su mujer. Un hombre que la sigue amando y recordando en cada letra de las canciones que escucha. En cada calle que paseo. En el supermercado. Hasta en la barbería. La echo de menos siempre.
Por eso escribo en este periódico y hablo de política para intentar llenar algo ese vacío. Y a veces lo consigo.
Normalmente hablo del pasado pero hoy me vais a permitir que hable de futuro. La elección de Pablo Casado y sus ideas políticas me han devuelto la fe en el Partido Popular.
Espero que esa elección venga bien a Pozuelo y pongan las pilas aquí. Echen a los malos políticos que tenemos (que son muchos) y renueven la sede de la calle Las Flores.
También tengo que decir de entrada que no hablo en nombre propio sino de un grupo de amigos. Yo no estuve en el Congreso Extraordinario del PP. Ni era compromisario ni me invitaron pero sí estuvo uno de mis amigos y nos lo contó ayer en una tertulieta. Y es una historia muy divertida.
De esto hablamos:
Enrique Ruiz Escudero apoyó a Cospedal desde el principio. No porque a él le gustase, sino por orden de Ángel Garrido. Le aseguró que si ganaba Cospedal, él tendría confirmada la candidatura a la Alcaldía de Pozuelo, a pesar de Pío. Este hombre aún no se ha enterado que él no llegará nunca a ser Alcalde.
Si acaba de perder como presidente entre los suyos, ¿cómo pretende ganar entre los vecinos que ni conoce?
Pero de ilusiones también se vive y Garrido, el presidente de la Comunidad de Madrid, puso todo su aparato para apoyar a Cospedal. Y los ataques contra Pablo Casado y Soraya eran públicos y notorios. Las críticas y los dichosos máster… Fueron tan graves que Pío García Escudero tuvo que llamarle al orden…
Pero, el 5 de julio, como Cospedal no pasó a la segunda vuelta, Garrido se tiraba de su corbata una y otra vez. No le llegaba el oxígeno. Y Enrique perdió el color.
Se quedaron a dos velas. Luego, con una visión de político menor dio orden de apoyar a Soraya. Otro batacazo. Y Enrique ya no sabía dónde meterse. Enrique siempre ha sido la voz de su amo porque no tiene una sola idea política y ahora se mostraba desorientado.
Contaron en la mesa que Enrique fue al Congreso con una credencial en blanco de invitado en la que ni siquiera estaba a su nombre. Y se posicionó al lado de Pedro Rollán, que iba en la candidatura de Soraya, por orden de Garrido. Quienes estuvieron cerca de él, cuentan que no aplaudió a Casado ni una vez. Ni siquiera a Rajoy. Bueno, a Rajoy sí le aplaudió pero con desgana ya que se pasó todo el Congreso entre cuchicheos con su amiga Rosalía González y el perdedor Rollán.
Mi amigo dice que su cara era un poema ya que ni era compromisario, ni ninguno de los compromisarios de Pozuelo, más de siete, eran suyos. No podía arrimarse a ninguno para consolarse o echarle la culpa a alguien. Seguro que a Ángel Garrido… Enrique siempre tiene a alguien a quién echarle la culpa.
Pero es igual, Enrique no representa a Pozuelo. Ya no. Desde que perdió unas elecciones internas, no nos representa. Soy muy viejo, quizás. Pero tengo algo de sentido común.
Los afiliados del PP de Pozuelo estuvimos muy bien representados por tres compromisarios elegidos por nosotros que dijeron claramente que iban a votar a Pablo Casado. ¿Por qué? Porque es lo que decidimos los afiliados.
Uno de la mesa preguntó de pronto: ¿Quién es Ana Dávila?
Nadie tenía ni idea. Si, Ana Dávila, insistió. ¿Quién es?
Yo le dije que no lo sabía pero ese nombre me ha llegado por tres vías diferentes. Debe tener mucha influencia en Enrique.
Da igual, lo de Ruiz Escudero ya es pasado. No es nadie. Yo que él dimitiría por dignidad política. Aunque no creo que nos caiga esa breva.
A ver si el PP de Madrid, entonces, reacciona y pronto nos quita esta lacra de encima. Los afiliados necesitamos ilusión y trabajo. Y Enrique no lo ofrece. Nunca lo ofreció.
Y me marcho. Creo que estoy un poco mejor. “Ella” me ayuda a desahogarme. Y la política, también. Os deseo felices vacaciones.
Hasta siempre.
Sorpresas de la vida.
El viejo rockero JP.







Eso es lo que a vosotros os gustaría, pero no va a ser así
Muchas gracias por su participación. Saludos