Ángel Orcajo, un artista singular entre la renovación y transformación, que ama y siente Pozuelo hasta creer en la utopía de El Foro Cívico Cultural de la ciudad (vídeos)

Nacido en Madrid en 1934, Ángel Orcajo vivió, pintó y amó en Pozuelo hasta hace poco tiempo pero sigue sintiéndose pozuelero hasta el punto de presidir una utopía como es el Foro Cívico Cultural de esta ciudad.
Orcajo estudió dibujo y grabado en La Escuela Nacional de Artes Gráficas (Madrid) y pintura en la Escuela Central de Bellas Artes de San Fernando (Madrid).
Participó en el Pabellón de España de la XXX Bienal de Venecia de 1970 y ha expuesto en importantes salas españolas (Juan Gris, Museo Español de Arte Contemporáneo, etc.) de Nueva York (Universidad de Columbia, etc.) pasando por Sao Paulo (Bienal de 1969) y Lisboa y Oporto (Sala da Praça).
Hay obra suya en algunos de los principales museos españoles e internacionales.
En la obra pictórica de Ángel Orcajo late siempre un anhelo irrefrenable de descifrar el enigma de lo existente. Su medio de indagación es el de la representación figurativa. Nunca ha tenido la tentación absoluta de lo abstracto.
Desde sus primeros cuadros, de un realismo cotidiano, con una atmósfera íntima y mágica entre lo metafísico y lo surrealista, hasta sus últimas grandes composiciones, de potente y emblemático expresionismo, Ángel Orcajo ha sabido traducir al lenguaje pictórico su constan te búsqueda de encontrar lo que encierra la pura visualidad.
Artista apasionado y a la vez reflexivo, es un solitario, un franco tirador cuya carrera artística ha discurrido al margen de los circuitos dominantes e influyentes, lo que no le ha impedido exponer sus obras y estar atento a lo que sucedía a su alrededor. Especie de raro, que nunca ha dejado de crear fuera del espíritu de la modernidad, jamás pintó nada que fuese ajeno a su propio dictado y a sus arraigados principios ideológicos.
De temperamento tenaz y constante en sus propósitos, para Ángel Orcajo la diaria tarea de pintar es una dura batalla, una agotadora lucha a brazo partido con las formas y el color, con el fin de conseguir plasmar una imagen, plena de significaciones, de su visión del mundo tal como él lo entiende. A la representación figurativa y a su maestría en el terreno de lo puramente pictórico, siempre hay que añadir el contenido conceptual que sobrepasa lo meramente formal.
Su fe en la belleza es la que hace que, para superar el caos actual de lo pictórico, retorne a la irrebatible y originaria utopía de la creación artística, el último reducto para salvar del desastre a la humanidad.
Redacción





