La reforma de la Constitución de 1978 y los argumentos falaces que se están empleando. Un artículo de Antonio Luis de las Eras

Estamos en un período en el cual se habla mucho de reformar la Constitución española de 1978 y uno de los argumentos más falaces que se utilizan es que la constitución no está adaptada al tiempo actual, que España ha cambiado mucho es los 39 años transcurridos desde su aprobación y que la Constitución fue votada por los españoles que tienen hoy, al menos, 60 años, es decir un porcentaje pequeño de la población actual, por lo que no se sientes concernidos por ellas la mayoría de los españoles que no la votaron.
Evidentemente este último es el más falaz de los argumentos, es una cortina de humo puesta delante de los ojos de las personas de buena voluntad para ocultar intereses espurios, intereses poco claros y que están ligados a la anulación de la Constitución que más ha durado en España en dos siglos y la que más progreso y años de paz ha proporcionado el pueblo español.
Si nos fijamos en algunas constituciones de los estados más importantes del mundo occidental, nos encontramos con lo siguiente: Reino Unido de la Gran Bretaña, no tiene Constitución escrita, por lo que nunca ha podido ser votada desde la Revolución de 1688; Estados Unidos de Norteamérica cuya constitución fue ratificada por el Congreso en 1788; Francia, la Constitución que fundó la V República es de 1958; Italia cuya constitución es de 1948 y Alemania cuya ley fundamental tiene fecha de 1949.
Evidentemente, si la mayoría de edad que permitía votar en esas fechas eran los 21 años, lo mismo que ocurrió en España en 1978, es posible que aún existan franceses vivos que votaron la Constitución de la V República, pero con no menos de 80 años, mucho más difíciles que existan italianos, con 90 años, y alemanes con 89 años, todos ellos más viejos que los votantes españoles de 1978, y con tantos por ciento de la población actual inferiores a los que representan las españoles que votaron. No incluimos por absurdo a ingleses y norteamericanos. Y todas las Constituciones de estos países siguen en vigor y nadie pide cambiarlas porque una mayoría de ciudadanos no las hayan votado.
Si la Constitución española se considera que tiene que ser modificada, pues modifíquese, pero no se destruya ni se anule para partir de cero como se insinúa con falaces argumentos como el expuesto.
La Constitución norteamericana en sus 229 años de vida ha sido actualizada por 27 enmiendas, la última de ellas aprobada por el Congreso en 1992. En un período de tiempo similar, España ha pasado del Antiguo Régimen a la España actual a través de regímenes liberales, conservadores, dos dinastías, dos repúblicas, cinco guerras civiles (tres carlistas, una cantonal y la de 1936), 6 constituciones, incluido una no nata, y dos proyectos de constitución, la pérdida de un imperio mundial y de su estatus de potencia.
Si comparamos la situación actual de EE. UU. con la de España, el problema de la caída de un Estado y el auge del otro tiene muchas motivos y explicaciones, pero hay uno muy claro, la ESTABILIDAD CONSTITUCIONAL de uno y el cambio constante de Ley Fundamental en el otro.
Reformemos la Constitución sí hace falta, y en aquello que sea necesario, con argumentos claros y razonables, pero no la reformemos con argumentos espurios que tratan de echar humo a los ojos y así conseguir objetivos no confesables.
Antonio Luis de las Eras






