Ortega Lara. Veinte años después, sigue el oprobio y nada cambia.

En plena festividad estival, llena de folclores, recuerdos y noches por disfrutar es el tiempo de volver la vista atrás y recordar que a pesar de haber transcurrido más de siete mil trescientos días…poco hemos cambiado.
José Antonio se encontró un día en un cubículo, mugriento y miserable de apenas tres metros de largo, dos y medio de ancho y una altura que alcanzaba los 185 centímetros en los que tuvo que padecer la pena de los que, siempre es así, nos liberan de la dictadura y, además, ellos sí, saben lo que quiere el pueblo, porque ellos son y lo representan, y es por lo que saben lo hay que darle al ciudadano, incluso, aunque los mismos lo desconozcan.
Y tocó, por supuesto que tocó “asesinato en vida…que salió frustrado” y durante más de quinientos días, con sus noches…”lo secuestré porque era mío “y el argumento de su pertenencia política (pepero, en aquellos turbios y desdichados días, no muy distintos a los de hoy en el mismo territorio español ) era una prueba de cargo, suficiente, para la pena impuesta por el “pueblo”…que eran/son ellos fuese justificada.
No conozco a José Antonio, pero vistas las imágenes, recordadas aquellas fechas, aquel aspecto físico tan próximo a los Gulags y a los campos de exterminio nazis, solo pude pensar ¿de qué pasta está hecho este tío, para haber podido soportar quinientos treinta y dos días…allí abajo?
Unos le llaman convicciones, otros el hijo que apenas conocía, sin duda un gran deseo de vivir, que él mismo reconoció que se le estaba apagando…esa era la pasta y el ejemplo a seguir.
Pero pasados los días de vinos y rosas, alcanzado el punto de no retorno, imagino yo, en forma de voto…, sus propias compañeros de partido, le pusieron la alfombre roja y le “obligaron“ a salir. Resulta paradójico que te dejes la vida por ideales y creencias y pasada la pena y el calvario…te despiertes una mañana y al irte a poner la chaqueta te lo impida el cuchillo que te han dejado clavado al final de la cerviz. Culpable por tener principios, mantenerlos y, lo más peligrosos de todo: defenderlos…esa es la sentencia.
No imagino, al estar de vuelta de todo, tras la experiencia vivida, qué podrá pensar sobre esta España cainita, trivial y tan olvidadiza y sobre lo dicho, estos días, por distintos individuos que nos muestran el futuro camino del totalitarismo, sobre él y su continuidad en Miguel Ángel Blanco adalides de la libertad y del vivir sin miedo. Ambos lo han pagado…realmente para nada.
Y entronca todo con un PP de Pozuelo de Alarcón, preocupado por si sigue o no Susana, o llega Adrados, la primera como la hada malvada y la segunda como oportunidad redentora. Los de azul sabrán, como ciudadano ¿qué esperanza se puede tener en quién, habiendo ganado las elecciones, escapa al refugio de la Comunidad poniendo de manifiesto con su acto, su respeto por los votantes que la eligieron?.
Está claro que siempre hay un interés, para el partido, en el caso de Ortega Lara que fuese silente y estuviese de acuerdo con las trágalas, por ejemplo con la salida de la cárcel de Bolinaga secuestrador y cobarde; en el caso de nuestra alcaldesa por Asamblea, entiendo yo, porque es tal el desastre y tan alto el riesgo – en las próximas elecciones – que nadie está dispuesto a inmolarse con riesgo de oposición o gobierno en minoría…
En cualquier caso y para ambas, extensible a todas, todos, todes y demás – añadan cualquier partido de cualquier tendencia – si tras dar ejemplo de vida, ideales y lealtad, al Sr. Ortega Lara, lo fueron empujando hasta que él solo se marchó…qué no harán con cualesquiera del resto, cuando su tiempo se haya pasado…
Me pregunto, si merece la pena o simplemente hablamos de una cuestión crematística que en cuanto sea capaz de soportar la economía familiar, ¡pelillos a la mar y venga otra de gambas!
Veinte años después, gracias José Antonio por recordarnos por obra y acción que todos no somos iguales…a Dios gracias.
A. Nogueiro





