Lis Cuesta rescata el papel de primera dama en Cuba después de 60 años

A Fidel Castro, obsesionado con el poder, jamás le importó el protocolo occidental. El puesto de primera dama permaneció siempre desierto. A su hermano Raúl tampoco.
Casi sesenta años después de tipos duros, que manejaron la nación como un feudo, aterriza en el Palacio de la Revolución un guajiro de Falcón. Miguel Mario Díaz-Canel Bermúdez (58) tiene fama de tolerante y amistoso. De momento, sin un proyecto político claro, su gran revolución ha sido devolverle a la mujer su papel público y permitir que su esposa ejerza como primera dama. Aparecer con su cónyuge Lis Cuesta Peraza (47 años), tomarla de la mano afectuosamente y dejarse fotografiar con ella es una actitud normal en cualquier otra parte del mundo, pero no en Cuba. Díaz-Canel estuvo previamente casado con Marta Villanueva, estomatóloga de profesión y madre de sus dos hijos.
Lis Cuesta nació en 1971 en Holguín, una provincia en el este de Cuba. También está divorciada y tiene dos hijos con su primer marido. Su formación es amplia y cuenta con gran experiencia en diversos ámbitos como la educación, la cultura y el turismo. Se licenció en Educación y posteriormente, cursó un máster en Ciencias Pedagógicas. Ha sido profesora en el Instituto Superior Pedagógico de Holguín y ha desempeñado diversas responsabilidades en el sector cultural, entre ellas directora del Centro Provincial del Libro y la Literatura de Holguín y del departamento de comunicación del Sectorial Provincial de Cultura.
Cuesta Peraza trabaja en la agencia turística Paradiso del Ministerio de Cultura, con sede en La Habana y sucursales en España y Portugal. Por su trabajo, ha participado en eventos nacionales e internacionales, en Argentina y México, entre otros países, y ha acompañado a Díaz-Canel en viajes oficiales a Japón, Corea del Norte y Bolivia.
A pesar de su extenso curriculum, Lis Cuesta Peraza era una gran desconocida para la inmensa mayoría de la población. Poco a poco, tras el ascenso de su marido a la presidencia, comienza a hacerse un hueco en los medios de comunicación. «El rol de primera dama lo desempeñaría bien, pero ella está capacitada para convertirse en ministra, bien de turismo, cultura o educación», declara una persona que coincidió con ella en un simposio, pero que prefiere no identificarse.
Diversas fuentes que trataron con ella en Holguín la describen como una mujer de carácter, muy discreta, de trato afable y buena amiga. «Una cubana como otra cualquiera, que le gusta bailar en las fiestas y tomarse una cervecita, pero es conservadora en su forma de vestir». Sin embargo, en una foto en Santa Clara, el pasado 11 de marzo, se le vio un tatuaje en su espalda y un atrevido vestido de estampado geométrico.





