Francisco Granados es un miserable por muy tarde que se acueste y por muy temprano que se levante. Sus acusaciones directas y veladas sobre Cristina Cifuentes son propias de un personaje ruin y mezquino

Hoy escribo estas palabras desde el inmenso orgullo que siento por ser mujer. Mujer. De ser mujer.
Defensora de lo femenino. Defensora del hecho diferencial. Si. Yo no soy como un hombre. Soy diferente. Soy mujer. Y me siento estupendamente bien. El problema lo tienen aquellos que en el género encuentran la única manera de atacar a una mujer.
Yo les llamo miserables. Ni siquiera machistas. Los machistas son criticados por las feministas de “postín”. Los miserables se aprovechan, además, de que sus palabras no serán criticadas por el sector progresista de nuestro amado país. Y lo saben. El objetivo de estos personajes son mujeres. Inteligentes. Muchas veces, atractivas física y psíquicamente. Mujeres que no pasan desapercibidas. Y que el miserable necesita terminar con ellas. Desde la mentira. Desde la ruindad. Desde lo zafio. Desde la silla en una sala de un juzgado como presunto corrupto. Y lo peor, algunos medios le dan tanta publicidad, que la mentira se multiplica. Y el daño aumenta. Hasta límites insospechados.
Ladrona y mujer de vida alegre. Casi le ha faltado decir a nuestro ex flamante Secretario General del PP de Madrid, que Cristina Cifuentes fue quien escondió en ese altillo de su vivienda familiar, aquel millón de euros. Millón que ninguno creímos que apareció allí de la nada.
Siempre he defendido, defiendo y defenderé la presunción de inocencia. Soy demócrata y creo en los valores y principios de nuestra Constitución. He criticado autos de prisión provisional que han durado años y años sin celebrarse un juicio justo. Defiendo que los jueces no deben decidir quiénes deben dedicarse a la política. Ni ellos ni los fiscales. Y menos esa policía que califica delitos sin tener que hacerlo. Luego todo esto se filtra y acaban con la reputación de una persona.
Leí una entrevista al juez que abrió el caso Lezo (Ignacio González, entre muchísimos). En ella, el juez Eloy Velasco dijo, sin rubor alguno, que si un juez se equivoca, no pasa nada. Total hay cinco instancias para saber la verdad. Es decir, un inocente podría recurrir después de ser condenado. Y después de …20 años, demostrar que era inocente. Al final el sistema nunca falla. Pero esa persona estará muerta, en el mejor de los casos, y, en el peor, viviendo de la reputación que una condena le han colgado.
Si, amigos, defiendo la presunción de inocencia. Y no comprendo que algunos aleguen nuestra Constitución como argumento contra la prisión permanente revisable, por ejemplo. Y, sin embargo, condenan a un político por una simple investigación o imputación judicial. Es un peligroso juego en el que yo no estoy dispuesta a entrar. Ni antes, ni ahora ni nunca.
Pero el caso de esta semana, es diferente. Yo no voy a condenar a Francisco Granados por los delitos que le están imputando. Ni a Granados ni a ningún político de mi partido o de otros. Sin embargo, hoy, afirmo con absoluta certeza que para mí Granados es un miserable.
Un presunto corrupto que falta el respeto a una mujer, por el hecho de serlo, y con el titular calentito, cuela una calumnia que no puede probar.
Ay Paco, las generalidades que usaste como “Todo el mundo sabe….” se pueden volver en tu contra. Porque lo que Todo el mundo sabía de ti, ahora saldrá. ¿Has medido las consecuencias?
Yo conocí a Cristina Cifuentes en esos años. Y aunque Granados no me considere “todo el mundo”, os voy a contar lo que yo sabía de la presidenta.
Cristina estaba en el partido, creo recordar en el Área de Territorial. Intentando arreglar desaguisados que, fundamentalmente, generaba Granados. Lo tenía difícil. Intentó cambiar cosas en el partido. También en los Ayuntamientos. Y ahí les salió rana. “La rubia se enfrenta a nosotros”. Y la rubia fue desterrada.
Así fue. Y eso, querido Paco, “lo sabe todo el mundo”. No comulgó nunca contigo. Y con Ignacio González, tampoco.
Yo me pregunto. Si en vez de Cristina, su nombre hubiera sido como el tuyo, Paco. ¿Hubieras violado su intimidad, su imagen y su buen nombre como has hecho con ella?
No voy a reproducir las miserias de una persona como tú. Las conocemos “todos”.
Esta semana has hecho daño a dos familias. Cónyuges, hijos, hermanos… y muchos se aprovecharán de esto para dudar de Cristina.
Pero lo más grave es que, mañana, podrías hacer que tu familia también sufriera. Y terceras y cuartas personas que han pasado por tu vida y a lo mejor les has hecho un flaco favor. Piénsalo.
Pero claro, nadie se iba a creer que Cifuentes manejaba dinero b con Ignacio González, según tus acusaciones. Si esta declaración no la hubieras adornado con una novela rosa. En fin.
La vida es un boomerang y a veces uno recibe de su propia medicina. Cifuentes se va a querellar contra ti. Y es lógico. Las mentiras y acusaciones hay que demostrarlas. Pero, ¿cómo se cura el daño que ya has hecho a tantas y tantas personas?
Por eso mi artículo de hoy lo escribo desde mi género. Mujer. Porque estoy convencida que si la presidenta en vez de ser mujer, hubiera nacido hombre, estas acusaciones y violaciones y mentiras sobre su intimidad no se hubieran producido.
Gracias.
Yolanda Estrada






